La meritocracia te la debo

La meritocracia te la debo

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Sol Minoldo

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Cristina Potenza

¿Alcanza ser meritócratas para vivir en una meritocracia?

La meritocracia te la debo

A veces nos acordamos de una historia y no tenemos la menor idea de dónde ni cuándo la escuchamos por primera vez. Milenios antes de internet, las anécdotas con moraleja ya se viralizaban mutando en cada iteración gracias a la libre versión de la oralidad y la fuente más usada de la historia: ‘el amigo de un amigo’. Fue un poco en esa modalidad que me llegó la historia de esta familia cordobesa.

Había una vez un señor de unos 70 con tres hijos bastante caraduras. Un buen día se le plantaron para que les repartiera la herencia en vida, porque no tenían tiempo de esperar a que se muera. El tipo accedió y dividió sus bienes en tres partes iguales.

Cuenta la leyenda que uno de ellos salió de caravana con cheque en mano y no se volvió a saber de él hasta que se reventó el último centavo. El hermano del medio enterró la guita en el patio de la casa y, el día que le dio por desenterrarla, la inflación se lo había comido crudo. El tercero invirtió la plata y en unos años había hecho una fortuna. Moraleja rápida y sucia: lo que consigas depende directamente de las decisiones que tomes, del correcto equilibrio entre responsabilidad y audacia. Frente a idénticas circunstancias y con los mismos medios, le va a ir mejor al que le meta pila e ingenio que al que sea medio lento o directamente un caso perdido.

Esa idea se nos presenta a veces cual constatación de que todo es justo y divino. Porque un mundo en el que el esfuerzo será recompensado es ese en el que ganan los buenos, entendidos como los que la pelean, no agarran atajos ni se tiran a tomar sol en la banquina. Pero además, empuja la realidad a ser un poco mejor, porque con su promesa de premios y castigos nos incentiva a preferir el esfuerzo. Y aún más, es un mundo en el que tu destino está en tus manos, depende de vos, de lo que hagas. Es proponértelo, ponerte las pilas y yastá. Así de lindo suena lo de ‘vivir en una meritocracia’.

Una meritocracia es una sociedad en la que el éxito y el fracaso son de quienes se los ‘merecen’. Y eso es porque premios y castigos son repartidos en ‘justa’ proporción al esfuerzo de cada uno. Eso sí, es importante aclarar que cuando hablamos de meritocracia estamos hablando, generalmente, de UNA FORMA de meritocracia en particular. Por un lado, una en la que premios y castigos son formas de distribución de la riqueza. Y por otro, en la que eso que se define como ‘esfuerzo’, como lo valioso o virtuoso (‘merecedor’ de algo bueno), es una determinada manera de entenderlo, y que tiende a identificarse con ‘trabajo’, ‘estudio’ y ‘audacia’ (concretamente, en el comportamiento económico).

La ‘condición necesaria’ que solemos pasar por alto

Volvamos a los hermanos chantas, ese claro ejemplo de que ‘el desempeño individual hace la diferencia’. Hay algo que es importante no pasar por alto: para que la diferencia en los logros se haya explicado por lo que cada uno hizo, fue necesario que los tres tuvieran idénticas circunstancias, medios y oportunidades’. La cosa habría cambiado bastante si, por ejemplo, uno de los hermanos hubiera recibido el doble de herencia que el otro; o si alguno hubiera tenido muchos más gastos por padecer de una enfermedad crónica; o si alguno simplemente hubiese tenido suerte, cruzándose de casualidad con oportunidades que sus hermanos no. Incluso podemos imaginar que uno de los hermanos en particular tenía amigos que le consiguieron un negocio redondo… y así podríamos seguir hasta llenar un libro entero.

Si las IDÉNTICAS circunstancias, medios y oportunidades son condiciones fundamentales para que la diferencia dependa de cada uno, y si esas condiciones podrían no darse en los hechos, es peligroso (y falaz) invertir la lógica y asumir que los diferentes logros son prueba fehaciente de que unos se esforzaron más que otros.

Es igual de tramposo insistir en que ‘vivir en una meritocracia dependerá de que creamos en ella y en el valor de esforzarnos’, porque nada de eso va a llevar a que esas condiciones claves se cumplan si, para conseguir lo mismo, algunos tienen que trabajar muchísimo más que otros. Porque, ojo, que las circunstancias no determinen de forma absoluta tus posibilidades, y que con esfuerzo puedas conseguir más que sin él, no es sinónimo de meritocracia. Así, siempre habrá un Roberto o una Marta que a pesar de crecer en la villa ‘se recibió de médico con el mejor promedio de la facultad, mientras vendía pastelitos y cuidaba a sus 5 hermanos’. Irónicamente, estos casos que son esporádicos y famosos precisamente por su singularidad parecerían mantener viva la fe en la meritocracia.

“¿Viste? El que quiere puede”. Así se simple, como quien no quiere la cosa, pasamos por alto que Roberto y Marta tuvieron que hacer un esfuerzo infinitamente mayor que varios de sus compañeros de clase, para conseguir más o menos lo mismo. Para ‘igual esfuerzo-igual recompensa’ pruebe en la oficina de al lado.

Otra cuestión con esas historias que nos emocionan tanto en las charlas Ted o en el sillón de Susana, es el enorme sesgo que se activa cuando tomamos casos excepcionales como si fuesen indicadores de la forma en que funciona el mundo. Porque mientras festejamos que ‘quien lo intentó lo consiguió’ y que entonces ‘alcanza con intentarlo’, perdemos de vista a los otros miles que lo intentaron pero no lo consiguieron.

Hay una anécdota de la segunda guerra mundial que ayuda bastante a entender cómo funciona este sesgo, conocido como ‘sesgo del superviviente’. En plena contienda, los Aliados contrataron un equipo de expertos para que les indicaran qué partes de los aviones convenía reforzar. La idea era conseguir que soportaran mejor los ataques de artillería, pero sin el enorme gasto que implicaría reforzar el avión entero. La propuesta de los mandos militares era reforzarlos en las zonas donde los aviones que regresaban presentaban el mayor daño. Pero los expertos opinaron lo contrario, porque esos impactos eran los que habían recibido los aviones que consiguieron volver. O sea que esas partes no eran representativas de las más vulnerables, sino todo lo contrario.

