El Gato y La Caja
Poco aprieta

Poco aprieta

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Rafael Agustín Aguero Sancho

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Cardolina

¿Es posta lo del multitasking? ¿Puedo hacer todo al mismo tiempo?

Poco aprieta

Córdoba, 2008. Un estudiante de Psicología corre por los pasillos de la facultad con algunas lágrimas en los ojos, empujando a todo el mundo y cosechando bolsas de puteadas. El mediodía ya es historia y acaba de llegar al campus, pero tiene que salir, tiene que irse. Lo que pasó es que las leyes de la termodinámica también se aplicaron a él y, luego de una mañana de pasar apuntes mientras miraba el mail, respondía preguntas a familiares, armaba el calendario mensual y citaba un paper para un práctico, decidió tomarse un mate para relajar, lo que terminó en una pava inmóvil hirviendo durante 50 minutos (evento que desemboca en este gran agradecimiento hacia los vecinos que llamaron, curiosos, para preguntar sobre ‘un olor a humito’).

Ay, multitasking. Cuántas pavas te habrás cargado.

‘Harder, better, faster, stronger’ reza Daft Punk, y este tiempo que habitamos tirado más para el lado de los supersónicos que para el de los picapiedras nos recuerda que capaz se olvidaron de una idea clave, porque si hay algo que queremos hoy es ‘harder, faster, stronger’, pero también TODOALMISMOTIEMPOer; porque hoy tener que realizar más de dos actividades a la par es parte del todo en el que vivimos.

La realidad es que múltiples eventos co-ocurren durante nuestra cotidianidad, y todos siempre precisan de atención inmediata, porque OBVIO que todo es para ahora mismo, incluidos los 76 mensajes de grupos de WhatsApp, las notificaciones de Twitter y esos 8 videos de gatitos que es imposible pausar. Ni hablar de la mano que nos están tirando las empresas que parecen pasársela creando nuevos dispositivos para llevar a cabo la función de la selección natural misma. Si ya había videos de un soquete que se reventaba contra una columna jugando a la viborita y caminando al mismo tiempo, imaginate ahora con el casco de realidad virtual.

Comúnmente se llama multitasking a llevar a cabo varias tareas a la vez, pero esa definición es medio vaga, principalmente porque hay diferentes formas de superponer actividades. Digamos que no es lo mismo llamar ‘multitasking’ a comer chicle y caminar simultáneamente que a hacer un pogo y una circuncisión al mismo tiempo. Entonces, arranquemos por ponerlo en términos cognitivos (más específicamente, atencionales) y llamemos multitaskinga hacer varias tareas mentales que tienen una buena carga de superposición respecto de los recursos cognitivos que consumen (como podrían ser escuchar música y conversar con alguien).

Esto que parece trivial puede ser clave, más que nada porque la palabra ya fue metabolizada por nuestra hermosa sociedad de consumo, productiva y manija, que asume que alguien ‘bueno en multitasking’ es capaz de producir mejor cuando hace mucho al mismo tiempo, e incluso es capaz de abarajar múltiples problemas a la vez. Spoiler alert: no, eso no pasa.

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Dada esta situación, hoy es un gran día para hacer una sola cosa a la vez: refutar completamente esta teoría mediante los últimos avances en neurociencias, sin dejar de decir que ‘los últimos avances de neurociencias’ es otra construcción apenitas más abusada que la idea de multitasking.

Cuando no estoy prendiendo fuego pavas me gusta charlar con amigos. En este caso, la necesidad de desmitificar el ideal multi-tarea nace de una conversación con uno de ellos que se encuentra en este mismo momento sometiéndose a entrevistas para ir a trabajar afuera. Cuando llegó a mi casa para que repasáramos algunas de las preguntas que podrían llegar a hacerle, me encontré sorprendido –y no porque la entrevista fuera para trabajar como rabino en recitales– con la cantidad de veces que se preguntaba ‘¿Es usted capaz de trabajar en muchas cosas al mismo tiempo?’, o ‘¿Ha tenido alguna vez que solucionar más de un problema a la vez? ¿Cómo lo hizo?’. Una vez más, la idea de que se puede trabajar en muchas tareas se impone como utopía para el empleador, que bien podría empezar a cambiar el calzado de sus administrativos por patines de felpa para que le hicieran la limpieza mientras buscan café.

