El proyecto descriptivo y el normativo

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Los desafíos morales planteados por la neurociencia y la genética modernas tocan tópicos clásicos y ampliamente debatidos del derecho, como la responsabilidad personal, la transparencia pública, la privacidad individual y la justicia fundamental. 

Creo que, como dije en la introducción, enmarcar esta conversación en su contexto correcto es fundamental para su maduración hacia temas cada vez más complejos. Claro que acá la trampa puede estar en lo que entendemos por “contexto correcto”. ¿A qué nos referimos? Es en gran medida lo que he intentado desarrollar hasta acá, pero sé que son temas difíciles y entonces intentaré, en este capítulo, utilizar las definiciones que venimos desarrollando sobre ciencia y moral para distinguir diferentes proyectos que abordan los desafíos que tenemos por delante. 1Cuando digo “sé que son temas difíciles”, no es (sólo) un acto de empatía con quien lee. Lo siento en carne propia, en primera persona. Esta necesidad y urgencia de que conversemos sobre estos temas, la motivación para escribir este libro, no parte únicamente del deseo de enmarcar estas discusiones en contextos que creo que pueden conducirnos hacia mejores sociedades. Eso es totalmente cierto, pero además hay una causa más personal. Yo mismo siento que necesito pensar y pensarme en relación con estos asuntos, hacer estos ejercicios de imaginación, investigar las evidencias, detectar mis sesgos. Por eso expongo también mis reflexiones; no sólo porque me preocupan las consecuencias sociales que puedan derivar de no conversar o de no destrabar ciertas confusiones, sino además porque yo mismo necesito que estas ideas sean revisadas por otras personas, para entender en qué puntos lo que yo creo que es lo mejor o lo debido necesita ajustarse y nutrirse de otras ideas o razonamientos que quizás aún no conozco, y así llegar colectivamente a ideas mejores.

Al hablar sobre la relación entre neurociencia y sociedad −o, más generalmente, entre ciencia y moral−, creo que es útil distinguir tres ideas o proyectos que, aunque están conectados, son diferentes. Son el proyecto descriptivo, el normativo y el persuasivo. 2Esta forma de organizar la relación entre ciencia y moral fue expuesta por el neurocientífico y filósofo Sam Harris en 2008 durante un encuentro en Estados Unidos denominado The New Science of Morality. Su ponencia puede verse en YouTube buscando “Sam Harris The New Science of Morality”. Buena parte de lo que expreso aquí está basado en esa charla y en el libro The Moral Landscape, del mismo autor.

El proyecto descriptivo intenta comprender el comportamiento humano de la forma más objetiva y desapasionada posible: sus pensamientos, sus decisiones, sus emociones, lo que constituye su bienestar o su sufrimiento (decimos "desapasionada" no porque la pasión esté mal, sino en el sentido de minimizar la distorsión de nuestros sesgos y emociones en el análisis de la realidad). Para muchos científicos e intelectuales esto agota todo lo que la ciencia tiene para decir sobre la moral. La ciencia, sostienen, puede describirnos (decir cómo somos), pero no puede informarnos acerca de cómo debemos comportarnos (cómo debemos ser). La moral es, en este marco, asunto de las religiones u otras tradiciones o narrativas, pero no de la ciencia. Sin embargo, si aceptamos la moral como ciencia, si entendemos que es posible hallar evidencias científicas sobre el bienestar y el sufrimiento de los seres sintientes, podemos pensar estas descripciones como un nuevo proyecto en sí mismo: el normativo. 

El proyecto normativo de la ciencia estudia cómo, a partir de lo que vamos descubriendo gracias al primer proyecto (el descriptivo), podemos minimizar el sufrimiento y optimizar el bienestar de los humanos en particular y de los animales en general. Podemos pensarlo como ciencia aplicada. Se trata de estudiar la naturaleza del sufrimiento de seres sintientes con el objetivo de minimizar el sufrimiento. Incluye disciplinas de lo más diversas, desde la genética del comportamiento hasta la economía política. Es también, como ya dijimos, un proyecto científico. Aceptar que este proyecto normativo se halla en el terreno del pensamiento crítico y escéptico y debe guiar nuestras normas de convivencia −es decir, aceptar la ciencia como moral− es, creo, la excepción más que la regla, incluso dentro del progresismo.

La distinción entre el proyecto descriptivo y el normativo es importante porque muchas veces se los confunde; por ejemplo, en un tema difícil como el del comportamiento sexual en humanos. Si quedó claro el concepto de componente genético, entonces, pensar que tal vez −y este es un gran “tal vez”− el hecho de que algunas personas se consideran homosexuales y otras no puede llegar a tener un componente genético no debería tener nada de peligroso. No estamos diciendo que deba ser así, o que no deba serlo; ni que está bien o mal, ni que no se pueda cambiar, ni que sea una patología, ni nada que se le acerque. Estamos intentando describir la realidad tal como es hoy y, de hecho, lo que algunos datos sugieren es que existe un componente genético en esta característica. Varios estudios encontraron que la probabilidad de que un hermano se defina como homosexual si su gemelo lo hace gira en torno al 30%-50%; mientras que, si su mellizo lo hace, es de sólo un 10%-20% (aún mucho mayor que el porcentaje promedio en las poblaciones estudiadas). Esta diferencia sugiere un componente genético de alrededor del 40%-50% para la homosexualidad (algo menor en mujeres que en varones) 3El componente genético del comportamiento sexual es debatido ampliamente en el libro Innate, de Kevin Mitchell.. Recuerdo una historia muy divertida que encontré leyendo sobre el componente genético en la homosexualidad. Me topé con el caso de dos hermanos gemelos canadienses que fueron separados al nacer, en 1971, y que, años más tarde, se encontraron de casualidad, sin que ninguno de los dos supiera de la existencia del otro, en un bar gay. ¿Cuánto más bizarra se puede poner la vida? 4Esta historia está mencionada en el libro El gen, de Siddhartha Mukherjee.

Más allá de que esto se confirme o no, más allá de que en el futuro estos estudios puedan ser refutados o que se encuentre nueva evidencia que sugiera que el componente genético es en realidad nulo, creo importante señalar que causas como la defensa del matrimonio igualitario y la lucha contra la homofobia no dependen de estos ni de ningún estudio científico conocido o futuro, porque, como dijimos, el principio de igualdad es un axioma independiente de ellos.  

Creo que existe cierta confusión a la hora de entender estos dos proyectos y cómo se relacionan, y eso hace que no estemos abiertos a los estudios que muestran la influencia de los genes en nuestras habilidades y nuestra personalidad, en nuestra vida mental y material. En Argentina, en muchos ambientes estos temas son todavía un tabú. Si alguien cree que algún conocimiento científico en sí pone en peligro nuestros derechos elementales, debe, creo, revisar profundamente su concepción sobre cómo argumentar a favor de estos derechos. El principio de igualdad −el precepto de que, a pesar de que somos diferentes, nuestros intereses deben ser considerados por igual− no debería verse de ninguna manera amenazado por ningún descubrimiento científico. 

Por último, el tercer proyecto que relaciona ciencia y moral, el proyecto persuasivo, estudia cómo podemos persuadir a las personas de que tenemos que organizar nuestras sociedades de acuerdo a los conocimientos descubiertos por el proyecto normativo. Veámoslo más de cerca, ya que, a diferencia de los otros dos, aún no hemos explorado tanto estas ideas.

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