Pensar que María hashtag emprendedora es representativa de una victoria de la meritocracia es no estar mirando que hay que reforzar el avión donde no hay impacto, porque esos son los aviones que no vuelven.

Lo que se hereda no se hurta. Ni es mérito.

Pocos se atreverían a decir que todo depende de tu esfuerzo en una sociedad esclavista o medieval. Se supone que la meritocracia aparece cuando tenemos ‘libertad’ y podemos ‘elegir’. Cuando hasta el pibe de barrio puede llegar, hacerse ‘de la nada’. Si todos tenemos la libertad para trabajar, invertir, crear una empresa y ser exitosos, los resultados dependen enteramente de nosotros. Capitalismo, libre mercado, el individuo al poder.

La meritocracia es una de las promesas del capitalismo liberal por excelencia. Pero hay un problema cuando identificamos libertad con posibilidad. Porque tener libertad para hacer las cosas es, claro, una condición re importante para ‘poder’ hacerlas, pero no necesariamente es suficiente. También hace falta tener la ‘oportunidad’. Y por mucho que esté garantizada la libertad, en sociedades desiguales (como son básicamente todas) las oportunidades no se distribuyen entre todos con la misma uniformidad y regularidad.

Ahora, podríamos seguir hablando un rato largo sobre esto, pero es recién mirando los datos que podemos responder si se cumplen o no las condiciones claves para saber si los diferentes logros reflejan diferentes esfuerzos individuales o si, en realidad, reflejan diferentes oportunidades. Acá es cuando deberíamos bajar a la calle de la evidencia y mirar si la desigualdad socioeconómica se explica por la acción del mecanismo meritocrático, si realmente el mercado compensa uniformemente esfuerzos equivalentes, y si la competencia es en igualdad de oportunidades. Hay que analizar si los logros de cada quien se asocian exclusivamente con su comportamiento y desempeño individual o si, en cambio, existe un condicionamiento independiente de las acciones de los individuos.

Algunas aproximaciones útiles a la pregunta se consiguen con los análisis de la movilidad social, de la herencia social y la transmisión intergeneracional de la pobreza. La movilidad social tiene que ver con que las posibilidades de acceder a otras posiciones de clase sean iguales para todos los individuos, sin importar su clase de origen. Su contraparte, la herencia social, significa que las oportunidades de vida de las personas sean restringidas o favorecidas por su origen socioeconómico.

En una sociedad con efectiva igualdad de oportunidades, donde sólo las virtudes individuales y los esfuerzos particulares definen los logros socioeconómicos, todos tienen iguales posibilidades de ubicarse en cualquier clase social, depende de ellos mismos. Por lo tanto deberíamos encontrar, en cada estrato social, personas de múltiples orígenes, sin que predomine ninguna tendencia. Si en cambio constatamos una alta correlación entre el origen social y los logros alcanzados en la vida adulta, tenemos un fuerte indicio de que las desigualdades no tienen demasiado que ver con la meritocracia.

Medir la relación entre logros socioeconómicos y ‘méritos’, y asociarlos al origen social es bastante complicado, principalmente por la dificultad de contar con datos de un mismo individuo a lo largo de su vida. Para averiguar el ‘origen social’ de las personas se necesita información del pasado, o bien datos del presente de aquellas personas que aún no se insertaron al mercado laboral, que siguen dependiendo de sus familias. Pero entonces no vamos a poder saber todavía cuáles van a ser sus logros. Entonces, lo que podemos hacer es llevar la pregunta un poquito antes y plantearnos ya no sólo si la sociedad premia los méritos por igual, sino algo incluso más delicado: realizar aquello que se considera como ‘mérito a premiar’ ¿nos demanda a todos el mismo esfuerzo?

Agarrar la pala

Un indicador que tiene bastante consenso como ‘reflejo del mérito’ es el nivel educativo: la capacitación. Si encontráramos que la herencia social interfiere en el logro de esos créditos, el esquema meritocrático se nos rompería antes de salir a competir en el mercado.

En un artículo académico de hace algunos años, junto con mi colega Marcos Andrada propusimos una forma de mirar la asociación entre logros educativos y origen socioeconómico con datos de encuestas de hogares. Seleccionamos jóvenes de 18 a 25 años que aún vivieran en la casa de sus padres en condición de ‘hijos’, para poder observar en simultáneo sus logros educativos y su origen socioeconómico. Obvio que esto tiene sus limitaciones (como toda medición): porque no necesariamente la situación socioeconómica del hogar en el momento de tomar el dato se haya mantenido estable en el tiempo. O sea, no necesariamente es idéntica al ‘origen’, a las condiciones socioeconómicas que vivió nuestro joven durante los años de formación educativa. Pero, con todo, nos da una aproximación.

En esos chicos y chicas miramos, por un lado, el máximo nivel educativo alcanzado, y por otro, el ingreso por persona en su hogar. Los ordenamos en 5 grupos, de los que menos a los que más ingresos tenían, que vamos a llamar ‘quintiles’. En cada quintil observamos qué porcentaje alcanzó cada nivel educativo. En su momento los datos que miramos para 2011 fueron tan contundentes como los que podemos ver en 2017 (o sea, con datos del INDEC no cuestionado).

 

2017: composición de logros educativos alcanzados por los jóvenes de cada quintil de ingresos per cápita familiar:

Las barras representan los grupos (quintil), del más pobre al más rico, de izquierda a derecha. En cada columna (o sea quintil) el área roja y naranja representa logros educativos bajos (hasta secundaria incompleta) y el área verde representa logros altos (acceso a la universidad). Podemos ver cómo el rojo y naranja decrecen de izquierda a derecha (de pobres a ricos) y con el verde pasa lo contrario.

