/ Las armas tontas
Capítulo 2

Hormonas y fotografías

Imagen de portada

Fotos viejas

André Adolphe Eugène Disdéri fue un fotógrafo francés que, en 1854, patentó una cámara de fotos que le permitía hacer cuatro retratos a la vez. Usaba cuatro lentes pero, gracias a un tabique, requería una sola placa fotográfica, que era el componente más caro. Una vez impresas, las imágenes se cortaban y pegaban a soportes de cartón de 6x10 cm, que la gente utilizaba como tarjetas de visita, mandaba por correo o regalaba. Ahora nos parece raro, pero en la década de 1860 era muy común regalar e intercambiar fotos de uno mismo como forma de mantener el contacto. Podemos pensarlo como una forma primitiva de Facebook, con la diferencia de que había que decir “me gusta” en voz alta o por carta si queríamos que el otro se enterase. La comparación no suena tan descabellada cuando uno piensa que, de hecho, fue el método de Disdéri el que permitió que la fotografía se empezara a usar masivamente.

En 1867, en el estudio de Ernest Edward, antiguo ayudante de Disdéri, el naturalista Charles Darwin se sacó las famosas fotos en las que está con su barba larga y blanca y que usaba, claro, como tarjeta de visita. En esa época Darwin ya era muy conocido. Había publicado El origen de las especies en 1859 y probablemente necesitaba repartir muchas fotos. Pero también es obvio que las disfrutaba: existen al menos 32 fotos distintas de él, lo cual es bastante para una persona que nació a principios del siglo XIX.

Mi hipótesis es que Darwin tenía un gusto particular por la fotografía porque le interesaba mucho la luz, y le interesaba la luz porque le interesaba la vida. En su anteúltimo libro, que se llama El poder del movimiento en las plantas, publicado en 1880, describe cómo las plantas son capaces de moverse en respuesta a distintos estímulos, incluyendo la luz y la gravedad. 

Los experimentos para ese libro los hizo junto con su hijo Francis y lo que más les llamó la atención fue descubrir que, al someter a una planta a un estímulo —particularmente lumínico—, la parte de la planta que respondía era distinta a la que era estimulada. 

Parece poca cosa, pero no. Es muy importante. Esto explica, por ejemplo, cómo hacen las plantas para retorcerse buscando el sol cuando crecen tapadas por algo: la punta del coleóptilo, la estructura que recubre el brote de una plántula en crecimiento, es la que recibe la luz, pero la respuesta se da un poco más abajo, en la parte del tallo que se curva. Charles y Francis demostraron que si se cubre la punta de modo de no dejar pasar la luz, la planta deja de curvarse, aunque el resto del brote esté expuesto. Entonces, pensaron, debe haber algún tipo de influencia de una parte de la planta hacia otra. Alguna sustancia con la que la planta se comunica consigo misma. Y tenían razón. Dos años antes de morir, Charles Darwin había descubierto las hormonas de las plantas. 

El término “hormonas” se comenzó a usar recién en la década de 1910. Y no fue sino hasta 1935 que se descubrió que el protagonista de esa influencia es el ácido indolacético. Además, se descubrió algo bastante increíble: el ácido puede promover o detener el crecimiento de una planta, dependiendo de la dosis en la que se usa. En dosis bajas, promueve el crecimiento, pero en dosis altas, lo impide. 

A partir de ese momento, comenzó una fiebre por entender y sintetizar sustancias similares al ácido indolacético. A estas sustancias, los científicos las llamaron “auxinas”. Y las auxinas tuvieron un impacto impresionante en el mundo porque son relativamente sencillas de sintetizar a gran escala, de modo que pueden utilizarse como fertilizantes y desarrollar la agricultura, o pueden aplicarse en dosis altas y ser usadas como herbicidas. 

Esto último le llamó la atención, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, al Servicio de Guerra Química del ejército de Estados Unidos.

La larga gesta de Ho Chi Minh

Un barco menos conocido que el HMS Beagle (en el que Charles Darwin hizo su viaje), pero más importante para esta historia, es el Amiral Latouche-Tréville, un buque de carga que solía conectar varias colonias francesas del sudeste asiático a principios del siglo XX. 