En primera medida, todo indica que no estamos seleccionados para exigirnos hacia dos actividades al mismo tiempo y menos todavía tenemos garantías de poder llevar a cabo las dos bien (sí hay algunos indicios de poder ir y volver entre dos tareas concretas sin un costo enorme -cognitivo, claro está-, pero es medio sostener una, realizar la otra, volver a la primera). En segundo lugar, la caída de pelotas en el malabar es definitivamente más probable con cuatro o cinco tareas que con dos. ¿Qué quiero decir con esto? Que cada trabajo simultáneo que agregamos aumenta el caudal de información que llega al cerebro que, oh sorpresa, es un sistema que puede manejar una cantidad finita de elementos.

Ahora bien, el peligro asoma cuando las tareas que creemos manejar por carriles independientes van progresando ordenaditas, bien piolas, pisteando como campeonas, y se cruza una llamada insolente de Skype que no tiene absolutamente ningún problema en empujar ese párrafo que venías escribiendo hermosamente concentrado al abismo de las cosas que te olvidaste. En palabras de Homero, ‘cada pedazo de información nueva empuja algo viejo para afuera, como cuando hice ese curso de vinos y se me olvidó cómo conducir’. Es importante entender esta perlita de sabiduría no en términos de aprendizaje o memoria, sino en términos atencionales, y esto es clave: el multitasking se refiere a la cantidad de tareas que podemos ejecutar ‘al mismo tiempo’, y a ese ‘al mismo tiempo’ le puse comillas MUY no triviales.

La mayoría de las veces que decimos que estamos haciendo multitasking –o que alguien más lo está haciendo–, lo que realmente se está llevando a cabo es un proceso secuencial. Es decir, no estamos haciendo varias cosas al mismo tiempo, sino que se va pasando de una tarea a otra, lo que comúnmente dentro de las neurociencias cognitivas se denomina TASK SWITCHING.

Ese proceso de hacer cosas que imaginamos en paralelo y multicarril es en realidad un pasillo estrecho donde las cosas pasan una a la vez, y reordenarlas no es gratis. Pero cada cambio o switch de tarea conlleva un cierto costo cognitivo, porque al cerebro nadie le regala nada. En la mayoría de los escenarios posibles, la productividad se reduce en proporción al número de switches o cambios de tarea que se llevaron a cabo; teniendo en cuenta que, mientras más compleja sea la tarea, mayor será la reducción de productividad conforme pasen los cambios. Esto no quiere decir que no haya tareas más ‘compatibles’ de abordar conjuntamente, o que no haya personas mejores en términos de switch (o sea, gente que tiene un costo más bajo por reacomodar la atención), pero la idea de ‘hacer todo al mismo tiempo’ sigue siendo una ilusión.

La triste realidad es que la cantidad de tareas que llevamos a cabo efectiva y eficientemente no siempre hace justicia a nuestra idea de que somos dioses productivos -salvo para alguna gente particular-capaces de hacer bien nuestro trabajo mientras escuchamos el último disco de Bowie, tomamos mate, leemos todas las newsletters que nos llegan y respondemos una mención en alguna de las millones de redes sociales que tenemos prendidas todo el tiempo mientras tratamos de hacer ese montón de cosas a la vez. De hecho, los que estamos en los treintas somos  la primera generación que se enfrentó tan contundentemente a esta ínfima capacidad de resistir los estímulos novedosUHHH PAJARITOOOOOOOO.

La inhibición de estímulos (irrelevantes) es un proceso que forma parte de las funciones ejecutivas (con capital nacional en el lóbulo frontal). Para encontrar ese centro de control,  simplemente es cuestión de tomar el dedo índice –bah, el que uno quiera, pero el índice anda fenómeno– y rascarse las arrugas de la frente. Todo muy infomercial de los 60’, pero ahí está (“Espera un segundo Nick, ¡¿¿estás diciéndome que aquí están muchas de las cosas que nos hacen humanos??!”…”Así es, Jenny”).

Esta porción de cerebro es relativamente la más nueva en términos evolutivos. Muchas de las conductas características humanas se ubican ahí: inhibición social, toma de decisiones, planificación de actos futuros, control de actos motores, inhibición de estímulos irrelevantes, atención, memoria de trabajo, pensamiento abstracto, etc. Básicamente es lo que –estando sanos– hace que no nos bajemos los pantalones en la calle, que no le peguemos a alguien que no está de acuerdo con nosotros, que no votemos a Donald Trump o que no le propongamos enfáticamente al chofer del colectivo que se baje, que manejamos nosotros.