Los datos indican que en los hogares de ingresos más bajos predominan logros educativos modestos, mientras que cuanta más plata entra en casa, se completan estudios de mayor nivel. Al comparar los valores extremos de la distribución socioeconómica (el primer y el último quintil) se ve la expresión más cruda de la desigualdad de logros educativos: la mayoría de los jóvenes de menores ingresos no ha completado siquiera los estudios secundarios mientras que la mayoría de los más aventajados en la distribución del ingreso accedió e incluso, en algunos casos, logró completar la formación universitaria.

Lo que la asociación podría significar es que el nivel educativo alcanzado es una variable dependiente, de alguna manera, del nivel socioeconómico de la familia. O sea, si la asociación entre ellas se debe a una relación de condicionamiento, ni es simétrica ni es esperable que el ‘origen social’ sea la variable dependiente: no habría motivos para que los créditos educativos de hijos jóvenes, que no son el sostén económico de sus hogares, sean los que explican los niveles de ingresos de sus hogares. Ahora, determinar cómo es que los niveles de ingreso inciden (si es que lo hacen) sobre los logros educativos, implica otro tipo de aproximaciones teóricas y empíricas. En algunos casos, incluso, con estudios cualitativos que, por ejemplo, incluyen entrevistas en profundidad y seguimiento de casos puntuales.

Entre diversos estudios que determinan condicionantes específicos del rendimiento educativo y otros que analizan la interacción de tales condicionamientos según el origen social, se ha encontrado que el origen social puede condicionar el proceso educativo de diversas maneras: según los recursos simbólicos y culturales de las familias; el capital social diferencial de los contextos de socialización de los niños y jóvenes; la incidencia de problemas sanitarios, nutricionales, de contextos de hacinamiento; el imperativo en algunos casos de trabajar a temprana edad; los recursos económicos para respaldar el proceso educativo (como acceder a libros o clases particulares); y hasta cómo las realidades de origen y su estabilidad afectan las expectativas y, por tanto, los propios objetivos de los jóvenes. Aunque algunos autores consideran que unos factores son más relevantes que otros para explicar el condicionamiento en cada tiempo y lugar o como tendencia general, no hay demasiada controversia respecto a que el condicionamiento como tal existe en sociedades desiguales.

La meritocracia, verduga de la meritocracia

Si la desigualdad de condiciones se traduce en desigualdad de oportunidades, es imposible implementar una meritocracia. Por eso, cuanto más desigual sea una sociedad y más dependa del bolsillo el acceso a la educación, la salud y la cultura (entre muchos otros factores), menos va a cumplirse la ‘igualdad de oportunidades’ y mayor peso tendrán las circunstancias que no elegimos.

Al final resulta que la meritocracia es un ideal por definición inalcanzable porque, si necesariamente produce desigualdad al premiar los diferentes esfuerzos, es ella misma la que genera las condiciones para que la competencia, en el futuro, sea desigual.

Colectivizar y universalizar las oportunidades, una y otra vez, reducir la desigualdad y emparejar la cancha cada tanto, no sólo al principio sino a lo largo de toda la trayectoria de vida, es al final mucho más consistente con la meritocracia que la idea de dejar a cada quién arreglárselas por su cuenta. Si de verdad queremos empujar hacia una sociedad más justa, tal vez deberíamos hablar menos de meritocracia y más de equidad (osea, la compensación de las desventajas y desigualdades), para contribuir tanto como sea posible a que, realmente, nadie tenga menos de ‘lo que merece’.

En esta nota se anda diciendo...

Juan

20/04/2019

Juan

Acomodocracia, dedocracia, entrevicracia, holocracia, timocracia, otro, es el perfil pedagógico de la meritocracia. Las competencias no importa, Las oportunidades son las consignas del poder.
Interesante y útil su análisis.

Ricardo Stuven

06/06/2018

Ricardo Stuven

“El paradigma meritocrático dominante de las culturas occidentales altamente competitivas se basa en la creencia de que el éxito se debe principalmente, si no exclusivamente, a cualidades personales como el talento, la inteligencia, las habilidades, el esfuerzo o la toma de riesgos. A veces, estamos dispuestos a admitir que un cierto grado de suerte también podría desempeñar un papel en la obtención de un éxito material significativo. Pero, de hecho, es bastante común subestimar la importancia de las fuerzas externas en las historias individuales de éxito.

Es bien sabido que la inteligencia o el talento exhiben una distribución gaussiana entre la población, mientras que la distribución de la riqueza –considerada un indicador de éxito– sigue típicamente una ley potencial (ley de Pareto). Tal discrepancia entre una distribución normal de las entradas, con una escala típica, y la distribución invariante de la escala de las salidas, sugiere que algún ingrediente oculto está trabajando tras bambalinas.

En este trabajo [*], con la ayuda de un modelo muy simple basado en agentes, sugerimos que tal ingrediente es simplemente aleatorio. En particular, demostramos que, si bien es cierto que es necesario algún grado de talento para tener éxito en la vida, casi nunca las personas más talentosas alcanzan los niveles más altos de éxito, siendo superadas por individuos mediocres pero notablemente más afortunados.

Hasta donde sabemos, este resultado contrario a la intuición –aunque sugerido entre líneas en una vasta literatura– se cuantifica aquí por primera vez. Arroja nueva luz sobre la eficacia de evaluar el mérito sobre la base del nivel de éxito alcanzado y subraya los riesgos de distribuir honores o recursos excesivos a personas que, a fin de cuentas, podrían haber tenido simplemente más suerte que otras.

[…]

El modelo muestra la importancia, a menudo subestimada, que revisten los acontecimientos afortunados para determinar el nivel final de éxito individual. Dado que las recompensas y los recursos se suelen dar a aquellos que ya han alcanzado un alto nivel de éxito, considerado erróneamente como una medida de competencia/talento, este resultado es incluso un desincentivo más perjudicial, causando una falta de oportunidades para los más talentosos. Nuestros resultados son una advertencia contra los riesgos de lo que llamamos la “meritocracia ingenua” que, subestimando el papel del azar entre los determinantes del éxito, a menudo no concede honores y recompensas a las personas más competentes.

