Andrés Rieznik explora la relación entre ciencia y moral, a través de diferentes descubrimientos en neurociencia y genética que desafían los límites de lo humano.
160 páginas.
Creo que estamos tan ocupados dando vueltas alrededor de las confusiones señaladas a lo largo de este libro sobre qué nos dicen y no nos dicen la neurociencia y la biología y la genética del comportamiento respecto a educación, salud mental y tantos otros asuntos, que hay otras conversaciones importantes y actuales que no estamos teniendo y que no tienen que ver sólo con los dilemas morales que vimos. Esos son apenas algunos de los muchísimos dilemas que nos plantean los descubrimientos modernos sobre la biología de lo humano.
Por ejemplo, otro tema sobre el que no estamos conversando: ¿no estamos creando sociedades que cada vez premian más a quienes tuvieron suerte en la lotería genética? La palabra “meritocracia” fue creada por Michael Young, quien, en su libro El surgimiento de la meritocracia, argumenta que la igualdad de oportunidades terminaría beneficiando a quienes tuvieron suerte en la lotería genética, creando una meritocracia genética. Quizás, más que igualdad de oportunidades necesitamos equidad: una justicia social que equilibre esa “peor suerte”. En cualquier caso, la conversación implica entender, por ejemplo, el papel de los genes en la así llamada “inteligencia general” y cómo esta influye en el éxito académico y profesional de las personas. Sin embargo, la cantidad de investigaciones que han estudiado la relación entre cogniciones heredadas y estatus social es nula. ¿Para qué estudiarla si −como aún piensan muchas personas− la inteligencia no se hereda, es puramente ambiental y en nada se relaciona con nuestro éxito en la vida dentro del sistema capitalista? ¿O no? No. A priori, no. Estudiémoslo.
Escribo estas líneas a comienzos del 2020; hace poco el ejército estadounidense pidió a sus miembros −a todos, desde soldados hasta administrativos y colaboradores− que no se hagan tests genéticos en empresas privadas como 23andMe o la argentina Bitgenta (fundada por el investigador del CONICET Adrián Turjanski). Estas empresas comerciales ofrecen leer decenas de miles de marcadores genéticos con apenas una muestra de saliva. Te dan diferentes reportes, como un reporte clínico sobre la probabilidad de desarrollar diferentes patologías y otro ancestral, que te dice de dónde eran tus ancestros, entre otros que se siguen agregando. El ejército estadounidense los prohibió porque no tiene idea de en qué manos puede caer esa información y cómo podría ser utilizada. Por las dudas, dijeron, no se hagan los tests.

Quisiera poner algunas cartas sobre la mesa y contar un aspecto de mi vida personal que creo relevante para conocer mi perspectiva, ya que intento ser transparente con mis sesgos −mis posibles miradas distorsionadas de la realidad−. Tuve un tío con esquizofrenia, Fede, que se suicidó. Lo hizo en la década del 80. Hoy en [...]

Dos por dos mide el lugar. Aproximadamente 20 baldosas. Una cama con un colchón de 30 centímetros de espesor. Un inodoro sin tapa y una canilla al lado. Hay olor a desinfectante mezclado con otros olores irreconocibles. Hay humedad y hace bastante calor en el verano, y bastante frío en invierno. Pasan los minutos, las [...]

¿Qué aprendimos a partir de explorar nuestros conocimientos en genética del comportamiento humano?

Andrés Rieznik explora la relación entre ciencia y moral, a través de diferentes descubrimientos en neurociencia y genética que desafían los límites de lo humano.
160 páginas.

Andrés Rieznik explora la relación entre ciencia y moral, a través de diferentes descubrimientos en neurociencia y genética que desafían los límites de lo humano.
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