Las funciones de inhibición de estímulos irrelevantes y planificación son, en este caso, algunas de las más interesantes, porque permiten que podamos llevar a cabo esquemas de acción futuros a partir de un objetivo determinado. Por ejemplo, supongamos que queremos comprar un coche. Todo lo que siga a ese pensamiento es planificación: cuánto me financia la concesionaria, a cuánto me toman mi auto actual, cuotas de cuánto me quedarían, si no me alcanza la plata puedo trabajar más, etc. Y todo lo planteado lleva a la conclusión, que es otra de las funciones del lóbulo frontal: la toma de decisiones. Es decir, la toma de decisiones se ve alimentada por la planificación. En pacientes con daños frontales, principalmente hipo-perfusiones frontales (ausencia de irrigación sanguínea en esta área), vemos dificultades en la toma de decisiones, planificación, empatía, memoria de trabajo, etc.

Pero, ¿para qué sirve la inhibición? Bueno, junto con el pensamiento abstracto (interpretación de modelos de lenguaje complejos, metáforas, conceptos de carácter no material, etc.) nos ayuda a dos cosas:

  1. Hacer un análisis adecuado de situaciones: la inhibición permite la acción del razonamiento complejo. Esto quiere decir que el primer impulso humano es un impulso sin análisis, un impulso crudo, en el cual las conductas de los otros nos generan ciertas sensaciones de índole instintiva. La inhibición permite frenar esos impulsos y darnos espacio para que se interpreten las acciones e intenciones de los otros de una forma más racional. Recuerdo haber tenido un paciente internado luego de un traumatismo cráneo-encefálico (TCE) con cuadro desinhibitorio como todos los pacientes con TCE−, y que cada vez que alguna enfermera se le acercaba para inyectarlo o llegaba alguien a controlarlo, tendía a pegarles sin mediar palabra. Como un perro que se siente amenazado y tira a morder, lo mismo sucedía con este paciente (a veces literalmente).
  2. Apoyo de procesos atencionales (aprendizaje, concentración): generalmente cuando nos encontramos trabajando o llevando a cabo actividades para las que precisamos cierto monto de concentración, estamos apoyándonos en procesos inhibitorios, pero ¿PARA QUÉ? Mientras trabajamos pasan cosas alrededor, hay gente que habla, teléfonos que suenan, compañeros que nos distraen, preguntas que alguien hace a otra persona, etc. Todos estos fenómenos funcionan como estímulos irrelevantes, eventos a los que no deberíamos prestarles atención ya que la concentración está enfocada en otro lado. En ese momento estamos inhibiendo estímulos irrelevantes, otorgando índices de prioridad a cada uno de los eventos que van sucediendo e inhibiéndolos.

Sin buen funcionamiento frontal, es el ambiente el que determina quién pasa y quién no por ese embudo limitado atencional y terminamos siendo esclavos del entorno, dejando a la distracción timonar este catamarán (?), en lugar de ser la concentración quien lleva las riendas.

Todo esto no quiere decir que seamos completamente incapaces de realizar varias tareas en simultáneo, pero sí que probablemente necesitemos valorar menos la capacidad de hacer mucho al mismo tiempo y más la de elaborar un esquema de acción basado en prioridades, que permita la concentración en una tarea determinada. Un poquito de planeamiento e introspección, sin romper nada, mal que le pese a mi amigo y al flaco de recursos humanos fanático de la palabra ‘multitasking’.

Habiendo entendido esto, lo que me queda pendiente es comprender, primero, si el Universo es capaz de odiar, y si particularmente me odia, basado en que estoy tan profundamente concentrado en escribir esto que desatiendo todo estímulo externo, incluidos olores y ruidos, hasta que superan mi umbral de atención urgente e interrumpo todo para responder un llamado y vislumbrar que mi casa está llena de humo, de nuevo, y que esta vez no fue culpa del multitasking sino de la inhibición frontal, ese alter ego que, por exceso o por defecto, destroza todas mis pavas.

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*TCE: El traumatismo cráneo-encefálico (cerrado) se caracteriza por generar una lesión que se concentra en el área frontal del cerebro. Esto se dá debido al efecto de aceleración y desaceleración producto del “latigazo” de un accidente. El cerebro rebota en la parte posterior y anterior del cráneo produciendo lesiones y hematomas en el Lóbulo Frontal producto del golpe. Por esto mismo, el TCE en la mayoría de los casos cursa con cuadros de DESINHIBICIÓN.

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En esta nota se anda diciendo...

Lucy

04/03/2017

Lucy

Muy buena notaa!! Me gustaría leer algo de neuronas adictas a las redes sociales! Y los sistemas en cada parte del cerebro que se generan por el uso excesivo de estas.

Bruno

10/09/2016

Bruno

Excelente nota.

Charly

10/09/2016

Charly

Excelente! me acabo de dar cuenta que soy adicto al TASK SWITCHING innecesario!

Pietro

09/09/2016

Pietro

excelente nota, rafael.
btw, te recomiendo invertir en una pava eléctrica. dios exista, y la bendiga.