En este sentido, se han investigado diferentes escenarios para discutir estrategias más eficientes capaces de contrarrestar el impredecible papel de la suerte y dar más oportunidades y recursos a los más talentosos, un propósito que creemos debería ser el objetivo de un enfoque meritocrático real. Estas estrategias también han demostrado ser las más beneficiosas para toda la sociedad, ya que tienden a aumentar la diversidad en la investigación y, de este modo, también fomentan la innovación.”

[*] Talent vs Luck: the role of randomness in success and failure https://arxiv.org/abs/1802.07068

Emilio Colombero

09/04/2018

Emilio Colombero

Muy buen artículo. De pie aplaudo.
No sólo que la meritocracia es inalcanzable por definición, es inalcanzable culturalmente.
¿Cómo alguien de menor status quo podría incorporarse a las cúpulas que manejan el mundo? Salvo excepciones contadas con los dedos, la “acomodocracia” reina y es impenetrable por los que miramos de abajo. Nos tenemos que conformar con debatir filosóficamente en los comentarios de un post de una página de cuarta. (ironic said)

Saludos y felicitaciones por el laburón que hacen!

Horacio

18/02/2018

Horacio

Muy buen artículo, Pablo creo que la base para cualquier salida evolutiva como sociedad está en ese concepto “Que la grieta cierre con la gente adentro.” incluyendo absolutamente a “todos” los que tenemos un pensamiento afín y los que no.
Gracias, un futuro con más equidad es posible.

Estudiante de Sociología

15/11/2017

Estudiante de Sociología

La meritocracia no solo no es una realidad social, tampoco es un proyecto de transformación de la sociedad al que se apunte seriamente.

La meritocracia no es nada más que un elemento del discurso político de los sectores dominantes. Es un arma ideológica que se destina a lograr el consenso de los dominados con el actual estado de cosas: unos pocos se apropian con la gran mayoría de la riqueza social y los muchos se quedan con el resto.

La principal victoria del discurso meritocrático no es celebrar el mérito y promover una cultura del esfuerzo. Es lograr que el del medio, el que “se rompió el lomo” para tener una casita, un auto, etc., no cuestione la obscena acumulación de riquezas de los de arriba, sino que cuestione al de abajo por vago, por no esforzarse, por ser pobre porque quiere.

Sergio Aronso

14/11/2017

Sergio Aronso

Acabo de escuchar la nota en el programa de Radio Universidad – Otra vuelta de tuerca, que me lleva a descubrir esta nota y el sitio. Te adjunto estos dibujos que hace un tiempo me enviaran por mail, porque creo que ilustran tu trabajo, o por lo menos lo que entendí de él en la nota. Suerte y felicitaciones!! http://thewireless.co.nz/articles/the-pencilsword-on-a-plate

Ed

24/10/2017

Ed

Solo me hace ruido una cosa:
Dejando de lado las claras diferencias de los casos extremos (primer y quinto cuartil), osea, analizando los 3 del medio, la diferencia entre el porcentaje que termina estudios universitarios (que podria decirse es el “exito maximo” academicamente) es muy poca, lo que sugiere que dentro de ciertos limites no extremos de desigualdad de condiciones el exito SI depende del esfuerzo de cada uno. Que opinas al respecto? Crees que podria establecerse un “rango” de condiciones desiguales dentro de las cuales funcione una verdadera meritocracia?
Saludos y felicidades por un excelente articulo!

Fernando

20/10/2017

Fernando

Me gustó mucho el artículo!. Después de leerlo (junto con los comentarios), llegue a la siguiente conclusión:
“Por más duro que aprietes el acelerador y estudies las curvas y a tus rivales, no vas a ganar la carrera en un Fitito (Fiat 600) si los otros van en un F1”.
Algunos argumentan que está bien que sea así, que algo hicieron para tener un F1. Otros dicen que hay que sacarle los F1 (sin considerar el como lo obtuvieron) y dárselos a los que corren en Fititos (por más que no se los “merezcan”). Algunos creen que lo mejor es vender los F1 y los Fititos y que corramos todos en VW Gol. No se cual es la solución, pero al menos hay que sincerarse y aceptar que así como está, la mayoría de los participantes no está en igualdad de oportunidades para ganar la carrera (y espero no estar equivocado al afirmar que por ahí apuntaba el artículo).
La pregunta que me surge es: ¿Porque corremos la carrera en vez de irnos a pasear en el Fitito?

Manuel

13/10/2017

Manuel

Sol, increible articulo.

Por curiosidad, llegaste a leer “Self-ownership, freedom and equality” de G. Cohen?

Creo que este es otro de esos debates que seria imposible llegar a una conclusion o una verdad.

Pertenecen a ese grupo de planteos eticos que sufren de una especie de paradoja sorites. Un poquito mas no tendria que molestarnos, pero llega un punto que nos molesta.

Marco

12/10/2017

Marco

Conozco gente que cree que si sus padres hubieran tenido más plata serían más exitosos. Conozco gente que cree que si hubiera ganado tal o cual político, les iría mejor. Otros que creen que si hubieran ganado la lotería, serían más felices.

Pero hasta ahora, no conocí a nadie que crea que si se hubiera esforzado menos estaría mejor de lo que está.

Es la meritocracia una ley universal que comanda nuestros destinos con certeza absoluta? Por supuesto que no. Hay miles de variables involucradas…
Pero yo no dudo un segundo de que hay correlación entre mi esfuerzo y el de mis padres en su momento y mis posibilidades actuales.
No entiendo la alternativa a la meritocracia.

Lucía BD

11/10/2017

Lucía BD

Me encantó!!! Un talento enorme para poner en palabras el sentimiento que tenemos un montón. Recalco la última sección, clarísimo como lo expresaste.