En 1911 en Saigón, en ese momento Indochina francesa, un joven de 21 años llamado Nguyễn Sinh Cungse se embarcó en el Latouche-Trévielle en calidad de asistente de cocina. Probablemente, lo hizo no por amor a la vida de marinero, sino porque en ese momento era la única manera de viajar: los habitantes de las colonias francesas no tenían permitido salir del país. Pero Nguyễn recorrió varios destinos, incluyendo un paso por Londres, donde trabajó como lavacopas y comenzó a agruparse con trabajadores de distintas colonias para mejorar sus condiciones laborales, que eran muy injustas. En 1918 se instaló en París, donde se afilió al Partido Comunista francés. En 1930, ya usando su seudónimo Ho Chi Minh, que significa “el que ilumina”, fundó el Partido Comunista Vietnamita. Y en 1941, ya establecido en Vietnam, fundó la Liga para la Independencia de Vietnam, o Vietminh. 

Todo comenzó en 1940, unos meses después de la ocupación nazi en Francia. Como el control de las colonias francesas quedó bastante debilitado durante el gobierno de Philippe Pétain, que colaboraba con los alemanes, los vietnamitas pensaron que era el momento ideal para declarar la independencia. Salvo por un detalle: el Imperio japonés tenía sus propios planes de expansión en la región y, de hecho, en marzo de 1945 terminó ocupando Vietnam justo cuando Francia lograba recuperar su país. Sin embargo, esta ocupación duró muy poco. Ese mismo año, tras las bombas nucleares que arrasaron con Hiroshima y Nagasaki, Japón se rindió. Con el fin oficial de la Segunda Guerra Mundial, el camino quedó finalmente despejado y, ahora sí, llegó el momento perfecto para la revolución en Vietnam.

El 14 de agosto, Ho Chi Minh lideró una revolución y en pocos días tomó el control de las principales ciudades de Vietnam. Al año siguiente, Francia intentó retomar el control de su colonia y se inició una guerra que duró ocho años. En 1954, tras la rendición del ejército francés, se firmó el tratado de Ginebra, que partió Vietnam en dos. Por un lado, Vietnam del Sur, o República de Vietnam, cuya capital era Saigón y estaba presidida por Ngô Đình Diệm, un dictador profundamiente anticomunista, que contaba con el apoyo de Estados Unidos. Por otro lado, Vietnam del Norte o República Democrática de Vietnam, cuya capital era Hanoi y su presidente, el propio Ho Chi Minh. 

La tregua acordada en Ginebra duró muy poco. El gobierno del sur nunca pudo consolidarse: era muy corrupto y había establecido el catolicismo como religión oficial en una población mayoritariamente budista. En cambio, en Vietnam del Norte —con el apoyo de la Unión Soviética y la República Popular de China—, Ho Chi Minh ejerció su poder con una mentalidad desarrollista y encaró, por ejemplo, la campaña de alfabetización más importante de la historia vietnamita. 

En la primavera de 1959 comenzaron los enfrentamientos armados entre el ejército del sur y unidades del Frente Nacional de Liberación de Vietnam, que funcionaba en el sur pero contaba con el apoyo del norte y era conocido como Viet Cong.El objetivo era la caída del régimen del sur. Ese mismo año, el Partido Comunista en Hanoi (por si se perdieron, la capital de Vietnam del Norte, presidida por Ho Chi Minh) aprobó una resolución para usar la fuerzas armadas y derrocar al régimen del presidente de Vietnam del Sur (presidido por Ngô Đình Diệm). 

Había empezado la guerra de Vietnam. 

Si bien el ejército de Ngô Đình Diệm era más grande y estaba mejor entrenado, el Frente Nacional de Liberación del norte era una organización con varias capas: coordinaban fuerzas regionales, que a su vez organizaban unidades guerrilleras que reclutaban y formaban combatientes en las aldeas. Con esa organización muy dispersa en todo el territorio —que encima era montañoso y de vegetación muy frondosa—, el Frente Nacional de Liberación iba reforzando con facilidad a sus tropas en donde lo necesitaba. Además, usaban la estrategia de guerra de guerrillas, que implica pequeños combates repentinos y localizados en lugar de las grandes batallas que esperaban los combatientes del sur. 

En enero de 1961 asumió la presidencia de Estados Unidos John F. Kennedy y en abril ocurrió un evento muy importante en Cuba, donde dos años antes había triunfado la revolución socialista, conocido como la “invasión de Bahía de los Cochinos”: básicamente, en muy pocas horas, un ejército de 1400 soldados estadounidenses intentó invadir la isla cubana y fracasó.