Martin

08/09/2016

Martin

Me pasa cuando estoy leyendo un texto que me interesa (estudiando, por ejemplo), y prestando atención total (algo parecido al nirvana). En este caso, el aprendizaje es absoluto. Sin embargo, por alguna extraña razon, comienzo a prestar atención a una imagen mental (situación) ó sonido (música), al mismo tiempo que sigo leyendo. Aquí parecería ser que estoy en multirarea, por que estoy imaginado una escena, o prestando atención a un sonido, pero también estoy leyendo linea por linea de un texto. La cuestión es que todas las líneas que comencé a leerlas en paralelo a lo que indiqué, las tengo que reeler nuevamente ya que no “capturé” el significado del texto. En esas pequeñas pruebas me doy cuenta que el multitasking no existe.

Daniel

07/09/2016

Daniel

Rafa, la conclusion que saco de la nota es que el universo no te odia a vos… odia a tus pavas !

Excelente, me encantó, espero ver mas notas tuyas por acá.

Alan

06/09/2016

Alan

¡Muy bueno!

Me queda una duda con respecto a lo de las tareas con baja carga cognitiva. Cuando de verdad hacemos varias cosas al mismo tiempo como caminar, mascar chicle y hablar ¿no es siempre una sola la que realmente requiere atención mientras que de las otras se ocupa como otra parte del cerebro?

Saludos

Flor

06/09/2016

Flor

Paso por acá como una ráfaga para decir que estoy intentando leer este artículo desde ayer a la tarde, y sigo teniendo la solapa del navegador abierta mientras hago mil millones de otras cosas. Ya le llegará la hora. Saludos. PD: desde ya supongo que el artículo es genial.

Sebastian

06/09/2016

Sebastian

Tanto que me burle de mi amiga la linda que tenia su “Neurona Péndulo”.
Al final yo soy igual pero feo.

Santiago

06/09/2016

Santiago

Excelente nota! Es ironico que esta nota me distraiga de los apuntes que deberia estar leyendo. Y como una seguidilla de analogias en el texto me alejan de la nota y aun mas de mi lectura original

“… ese embudo limitado atencional y terminamos siendo esclavos del entorno, dejando a la distracción timonar este catamarán (?), en lugar de ser la concentración quien lleva las riendas…”

andrescass

06/09/2016

andrescass

Excelentísima nota. Muy interesante el tema y muy bien explicado.
No deja de sorprenderme el avance en neurociencias y como pueden mapear comportamientos y pensamientos a diferentes partes del cerebro.
Leí la nota de a ratos mientras trabajaba, tomaba mate, escuchaba música y atendía los mensajes del face, por supuesto que no todo a la vez (salvo lo de tomar mate que ya es una acción automatizada).
Con lo que noto todo el tiempo esto del task-scheduling (hablo en términos de sistemas operativos) es con la música mientras laburo, cuando me compenetro con la tarea que estoy haciendo ni me doy cuenta que estoy escuchando (y así empiezo el día con Metallica y cuando me quiero acordar estoy escuchando a Fey, gracias youtube).
Espero leer más gatinotas relacionadas

Facundo

05/09/2016

Facundo

Me sentí muy identificado con la nota, una vez quise calentarme un poco de agua para desayunar un té, me fui a usar la computadora y apenas unas 3 horas la pava se había derretido completamente y casi que se había pegado a la hornalla. La verdad que esa pava una truchada, no se banca un poquito de fuego.

Federico

05/09/2016

Federico

Conclucion: Comprate una pava electrica te vas a terminar ahorrando plata.
Pd: Gran nota viejo!

Any

05/09/2016

Any

Muy buena nota!!
Especial para citar cuando: ‘te juro que estoy escuchando cómo te fue en la entrevista mientras organizo juntada del sábado por whatsapp y posteo fotos en instagram, vos contame…’

Lau

05/09/2016

Lau

Tengo muchas ganas de regalarte una pava electrica. O decirte que compres una. Las pavas que quemo mi vieja son porta macetas en el balcon ahora, se le encuentra una utilidad a todo (O se es hoarder).
Para mi el multitasking siempre fue como tener muchas tabs abiertas en el cerebro y nunca encontras la que esta reproduciendo sonido, porque a menos que tengas una TARDIS y quieras crear una paradoja espacio-tiempo no podes hacer todo al mismo tiempo.

Germán

05/09/2016

Germán

Excelente post.
Me hizo acordar a cuando estudiaba en la facu, no por estudiar en sí sino por el contenido: los sistemas operativos modernos (al menos los de aquella época), se las daban de “multi tarea”, pero en realidad la emulaban, o sea, el procesador hacía una tarea por vez durante cierto intervalo de tiempo, y después cambiaba a otra. Ese cambio también se llama “cambio de contexto” y penaliza la performance de las tareas.
Lo mismo, mismísimo, pero con silicio y electrones.