Antonio

10/10/2017

Antonio

Basandome en el gráfico, lo único que veo es como los dos primeros quintiles le financian la educación universitaria gratuita no completada al cuarto quintil, mas pudiente.

pablo vizzari

10/10/2017

pablo vizzari

Para q una meritocracia funcione mas o menos, y digo mas o menos xq son muchos los factores, variables las q nivelar para todos x igual, (por ej. la crianza q recibimos de nuestros padres, q ni siquiera es la misma entre los distintos hermanos de una misma familia,pero bueno eso lo dejariamos asi para q no se queden sin laburo los psicologos), tendriamos q cambiar muchas cosas, la educacion tendria q ser toda estatal,prohibir la educacion privada, todas las escuelas exactamente iguales, con el mismo presupuesto, la misma cantidad de pibes x aula, el sistema educativo de Finlandia es un muy buen ejemplo. La salud lo mismo, terminar con la privada e invertir en la publica para q todos los hospitales sean iguales, Inglaterra o Canada tienen un muy buen sistema el cual imitar, y por otro lado cobrar un alto impuesto a la herencia, muchos paises lo tienen x ej Francia q creo esta x encima del 50% y por ultimo todas las personas hasta los 18años tendrian q tener la alimentacion cubierta x el estado.
Todas estas medidas estan en las antipodas del liberalismo y capitalismo, asi q ellos pregonen la meritocracia es como q Hitler pregone el anti semitismo . El cuentito de la meritocracia sirve al capitalismo para mantenernos a todos con la zanahoria x delante.

Piero

10/10/2017

Piero

Creo que todo es tambíen, una custión de tiempo. No estoy completamente de acuerdo con tu artículo. Los hijos del segmento mas bajo y que lograron terminar la primaria, por su nueva condión cultural, tendrán mejores oportunidades que sus padres (quizás no óptimas o siquiera buenas pero mejores). Estos hijos, también tendran hijos que entrarán en el próximo segmento socioeconomico. El ciclo comenzará nuevamente y según tu estudio, alcanzaran mejores resultados, así seguirá, generación tras generación hasta alcanzar, o no, mejores niveles. Cabe destacar, que el grupo familiar ( como sería abuelos, padres, hijos hijos de los hijos ect., hay una palabra?) que persevere y acepte esforzarse más, para conseguir una mejor condición socioeconomica para si y para sus hijos, será el que pase de condición socioeconomica mala a una mejor, pero si alguno de los hijos interrumpe esta convicción de sus progenitores, podrá estancarse o peor aún, volver hacia atrás.

Federico

10/10/2017

Federico

Muy interesante artículo. En tu opinión, pensando que tenemos educación gratuita en todos los estratos, que tendría que pasar para que esa asimetría en el acceso a la educación mejorase? Sin dudas que algo esbozas en tu artículo. Gracias y felicitaciones.

Raul

10/10/2017

Raul

Primero, felicitaciones por la nota!! Muy Interesante, aunque me quedan un par de preguntas (o dudas) que hubiese estado bueno completar en el texto para hacerlo más entendible.
1) Me da la sensación que la crítica no es hacia la meritocracia en sí- según la conclusión- sino sobre el sistema actual sobre el que se desea montar la meritocracia.
2) Se plantea como solución la Equidad, pudiendo explicarse un poco más cómo funcionaría un sistema con esto, ya que quedó medio vago el concepto (a mi entender).
3) Respecto al cuento, qué hacemos con las herencias? Pensé que iba a haber un planteo más explícito de “abolir las herencias”. Me hubiese gustado mucho ver un planteo de por qué sí (o no) esto debería ocurrir. En mi cabeza al menos es una idea que podría hacer que la meritocracia funcione (que no existan las herencias).
Bueno, eso sería todo. Podría enumerar otras preguntas sobre el método elegido pero ya serían preguntas más finas que no vienen al caso. Esas generales me parecen las importantes porque ayudan a que cierre mejor la idea del texto. Saludos!!

Fernando

10/10/2017

Fernando

Existen dos tipos de desigualdad, por un lado esta la desigualdad de condiciones materiales y por el otro esta la desigualdad de poder.

Cuando uno quiere solucionar el problema atacando solo la primera, es decir dando servicios “gratuitos”, lo que consigue es aumentar la segunda, por varias razones.

En primer lugar cuando vos haces que algo sea gratuito le estas quitando poder a los que podian ofrecer ese servicio y ahora eso que ellos tienen ya no tiene valor, entonces pasa a haber un desequilibrio de poder entre los que si tienen algo que tiene valor de intercambio y aquellos que ya no lo tienen.

En segundo lugar cuando se da algo gratis hay alguien que esta pagando por eso, queremos creer que lo pagamos con los impuestos que pagan los ciudadanos pero la realidad es que el estado lo paga endeudandose, es decir dandole poder sobre el a los bancos internacionales, de nuevo aumentando la desigualdad de poder.

En fin lo que me parece es que hay que mirar mas ambas caras de la moneda, porque sino vamos a terminar aumentando mas y mas la desigualdad de poder que hay en el mundo donde ya los bancos mas poderosos tienen en su poder titulos de deuda por 400 trillones de dolares, 20 veces mas que todo el producto bruto de los EEUU, y te puedo asegurar que ellos si saben hacer valer esa desigualdad de poder.

Guido

09/10/2017

Guido

Sol:
Increíble artículo, me hiciste recordar a esta publicidad de chevrolet y su siguiente contraspot, recomiendo ver en orden…
spot: https://www.youtube.com/watch?v=Ov9x5naV3ok

contraspot: https://www.youtube.com/watch?v=UbCtG3xGGDo

Felicitaciones !

Ana

09/10/2017

Ana

Excelente!!!
Como docente, no puedo más que coincidir absolutamente con tu nota.
Felicitaciones por poder expresarlo con tanta claridad.

Valeria

09/10/2017

Valeria

Me encantó tu trabajo. Es muy claro y con ejemplos contundentes para que cualquiera entienda lo mal que está hablar de meritocracia, sobre todo ahora que todxs se llenan la boca diciendo que algunos no trabajan porque no quieren.
Me gustaría que alguna vez reelaboraran este trabajo para incluir la variable “femenina”. Ya que, aunque no se dice, es un peso muy fuerte el ser mujer a la hora de acceder a un trabajo digno. Por más estudio o “mérito” que haya logrado en su vida.