En ese contexto, el recién asumido Kennedy se enfrentaba con el problema de Vietnam, donde, a pesar del envío de armas y el entrenamiento proporcionado por Estados Unidos, el sur estaba perdiendo. Kennedy y Robert McNamara, su ministro de Defensa, creían que Vietnam presentaba una oportunidad para poner a prueba la capacidad de Estados Unidos para llevar a cabo una contrainsurgencia contra la expansión comunista. Años después, McNamara dijo que se trató de un gran error. 

Primero, Estados Unidos no entró oficialmente en la guerra, sino que fue aumentando de a poco su apoyo a Vietnam del Sur. Pero el norte seguía avanzando y el primero de noviembre de 1963, las fuerzas del Frente Nacional de Liberación tomaron el control de Saigón, y depusieron y ejecutaron al presidente Ngô Đình Diệm. Para colmo, tres semanas después, en Dallas, Kennedy fue asesinado.

El mismo día del atentado, en el avión que trasladaba los restos de Kennedy, Lyndon Johnson asumió la presidencia de Estados Unidos. En Hanoi creían que la victoria estaba cerca, pero en agosto de 1964 el destructor US Maddox fue atacado por lanchas norvietnamitas y Johnson —que ya había aumentado la presencia de tropas estadounidenses en el país asiático a casi el doble— usó esto como argumento para dar el paso que faltaba. Aunque las lanchas habían sido repelidas y el Maddox estaba intacto, el 7 de agosto el Congreso estadounidense aprobó por amplia mayoría el ingreso formal de Estados Unidos a la guerra. 

Lo que vino después ocurrió entre plantas de café. 

Breve y necesaria historia del café

La historia del café es espectacular. Hay quienes dicen que hace más de mil años en Kaffa, donde hoy es Etiopía, un pastor llamado Kaldi observó que sus cabras, tras comer los frutos rojos de una planta, podían estar activas por más tiempo, por lo que decidió probarlas él mismo. Kaldi sintió repentinamente algo muy extraño: mucha energía y lucidez. Entonces, decidió llevar esos frutos rojos a un monasterio. Pero los monjes, pensando que el pastor los quería envenenar, arrojaron los frutos rojos al fuego. Al ratito se convirtieron en las primeras personas de la historia de la humanidad en sentir uno de los olores más cautivantes que existen, el aroma a café tostándose. 

La tentación de probarlos fue demasiado alta, así que decidieron moler un poquito de los granos tostados y mezclarlos con agua caliente. Automáticamente, se convirtieron también en los primeros seres humanos en tomar café.

A partir del siglo XV, el café se fue expandiendo por Medio Oriente y alrededor del año 1600, gracias a los comerciantes, llegó a Venecia. En esa época también se empezó a contar la leyenda del pastor etíope. Luego, el café tuvo otro momento de gran fama, esta vez en 1773, en Boston, que en ese momento era colonia inglesa. A partir de una resolución del parlamento británico conocida como “Tea Act”, Inglaterra decidió que podía vender té en sus colonias sin pagar impuestos locales. En respuesta, el 6 de diciembre, un grupo de colonos indignados, organizados y subversivos, a modo de boicot, tiró al mar un cargamento importante de té que provenía de Inglaterra. Ese acto se conoce como el “Boston Tea Party” y fue un punto de inflexión en el camino a la independencia estadounidense. Entre sus muchas consecuencias, hay que contar que tomar café en lugar de té se convirtió en un símbolo patriótico, cosa que popularizó la bebida en América del Norte.

Algunos siglos después, en 1933 en Italia, gracias al invento de Alfonso Bialetti, se popularizó el café expreso y en pocos años prácticamente todos los hogares italianos tenían una cafetera de este tipo. Y hoy en día, casi todos los hogares del mundo tienen un modo u otro de preparar café. Al menos en Occidente.

Pero esta popularidad de su consumo contrasta con lo difícil que es producirlo. El café solo se puede cultivar en condiciones muy particulares porque la planta, para poder crecer, necesita mucha cantidad de lluvias y también, justo antes de la cosecha, un período seco que la ayuda a florecer. Además, un suelo muy rico y cierta altura, lo que hace que solo se pueda plantar en la zona conocida como “cinturón cafetero”, que se encuentra entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio.

