/ Cosas que mi gato tendría que saber
Capítulo 18

Cosas que mi gato tendría que saber

Imagen de portada

Morty:

Espero que todas tus preguntas hayan quedado respondidas en el libro que precede a esta carta. Las que no, sabrás disculparme… Llegué tan lejos como pude.

Sólo me resta decirte una cosa, pero va a llevar unas cuantas líneas. Resulta que, a lo largo de todo el proceso de escritura, pude recolectar mucha información. La mayoría forma el sustento argumental del libro. Pero guardé el resto para vos, para esta carta. Son cosas curiosas, que parecen no ir a ningún lado, pero tienen un punto. Escuchá. Hay datos acá que te van a volar los bigotes.

  • El tiempo de reacción promedio de un humano ante un estímulo visual es de 150 a 300 milisegundos. El de una serpiente al atacar es de 44 a 70 milisegundos. Pero el tiempo de reacción de un gato es de apenas 20 a 70 milisegundos. Los videos de YouTube de gatos sopapeando serpientes agresivas casi sin inmutarse son espectaculares.
  • En Aoshima, una isla de Japón, la cantidad de gatos supera a la de humanos en proporción de 6 a 1. Al parecer, la isla primero funcionaba como un pueblo pesquero de sardinas, pero tuvieron que traer gatos para combatir a los ratones y, luego, cuando la industria cayó y el pueblo empezó a vaciarse de gente, los gatos se quedaron administrando el lugar a su manera. Te conozco socializando, prometo nunca llevarte de vacaciones a Japón.
  • Los rusos mandaron una perra al espacio, los estadounidenses y los argentinos mandamos monos, pero los franceses mandaron un gato. En 1963, una gata callejera de París llamada Félicette fue lanzada al espacio a bordo del cohete Véronique AGI 47. Alcanzó una altitud de 156 kilómetros (experimentando ingravidez total), sobrevivió al viaje de regreso en paracaídas y es, hasta el día de hoy, el único felino que cruzó la frontera espacial. Apuesto a que estás parando las orejas. No serías el primer gato del conurbano que se enamora de una francesa.
  • El 95,6 % del ADN de los gatos se corresponde con el de los tigres siberianos. Al parecer, un montón de comportamientos salvajes siguen vivos en tu interior porque en cierto modo tu cerebro nunca salió de la jungla. No, no es un insulto. Es para cuando andás haciéndote el interesante por ahí.
  • Este dato me sorprendió a mí: los gatos, los camellos, los elefantes, los aguará guazú y las jirafas son de los pocos animales que caminan moviendo primero ambas patas de un lado y luego ambas patas del otro. La mayoría lo hacen condicionados por una estructura anatómica, pero ustedes lo hacen por sigilo.
  • Durante la Guerra Fría, en la década de 1960, la CIA financió un proyecto ultrasecreto llamado Acoustic Kitty. Invirtieron millones de dólares y varios años en implantar micrófonos, antenas y baterías en el cuerpo de los gatos, con la intención de soltarlos cerca de embajadas soviéticas para que merodearan y grabaran conversaciones. Fue un fracaso absoluto. Los gatos se aburrían, se distraían persiguiendo pájaros o se iban a buscar comida cuando les daba hambre. La CIA tuvo que cancelar el proyecto. Lo que pasa es que, a diferencia de los perros, los gatos no tienen el deseo innato de complacer las órdenes humanas por muy socializados que estén, lo que los hace inútiles para la geopolítica y perfectos desde un punto de vista existencial.
  • En el siglo XIX, la ciudad de Lieja, en Bélgica, tuvo la brillante idea de utilizar gatos para entregar el correo postal, bajo la lógica de que siempre saben cómo volver a casa. Contrataron (y entrenaron) a 37 gatos de la región, atándoles pequeños mensajes impermeables al collar para que conectaran aldeas cercanas. El experimento fue un desastre. A diferencia de las palomas mensajeras, los gatos decidieron no tomar el camino más rápido. Algunos se detuvieron a dormir, otros a cazar, y el que menos tardó demoró cinco horas en recorrer una distancia cortísima. El servicio postal felino fue cancelado inmediatamente por insubordinación.
  • En 1997, los habitantes del pueblo de Talkeetna, en Alaska, estaban tan descontentos con los candidatos políticos humanos que, a modo de protesta, impulsaron una campaña para votar a un gato naranja llamado Stubbs. El gato ganó por abrumadora mayoría y ofició como alcalde honorario durante veinte años, hasta su muerte en 2017. Su “oficina” estaba en el almacén general del pueblo, recibía a decenas de turistas al día y sobrevivió a un intento de asesinato por parte de un perro callejero.
  • En el Museo del Hermitage, en San Petersburgo (Rusia), existen docenas de gatos patrullando las instalaciones; son empleados estatales. La tradición comenzó en 1745, cuando la emperatriz Isabel firmó un decreto ordenando traer a los gatos más grandes y cazadores de Kazán para proteger las obras de arte del Palacio de Invierno contra los roedores. Sobrevivieron a los zares, a la Revolución rusa y a la Segunda Guerra Mundial. Hoy tienen su propio secretario de prensa, atención veterinaria permanente y pasaportes con foto.
  • En el año 2007, la estación de tren de Kishi, en Japón, estaba a punto de ser cerrada por problemas financieros. La empresa ferroviaria había despedido a todo el personal para recortar gastos. Sólo quedaba merodeando por allí una gata calicó llamada Tama. Como medida publicitaria desesperada, la nombraron “jefa de estación”, le hicieron un sombrero a medida y le pagaron su salario en comida para gatos. El resultado fue un fenómeno de masas: la estación se llenó de turistas de todo el mundo que querían ver a la gata en su oficina de cobro. Tama le inyectó cerca de 10 millones de dólares a la economía local, salvó la línea ferroviaria y, cuando murió en 2015, fue elevada a la categoría de diosa en un santuario sintoísta.
  • Esta lista podría ser infinita, pero creo que ya se entendió la idea. Lo que quiero decirte —lo que siempre quise decirte— es que la suerte estuvo de nuestro lado. Podrías haber sido héroe, gobernador, sobreviviente, jefe de estación, ladrón sigiloso de guante blanco, empleado estatal, un poco tigre, con suerte astronauta (policía nunca), colono en islas remotas o domador de cobras. Podrías haber vivido cualquiera de todas esas vidas. Pero te tocó vivirla acá, en el sillón, conmigo. Y no tengo palabras para explicar lo feliz que me hace.