Saludos!

Diego Molina

09/10/2017

Diego Molina

Ojalá alguien de mis pocos contactos en facebook lean este artículo cuando lo comparta.
Ojalá hubiera más gente como la autora.

Mariano

09/10/2017

Mariano

Hola muy buen articulo, los felicito por hacer de la ciencia algo al servicio de la comunidad. Ahora mi pregunta ¿como hacen para soportar tanto Troll comentando? Porque es muy fuerte leer algunas cositas que les postean, como a gente que se le nota que no tuvieron las oportunidades para salir del Trollcenter les da la cara para comentar. El leído desde las falacias mas elaboradas hasta los insultos. Entiendo que en la ciencia la critica hace al progreso, pero los comentarios no les hacen pensar que hay personas a las que no les alcanzo el ácido folico en la gestación, o andan muy carente de B12 o simplemente no quieren pensar ¿como hacen para seguir sin desanimarse?.

Cesar

09/10/2017

Cesar

Concuerdo contigo. Si vamos a esperar la equidad, no hacemos nada. Pretender que a igual esfuerzo se obtengan iguales resultados es utópico. Hay que darle y chau.

Manuel de Arriba

09/10/2017

Manuel de Arriba

Muy pero muy bueno el artículo. Hay que esparcirlo como los pájaros a las semillas!!

Teresita

09/10/2017

Teresita

Muy bueno, Sol. Vengo leyendo sobre el tema desde que “conocí” a Francoise Dubet. Él habla de oportunidades y posiciones (seguro lo conocés). Pero tu análisis con datos locales me pareció mucho mas interesante.

Germán V

09/10/2017

Germán V

Muy buen artículo Sol.!!!!

Hernán

09/10/2017

Hernán

Sol,

Muy buen artículo, me queda una duda, cuando decís “deberíamos hablar menos de meritocracia y más de equidad” creo que se habla de los dos extremos de un proceso, la meritocracia habla del resultado de un proceso sin importar como comenzó el mismo y la equidad habla del comienzo del proceso pero no sé si toma el resultado o no.

¿Existe una palabra o un “…cracia” que postule que al comienzo todos salgamos con armas parecidas, pero que también al medir los resultados se premie al que mejor las aprovechó?

Gracias,

Hernán

Luciano Robino

09/10/2017

Luciano Robino

Una pequeña objeción:

“La meritocracia es una de las promesas del capitalismo liberal por excelencia.”

Sí. Esta es una de las ideas con las que el liberalismo gana adeptos. Una idea que casi es parte intrínseca de psicología humana (lóbulo prefrontal, dopamina, anticipación a la recompensa, etc.).

Ahora, una vez adentro, la meritocracia se acepta como inexistente, en tanto ese no es el objetivo a lograr. Robert Nozick dice al respecto:

“Sin embargo, no es necesario que el mercado recompense el trabajo intelectualmente más meritorio; recompensará (parte de) lo que le gusta al público. Éste puede ser un trabajo de menos mérito, o puede no ser en absoluto un trabajo intelectual. El mercado, por su propia naturaleza, es neutral respecto al mérito intelectual. Si el mérito intelectual no es recompensado del modo más elevado, eso será por culpa, si hubiese culpa, no del mercado sino del comprador, cuyos gustos y preferencias se expresan en el mercado. Si hay más gente dispuesta a pagar por ver a Robert Redford que por escucharme dando una conferencia o por leer mis escritos, ello no implica una imperfección del mercado.”

Es decir, la meritocracia es un bulo para conseguir fieles. Una vez adentro te enterás tan tarde de que es un bulo que no querés considerar el tiempo que has invertido en entender estas ideas como tiempo perdido.

Leo

09/10/2017

Leo

Arranco el comentario antes de terminar de leer, cosa que no hay que hacer. Pero la verdad es que no puedo terminar de leerlo sabiendo que ya partió de premisas falsas.

El capitalismo liberal es meritocrático, pero no como se decribe en el artículo. Éste lo describe como un sistema en el cual a más esfuerzo se obtiene mayor recompensa, y además en el que sí o sí todos comienzan desde el mismo punto de partida.

La primer premisa está equivocada por el siguiente motivo: el mercado no otorga recompensas a quien más se esfuerza sino a quien más satisface a su prójimo. Es decir, yo puedo estar todo el día levantando pesas en mi casa y estoy haciendo mucho esfuerzo, pero no por eso me tiene que pagar. Mi única fuente de recompensa es mi prójimo, entonces yo tengo que hacer lo posible para satisfacerlo; quien más lo logre, más recompensa tendrá, independientemente del esfuerzo que tuvo que hacer. Por ejemplo, un youtuber famoso gana fortunas, y alguien puede ser un actorazo de teatro pero nadie lo va a ver, y por lo tanto gana poco. El youtuber está entreteniendo a millones de personas alrededor del mundo al mismo tiempo, mientras que la gente no parece estar muy interesada en el actor de teatro, por más bueno que sea. Esto nos puede no gustar, pero uno no es quien para decir qué o quién merece ser recompensado o no; la gente elige. Yo siempre digo que cuando no nos gusta la oferta (por ejemplo, que las canciones de la radio no sean “buenas”) lo que en realidad no nos gusta es que haya gente que lo demande; pero que la hay la hay, y uno no es quién para decirle a esa gente que está equivocada. Por lo tanto la única distribución justa es la que es libre, ya que una intervención sobre esta distribución sería arbitraria, partiendo de supuestas varas objetivas sobre lo que está bien y lo que está mal.