Francia, como el resto del mundo, abrazó el consumo masivo de café,pero lo hizo con una ventaja. Una de sus colonias —la Indochina francesa— estaba justamente ubicada en pleno cinturón cafetero, por lo que a partir de mediados del siglo XIX, Francia empezó a abastecerse fácilmente de su propio café. En particular, de la variedad arábiga. El chorro de café a los franceses no se les cortó pero se les redujo cuando, en 1954, perdieron la colonia. A partir de entonces, Vietnam del Norte se dispuso a reorganizar en sistemas cooperativos su producción de café, lo que resultó fundamental para el desarrollo de su economía. De hecho, la producción siguió creciendo y para el momento en el que escribo esto, en pleno año 2026, es el segundo productor de café del mundo.

Luego de que el Congreso estadounidense aprobara el ingreso a la guerra de Vietnam, el ejército norteamericano quiso atacar dos cuestiones juntas. Dicho de otro modo, atacar el poder militar del enemigo tanto como el económico. La estrategia de guerra de guerrillas del Frente Nacional de Liberación estaba siendo muy efectiva. Los guerrilleros se escondían y atacaban muy bien gracias a la frondosidad del terreno selvático montañoso, y el café era el cultivo más importante para la economía vietnamita. 

Dicho de otro modo, para Estados Unidos era el momento perfecto para probar ese compuesto que había empezado a investigar su Servicio de Guerra Química hacia el final de la Segunda Guerra Mundial.

Solo tú puedes prevenir un bosque

En realidad se trataba de tres compuestos. Dos de ellos —el ácido 2,4-diclorofenoxiacético (2,4-D) y el ácido 2,4,5-triclorofenoxiacético (2,4,5-T)— son auxinas sintéticas, esas que, si son aplicadas en grandes cantidades, funcionan como herbicidas. El tercer compuesto —el 2,3,7,8-tetraclorodibenzo-p-dioxina (TCDD)— no es un herbicida, pero es un producto de la síntesis de los otros dos que queda como contaminante en la preparación. El problema es que el TCDD es extremadamente tóxico para los humanos.

El ejército de Estados Unidos contrató varias empresas, entre ellas Monsanto y Dow Chemical, para producir a gran escala estos y otros herbicidas sintéticos. Se los entregaban en barriles de 55 galones (unos 208 litros) y, para identificarlos, les pintaban a los barriles una franja de distintos colores. A los que contenían 2,4-D 2,4,5-T y TCDD les tocó el color naranja.

La operación Ranch Hand consistió en usar aviones Fairchild C-123 —modificados especialmente para ese propósito— para rociar herbicidas a lo largo de 10 años. En total, el ejército estadounidense roció más de 9 millones de litros de Agente Naranja sobre Vietnam (y sobre países limítrofes como Camboya y Laos), una intervención única por su magnitud en la historia de la humanidad. Estos ataques, a corto plazo, causaron la defoliación masiva de selvas y cultivos, lo que provocó hambrunas, y redujo las posibilidades de escondite de los guerrilleros. Pero más tarde, debido a la contaminación de TCDD, también generaron miles de casos de cáncer, malformaciones congénitas, trastornos neurológicos y enfermedades crónicas que afectaron a varias generaciones posteriores, tanto en la población vietnamita como entre los veteranos estadounidenses. De hecho, en la actualidad sigue habiendo consecuencias por el uso a gran escala del Agente Naranja. Las empresas productoras de los herbicidas negaron durante décadas conocer sus efectos, aunque luego tuvieron que pagar indemnizaciones millonarias.

Quizá el dato de color más perverso de la operación Ranch Hand sea que los aviones usaban el lema “Only you can prevent a forest”, es decir “solo tu puedes prevenir un bosque”, parafraseando la campaña para prevenir incendios “Only you can prevent wildfires”, es decir, “solo tu puedes prevenir un incendio forestal”, que se había hecho famosa unos años antes y tenía un simpático osito de mascota. 

Sin embargo, a pesar de la superioridad técnica del ejército estadounidense (y de haber rociado millones de litros de herbicida), la guerra nunca se inclinó para su lado. Entre otras estrategias, el ejército vietnamita había diseñado una red de túneles impresionante de más de 250 kilómetros por donde sus unidades se movían rápido y sin ser detectadas. Incluso pasaban largos días bajo tierra, esperando los momentos oportunos para salir y atacar. Los soldados estadounidenses nunca se habían preparado para este tipo de guerra, no sabían de dónde podían aparecer sus enemigos, y en la desesperación, Estados Unidos fue incrementando sus intervenciones y crueldad.