Ahora que terminé el libro, que ya es otoño de nuevo, nos conocemos desde hace doce años. Nada ha cambiado realmente. Todavía no venís cuando te llamo. Si te demorás, te quedás afuera hasta que te escucho. Maullás al lado del plato cuando tenés hambre. Y qué decir de nuestras siestas, una mejor que la otra. Te quiero, amigo. Me alegra que te estés llevando bien con Lisa. Es parte de la familia.

Miau, lo que sea que signifique eso.

J.C.—

En preventa
Cosas que mi gato tendría que saber$31.900$35.900

Un viaje ilustrado acerca de la posibilidad de, algún día, hablar con los animales. Desde océanos pensantes hasta polémicos experimentos con chimpancés, disputas entre murciélagos y ballenas rebeldes. Lingüística, inteligencia artificial, literatura y mundo animal en un ensayo lúdico.

Biografía del autor:
Juan Cruz Balian nació el 3 de junio de 1984. Es Licenciado en Artes de la Escritura (UNA) y publicó el libro de cuentos Simple e imperfecto, y las novelas Ministerio de Invierno y La pausa.

Instagram del autor
X del autor

En preventa
Stickers Fauna$8.500$9.500

Una plancha de stickers A5 (14,8 x 21 cm) de animalitos para hermosear cualquier superficie. Hechos en impresión UV sobre vinilo transparente con laca sectorizada.

En preventa
Ebook Cosas que mi gato tendría que saber$12.900$13.900

Un viaje lúdico por la lingüística, la inteligencia artificial, la literatura y el mundo animal. Desde océanos pensantes hasta polémicos experimentos con chimpancés, disputas entre murciélagos y ballenas rebeldes. ¿Podremos algún día hablar con los animales?

Formato .epub y .mobi

Biografía del autor:
Juan Cruz Balian nació el 3 de junio de 1984. Es Licenciado en Artes de la Escritura (UNA) y publicó el libro de cuentos Simple e imperfecto, y las novelas Ministerio de Invierno y La pausa.

Instagram del autor
X del autor

Tienda Banner

Conocé nuestros libros

Ir a tienda

¿Qué te pareció?