La segunda premisa es falsa porque el capitalismo es meritocrático familiarmente, no individualmente. Esto necesariamente tiene que ser así por el siguiente motivo: uno tiene todo el derecho a hacer lo que quiera con el fruto de su trabajo (su plata). Uno puede gastársela toda y no dejarle nada a nadie, la puede donar, o se la puede dejar a sus hijos y sucesores. El error es verlo desde el punto de vista del hijo que hereda (no es un error per se, pero no muestra toda la realidad), y no desde el punto de vista de el padre, que se ganó el privilegio de que su hijo tenga una mejor vida, o alcance un mayor nivel de educación (ahí leí el final) .¿Quién no querría que sus hijos tengan una mejor vida que la de uno? Entonces, el padre elige darle el fruto de su trabajo a su hijo voluntariamente, e intervenir sobre ese vínculo implica un acto violento. Lo que hay que ver es que las personas que nacen en una familia pobre tal vez no tengan la posibilidad de salir de la pobreza ellos mismos, pero tal vez con esfuerzo ( satisfaciendo de la mejor manera a su prójimo ;) ) puedan hacer que sus hijos o sus nietos sí terminen la secundaria, y con un par de generaciones, sacar a sus sucesores de la pobreza; claro, siempre y cuando se les permita heredar el fruto de su trabajo.

AGUSTIN

09/10/2017

AGUSTIN

A juzgar por la cantidad de dolores de panza en los comentarios se ve que la meritocracia caló hondo. Y si, es re lindo pensar que podes cumplir todos tus sueños solo dependiendo de vos mismo. Supongo que el tiempo te va despabilando. Va a ser mejor que acepten que este Papá Noel tampoco existe.
Es también interesante ver el pánico que genera la palabra ideología.

DanielK

09/10/2017

DanielK

Lo mas cruel de capitalismo es hacer creer que vivimos en meritocracia. Que solo con el trabajo duro se progresa. El concepto es muy atractivo. Trabaje duro y un día serás recompensado, un día serás rico, un día vas a progresar, un día las cosas cambian…

gigi

09/10/2017

gigi

Entiendo todo este artículo como la necesidad, un poco obvia, de decir que la sociedad no es equitativa, cosa que todos ya sabíamos. Así mismo comprendo la búsqueda de plantear un futuro para que los individuos puedan tener igualdad de oportunidades y así poder desarrollar al máximo su potencial. Todo eso visto desde el lado del individuo y el desarrollo personal, sumado a un Estado educador y habilitador, me parece fantástico. Ahora, ¿qué pasa con la equidad e igualdad de oportunidades cuando necesitamos que nos opere un cardiólogo? ¿Estamos de acuerdo que nuestra salud o formación la manejen personas sin mérito, y sólo por juntar el mazo y barajar de nuevo? Entiendo que la meritocracia es una aspiración tal vez un poco inalcanzable pero, en países donde los resultados de las políticas públicas cuentan con pocos o NULOS datos, donde no hay mediciones de casi nada, ni sabemos a dónde se van nuestros recursos o cuáles son los impactos de ciertas medidas, para manejarnos y poder construir y proponer sobre datos confiables ¿no nos gustaría un poco más de meritocracia de nuestros gobernantes/docentes/investigadores/especialistas/etc?

Cristian

09/10/2017

Cristian

“Colectivizar y universalizar las oportunidades, una y otra vez, reducir la desigualdad y emparejar la cancha cada tanto, no sólo al principio sino a lo largo de toda la trayectoria de vida, es al final mucho más consistente con la meritocracia que la idea de dejar a cada quién arreglárselas por su cuenta. Si de verdad queremos empujar hacia una sociedad más justa, tal vez deberíamos hablar menos de meritocracia y más de equidad (osea, la compensación de las desventajas y desigualdades), para contribuir tanto comos sea posible a que, realmente, nadie tenga menos de ‘lo que merece’.”

¿Y cuales serían los medios para alcanzar esto?

Natalia Gonzalez

09/10/2017

Natalia Gonzalez

Por qué no hacés el gráfico de composición de logros educativos de cada quintil de ingresos per cápita de forma inversa? esto sería, ver sobre el nivel educativo de los padres como es el logro educativo de los hijos.
Abrilo en los mismos quintiles y fijate si incide sobre el logro la variable ingreso o la variable educación.
De paso si estás con tiempo fijate si en un grupo base sin planes vs un grupo control con planes hay diferencias en nivel educativo. Te vas a sorprender, fué mi tesis doctotal.
Saludos y buena semana

Malena

09/10/2017

Malena

Lindo articulo Sol, pero sigo creyendo en luchar por una mayor igualdad de oportunidades y respetar la meritocracia. Igualar sin tener en cuenta las diferencias de esfuerzos y voluntades tampoco lo considero justo. Soy consciente que estamos lejos de la condición necesaria ideal para que la meritocracia sea un claro reflejo de la retribución al esfuerzo, pero también estoy convencida que hay que pelear por eso, y sino corremos el riesgo de destruir los incentivos positivos al esfuerzo, hacer las cosas bien, a la seriedad, etc. Coincido también que nuestro país no es un buen ejemplo de Meritocracia… hasta te diría que muchos que apelan a ella lo hacen cuando les sirve y cuando no juegan sucio como cualquiera (lo he vivido en carne propia en un concurso con “meritorios economistas” que repentinamente no vieron los méritos de sus “no amigos”), pero no en todas las sociedades es así y esta diferencia de “gravedades” en el mal uso de la meritocracia también lo he vivido en carne propia.

Alcides Acevedo

09/10/2017

Alcides Acevedo

Hay gente que de tan buena y progre no es capaz de ejercer el más minimo sentido común ¿no existe la meritocracia en términos absolutos? ¿y para qué ese planteo? ¿para terminar justificando la marginalidad social y hasta el crimen? porque de eso se trata, ¿o me equivoco?, acá las únicas desigualdades lacerantes son las de parásitos que esgrimen estupideces y hasta viven de eso, porque no jodamos, entre estos sociólogos de “salón” no hay pobres ni marginales, mucho menos meritocracia, salvo la capacidad infinita de tocar la guitarra.