Phan Thi Kim Phúc

El Agente Naranja no fue el único químico utilizado, también se usó una mezcla desarrollada originalmente en la década de 1930 por Louis Fieser, de la Universidad de Harvard. Esta mezcla estaba compuesta de ácido nafténico y ácido palmítico, que forman un gel extremadamente inflamable que arde muy lentamente y llega a los 1000 °C en las superficies a las que se adhiere. El napalm —“na” por naftaleno y “palm” por palmítico— fue usado al final de la Segunda Guerra Mundial y mejorado para la guerra de Vietnam. Esta nueva versión, llamada “Napalm B”, ardía más tiempo y generaba aún más calor, y muchas veces fue rociado sobre población civil.

A pesar de que literalmente llovía fuego desde el cielo, los vietnamitas nunca estuvieron cerca de rendirse y la guerra fue un problema cada vez más importante para la población estadounidense. De hecho, en Woodstock, el festival de música más importante hasta ese momento, que se celebró en un descampado en 1969, las consignas antiguerra fueron parte fundamental del evento, así como de múltiples movilizaciones en las calles. 

El 8 de junio de 1972, un avión de la Fuerza Aérea de Vietnam del Sur bombardeó con napalm Trảng Bàng, una ciudad en la provincia de Tây Ninh, en la región sureste de Vietnam. En el momento en que vieron el avión de la Fuerza Aérea de Vietnam del Sur, muchas personas corrieron desesperadas intentando ponerse a resguardo. Los reporteros que estaban en la zona dispararon sus cámaras para obtener la foto. Todos menos Nick Ut, un fotógrafo de Associated Press que decidió esperar un instante. Segundos después vio correr a un grupo de chicos, entre ellos a Phan Thị Kim Phúc, de nueve años, desnuda porque el napalm le había quemado la ropa. Phan Thị Kim corría y gritaba “demasiado caliente, demasiado caliente”. Nick, en ese momento, cuando sus colegas estaban rebobinando sus rollos, sacó probablemente la foto más tremenda de la guerra. Luego de un debate intenso, debido a la denudez de la niña y a que el entonces presidente Richard Nixon dio a entender en primer lugar que se trataba de un montaje, la foto fue publicada, aumentando aun más el rechazo a la guerra.

Nick Ut socorrió a la niña llevándola al hospital. Allí no sabían cómo tratarla, solo la vendaron y, creyendo que no tendría oportunidad de sobrevivir, la dejaron cerca de la morgue del hospital, cosa que increíblemente le salvó la vida porque si hubiesen intentado cambiarle las vendas, el napalm, en contacto con el oxígeno, habría vuelto a arder y la habría quemado aun más. En su lugar, el napalm se fue evaporando poco a poco y Phan Thị Kim se terminó salvando aunque pasó varios meses internada y fue sometida a decenas de operaciones. La foto de la “la niña del napalm” fue fundamental para catalizar el final de la guerra. La imagen se difundió por el mundo y, en especial, llegó a todos los hogares estadounidenses, cambiando la narrativa sobre el rol de Estados Unidos, que, hasta entonces, seguía intentando ocultar la enorme cantidad de sufrimiento civil que estaba provocando. Las presiones políticas y mediáticas no hicieron más que aumentar y, el 27 de enero de 1973, Estados Unidos firmó el acuerdo de Paz de París, donde se acordó el retiro de las tropas estadounidenses de Vietnam. Las dos facciones que quedaban en pugna en el territorio acordaron un alto al fuego, pero la guerra terminó recién dos años después, en abril de 1975, cuando el presidente survietnamita Duong Van Minh se rindió oficialmente y el país se unificó, pasándose a llamar República Socialista de Vietnam, con capital en Hanoi.

Ho Chi Minh no llegó a ver la victoria porque murió de un ataque cardíaco el 2 de septiembre de 1969. Pero Saigón fue renombrada Ciudad Ho Chi Minh en su honor.

Nick Ut ganó el premio Pulitzer y hoy en día sigue en contacto con Phan Thị Kim, quien es una activista por la paz. 

Yo creo que a Darwin le habría gustado esta historia.

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