El Gato y La Caja

Epílogo

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Internet ha democratizado la información a tal punto que las personas no van a tolerar regulaciones paternalistas que les prohíban conocer sus propios genomas. El genio del genoma está fuera de la lámpara e, incluso si tratáramos, no podríamos meterlo dentro de nuevo.  

Robert Plomin, Blueprint

En 2015, Juama (Garrido), Facu (Álvarez) y Pablo (González), los tres fundadores de El Gato y La Caja (hoy somos un equipo enorme), a quienes había conocido pocos años antes, me invitaron a escribir el prólogo del segundo anuario del proyecto. Fue una alegría inmensa que me lo pidieran y también un gran honor. El texto comenzaba con este párrafo:

En el cuento “El otro”, Borges narra un encuentro hipotético con sí mismo 20 años más joven. Para convencer al más joven de que él es él, de que el viejo con el que está charlando es él mismo y de que no está soñando, utiliza un artilugio de lo más interesante: cita una frase que le encantará y sabrá no ser capaz de escribir o soñar nunca. Borges, el viejo, sabe que Borges, el joven, sentirá admiración por la frase y pesar frente a la certeza de sus limitaciones como escritor. Algo similar a lo que nos dice Dolina cuando enumera las obligaciones del verdadero artista: “Debe uno atormentarse cuando siente que hay un verso que no será capaz de escribir nunca”. Es exactamente lo que sentí cuando leí por primera vez las notas de El Gato y La Caja. 

Luego mencionaba algunos artículos escritos por ellos y la emoción que fui sintiendo al leerlos. Y seguía:

(…) sobre todo llegó mi alivio por no sentirme tan solo. Tengo casi 40 años y no conocía a otras personas en nuestro país fascinadas por la poesía y belleza de Sagan, las analogías impecables de Dawkins, las explicaciones detalladas de Pinker, la asombrosa filosofía de Dennett y tantos otros comunicadores de la ciencia que no solemos leer en estos pagos. Los gatos son treintañeros. Hubiese yo nacido 10 años después y capaz me ahorraba tantas ganas de charlar sin tener con quién.

Los temas sobre los que en ese momento tenía ganas de conversar sin tener con quién son muchos de los tratados en este libro. De manera que ya en 2015, hace cinco años, sentí que a través de la comunidad generada en torno al colectivo de El Gato y La Caja podía empezar a hacerlo.

A modo de balance, cinco años más tarde, creo que, si bien algunas de estas conversaciones ya se iniciaron (lo cual me pone muy contento), todavía existen muchos malentendidos. Eso me preocupa por mi futuro, el de la gente que quiero y, por qué no, el de la humanidad en general. Y, en los días en que estoy medio para atrás, me entristece.  

Los investigadores Daniel Kahneman y Gary Klein, de la Universidad de Princeton, eran vistos como las dos grandes eminencias en un área de investigación que estudia el papel de la intuición en la toma de decisiones. Eran los dos principales referentes de dos visiones distintas y opuestas sobre el asunto. Un día decidieron reunirse, debatir y publicar juntos un artículo en que dejarían en claro sus desacuerdos. El artículo terminó titulándose “Un fracaso en desacordar”, porque mientras conversaban se dieron cuenta de que, en realidad, no estaban en desacuerdo, sino que simplemente tenían una reacción emocional opuesta frente al concepto de intuición

Mi esperanza es que, a la larga, a medida que continuemos las conversaciones sobre la biología de lo humano y sobre cómo regular sus tecnologías, nos demos cuenta de que, siendo rigurosos con las definiciones y los conceptos, en realidad en la mayoría de los casos no estamos en desacuerdo, sino que nuestras reacciones emocionales frente a algunas ideas son diferentes. 

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El Gato y La Caja