Javi

09/10/2017

Javi

Excelente artículo, creo que me voy a robar este extracto:

…la meritocracia es un ideal por definición inalcanzable porque, si necesariamente produce desigualdad al premiar los diferentes esfuerzos, es ella misma la que genera las condiciones para que la competencia, en el futuro, sea desigual…

Mauricio Toribio

09/10/2017

Mauricio Toribio

Esta bien pero no pusiste un solo dato de cuáles son los países con más ascenso social. Son los más intervencionistas con el famoso estado presente o los más liberales?

Juan

09/10/2017

Juan

Tenes mucha razón, pero entonces acá lo importante no es el concepto de “meritocracia”, por qué en realidad es la mas “racional” de las modalidades por las que se debería desenvolverse las relaciones sociales dentro del sistema monetario. Sino es importante la forma-modalidad que toman las relaciones sociales, en el sentido de que si te encontras con chantas toda tu vida, olvidafter.
“Es igual de tramposo insistir en que ‘vivir en una meritocracia dependerá de que creamos en ella y en el valor de esforzarnos’, porque nada de eso va a llevar a que esas condiciones claves se cumplan si, para conseguir lo mismo, algunos tienen que trabajar muchísimo más que otros. ”
No creo que dependa de que creamos en ella sino qué las relaciones sociales tomen una modalidad y no otra… “Si Para ‘igual esfuerzo-igual recompensa’ pruebe en la oficina de al lado. ” Es un claro ejemplo qué no todos viven bajo la modalidad de la meritocracia y que la corrupción e insensatez encarniza todos los sectores de la sociedad. Entonces no es “determinante de un ideal” sino de las formas que toma dentro del entretejido social. Básicamente “Al final resulta que la meritocracia es un ideal por definición inalcanzable porque, si necesariamente produce desigualdad al premiar los diferentes esfuerzos, es ella misma la que genera las condiciones para que la competencia, en el futuro, sea desigual.”
En la medida qué el entretegido social premie los diferentes esfuerzos de manera “chanta” no es la meritocracia lo qué genera las condiciones para que la competencia sea desigual… Un Profesor de Universidad cobra menos qué Marcelo Tinelli y eso no depende del ideal de meritocracia que creemos qué esta moviendo las relaciones sociales.
Las relaciones sociales no se mueven bajo ese concepto aunque quieran instaurar como qué sea así. Esta bueno el analisis por qué lo demuestra, pero también hace creer qué es imposible alcanzarlo, entonces : ¿En qué quedamos?

Juan

09/10/2017

Juan

¡Te amo! nada, eso.



Hablando de verdad, excelente artículo. Me ayudo mucho a ordenar mis propias ideas sobre la cuestión. Gracias por tomarte el laburo de escribirlo.

Francisco Alvarez Raineri

09/10/2017

Francisco Alvarez Raineri

Buenísimo, quedo a la espera de que le regalen el sitio que tanto les costó levantar y mantener a alguien para “nivelar la cancha”. Anótenme en la lista que yo quiero un pedazo!
Saludos!

Andrés Martinez

09/10/2017

Andrés Martinez

Un placer leerte

Julieta

09/10/2017

Julieta

Excelente nota, súper clara, concisa, al punto. Hermoso. Tengo una sola corrección (o sugerencia, si se quiere).
Cuando dice ” la mayoría de los más aventajados en la distribución del ingreso accedió e incluso logró completar la formación universitaria”. Según los gráficos, la mayoría de los jóvenes “más aventajados” logró acceder a la formación universitaria, sí, pero no “logró completar la formación”. No comprendo por qué se le agrega eso a la oración cuando el gráfico muestra que no es así. Quizá es el modo de construir la oración pero el sujeto de “logró completar la formación” sigue siendo “la mayoría”. Y la mayoría no logró completar, según los datos.
Saludos!

AGUSTIN

09/10/2017

AGUSTIN

Que penoso que haya que estar explicando cuestiones tan obvias como lo desigual de la desigualdad.

Federico

09/10/2017

Federico

Decir que la meritocracia es “la promesa del capitalismo liberal” y tratar de desbancarla analizando nuestro país, es como indagar por que los niveles educativos son tan bajos en Marte.

Sebastián

09/10/2017

Sebastián

Excelente artículo.

Francisco M. Gómez S.

09/10/2017

Francisco M. Gómez S.

Impecable la nota, muy bueno Sol. (soy con quien hablaste largo y tendido sobre meritocracia con posturas un cachito diferentes en los comentarios de otra nota, se ve que en la idea básica coincidimos …y también coinciden los datos. Ahora nos falta q el mundo les de bola y se den cuenta que creer que vivimos en meritocracia es como creer que los reyes magos son los que traen los regalos)
De nuevo, muy buen post.

María Cecilia Goenaga

09/10/2017

María Cecilia Goenaga

Estoy de acuerdo con el planteo, pero me parece oportuno observar que la descalificación de la meritocracia es tan infructífera como su exacerbación, ya que es utilizada como excusa para dejar de lado las nociones de premio y castigo y se genera una expectativa exagerada de ayuda externa para el logro de objetivos.
Tal vez en lugar de descartarla deberíamos tomarla como una meta aspiracional y ejercer acciones tendientes a lograr la igualdad de oportunidades, sin perder de vista que las condiciones socioeconómicas son más fáciles de revertir que las determinaciones genéticas, que constituyen la primera fuente de desigualdad.
Si cada uno hiciera el máximo esfuerzo posible, con el bagaje genético y socioeconómico que le haya tocado en suerte, sin compararse con el entorno ni esperar la ayuda salvadora, sospecho que los casos de autosuperación no serían tan excepcionales.

Carina Mantovani

09/10/2017

Carina Mantovani

Ayy, por favor, Sol, que me has hecho pensar! En todos los que conozco, empezando por mi persona, pasando por mi marido, mis hijos, mis familiares y amigo, y llegando a todos los alumnos que tengo, he tenido y tendré. Me duele la cabeza! Pero seguro me lo merezco.
Un placer leerte!
Cariños desde el sur,
Carina.

El Gato y La Caja