RomaC

05/09/2016

RomaC

Para resolver el temita de pavas quemadas por culpa de la inhibición frontal mis amigos me regalaron una pava eléctrica con termostato :P

Jorge

05/09/2016

Jorge

Para cuando un artículo de procrastinación?

Ana

05/09/2016

Ana

Genial!! Me encantó y me divertí mucho leyendo.
Me encantó la aparición de un psicólogo y me gustaría mucho leer más notas tuyas.
Felicitaciones!! Bienvenido a El Gato y …

Minichica

05/09/2016

Minichica

Soy mamá, traductora freelance y trabajo desde casa para una multinacional de tecnología. El ‘multitasking’ nunca fue mi fuerte sin embargo acá estoy dando la teta, en una reunión telefónica y tratando de escribir este comentario. Me da la sensación de que en esta época la simultaneidad de cosas que requieren nuestra atención se alimenta de cierta voracidad de no querer perderse de nada en ningún momento.

Juan Godoy

05/09/2016

Juan Godoy

Muy buena nota Rafa!!! Me alegra que otro psicólogo cordobés aparezca por ELGATOYLACAJA. Fijate que entre los comentarios tenés varias ideas de futuras notas… y muchas preguntas, como la de Sol M que parece estar interesada en el fenómeno de Atención Dividida… ;-)

Abrazo grande!!!

;-)

ceciliasist

05/09/2016

ceciliasist

Tarde dos horas en leer el artículo. Soy adicta a las notas que publican y no puedo esperar a mas tarde para leerlos, estoy en el trabajo (mucho para hacer) y al mismo tiempo resuelvo cosas personales…maldito multitasking o lóbulo frontal que no me ayuda a organizarme jeje

Elvio

05/09/2016

Elvio

Hay una idea generalizada de que las mujeres son más multitasking que los hombres. ¿Qué dice la ciencia sobre esto?

Sol M

05/09/2016

Sol M

Felicitaciones por la nota Rafa! Muy buena!
Ahora, me cuesta un poco insertar en este esquema de “atención secuencial” lo que pasa cuando conducimos mientras resolvemos un problema filosófico complejo (o el problema intelectual que aplique de acuerdo a la profesión de cada uno).
¿Es posible conducir sin destinar concentración a esa actividad, casi que durante todo el tiempo que estamos manejando? ¿No sería un caso de “un poquito de atención aquí, y la atención ‘principal’ por allá”?

Juan Francisco Bertona

05/09/2016

Juan Francisco Bertona

Muy bueno, tuve que dejar de leerlo 2 o 3 veces por las notificaciones de facebook y una soltera sexy en mi área :P.

Ines

05/09/2016

Ines

En nombre de todos los que hemos quemado pavas, hervido huevos hasta su conversión a cenizas, nos hemos cortado un dedo por manipular instrumental con el telefono en la oreja o puesto un golpe con el auto por ir leyendo whatsapp: muy buen artículo!! :)

Facu

05/09/2016

Facu

Esto explica varios de mis fracasos!

Fer

05/09/2016

Fer

Ahora que hay un gatisicólogo en la sala… ¿para cuándo una gatinota sobre psicoanalisis?

José Gil

05/09/2016

José Gil

Muy interesante el artículo, y ya había leído en algún lugar sobre el engaño del multitasking ideado por los cerdos capitalistas (? Pero mientras leía el artículo me surgió la duda: ¿lo que nosotros consideramos como tareas que no tienen un gran peso cognitivo eran consideradas así en la antigüedad? Me explico; quizás para nosotros es relativamente fácil mascar chicle y caminar al mismo tiempo, pero para nuestros antepasados no (es un ejemplo un tanto burdo, no se me ocurrió otro), y esto significaría que la evolución nos va dotando de mayor capacidad para hacer ese famoso ‘multitasking’ y que quizás en un futuro podamos hacer más actividades que en este momento evolutivo nos parezcan imposibles.

Javi

05/09/2016

Javi

Muy bueno el artículo, ya había leido al respecto, siempre con mas o menos las mismas conclusiones.
ahora no puedo evitar pensar, que si tu amigo en su entrevista, ante la pregunta de si puede hacer “multitaskin” responde que no se puede y cita este artículo (o cualquier otro al respecto) seguramente no consiga el trabajo, porque todos sabemos lo que el pibe de RR HH quiere oír…

saludos

El Gato y La Caja