ELEMENTO 48

Cadmio

48

~10min

Esta es la historia de uno de los íconos del heavy metal (no, no estoy hablando de Black Sabbath), disfrazado, entre otras cosas, de los más hermosos amaneceres. Un elemento al que para poder sacarle la máscara se necesitó la dosis justa de experimentos, un Estado presente, propiedades periódicas y, cuándo no, suerte.

Allá por el año 1817, el Estado alemán comenzó a sospechar que las farmacéuticas estaban reemplazando en sus preparaciones un compuesto clave (óxido de zinc) para el tratamiento de enfermedades de la piel, y decidió convocar al físico Friedrich Stromeyer para confirmar o descartar el rumor. Friedrich tomó numerosas muestras de minerales de carbonato de zinc y las calentó, que era la manera en la que se obtenía el óxido (clave para los tratamientos). Notó que muchas veces aparecían unos sólidos blancos y otras, amarillos. No importaba cuántas veces lo repitiera realizando exactamente los mismos pasos, parecía que si le tocaba blanco o amarillo dependía del azar.

Entonces pensó lo siguiente: si siempre hago exactamente lo mismo, ¿cómo puede ser que obtenga resultados diferentes? ¿Podrá ser que el mineral contenga impurezas de algún otro elemento? ¿Será este un nuevo elemento, desconocido hasta ese momento?

Decidió llamarlo “cadmio”, que deriva del latín cadmia y corresponde a un antiguo nombre de un mineral de carbonato de zinc. Al contar su hallazgo a los farmacéuticos, logró confirmar las sospechas: en realidad estaban vendiendo el mineral crudo, pues si lo calentaban y obtenían el sólido amarillo, los clientes lo rechazaban; ¡sólo porque no les gustaba el color!

El cadmio se descubrió por casualidad y, pese a encontrarse en muy baja proporción en la corteza terrestre, se puede hallar coloreando increíbles obras de arte. Basta con ver Impresión del amanecer, de Claude Monet, para quedarse impresionados con el poder del cadmio. Los distintos compuestos que lo contienen presentan una enorme gama de colores vivos e intensos que van desde el amarillo al rojo brillante y, por este motivo, se lo ha utilizado ampliamente en pinturas. Se encuentra en el mismo grupo que el zinc y el mercurio en la tabla periódica y, en consecuencia, comparte propiedades con ambos elementos; es difícil hallarlo separado del primero, y resulta tan tóxico como el segundo. Ingresa al organismo por la comida que ingerimos, el agua que bebemos y el aire que respiramos, aunque al fumar un paquete de cigarrillos incorporamos alrededor del doble que lo que entra por las otras vías.

Dada su alta toxicidad, hoy se intenta limitar su uso. De modo que, así como de la mano de los compuestos del cadmio comenzamos a pintar el mundo, ahora está en nuestras manos mejorarlo.

 

Un montón de historias sobre los elementos que forman nuestro Universo.

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