Escaleras y serpientes

Escaleras y serpientes

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Pula Alvarez

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Cons Oroza

¿Hay desigualdades de género en el sistema científico? ¿Pasa en todos los trabajos?

Escaleras y serpientes

Quizás alguno haya visto pasar una nota que salió en enero, donde decía que Argentina cuenta (según las estadísticas de la Unión Astronómica Internacional) con el mayor porcentaje de mujeres que trabajan en astronomía: 42%.

GOL. Choque los cinco. Papel picado. Cadera con cadera.

O no. Este es en realidad un hermoso dato de color que, sumado al notición de que por primera vez en la historia una camada de astronautas egresados de la NASA está compuesta por un 50% de mujeres, nos pone en riesgo de festejar el árbol que nos tapa el bosque. 

Si analizamos la información disponible en sitios oficiales de agencias de ciencia y técnica de Argentina, así como también algunos trabajos de investigación recientes sobre la temática, vemos que, si bien las desigualdades persisten, durante los últimos años la inserción de las mujeres en el ámbito científico-tecnológico ha evolucionado favorablemente.

Ahora sí. Papel picado y VAMOS ME*EM

No, aguantá. De nuevo, que el papel picado no te tape el bosque. Porque HAY un bosque. Primero porque las desigualdades todavía siguen ahí, o sea que aún queda trabajo por hacer; y segundo porque esa persistencia es la cara visible de algo más profundo.

Lo primero que hay que decir es que prácticamente no existen estadísticas oficiales respecto de los últimos 10 años del sistema científico nacional (el último informe sobre ‘La situación de género en las agencias de ciencia y técnica en la Argentina’ del Ministerio de Ciencia Técnica de la Nación es del año 2007), y mucho menos respecto de la ciencia vista desde una perspectiva de género, lo cual dificulta seriamente la posibilidad de trabajar en un análisis que devenga en políticas públicas que tiendan a revertir los diagnósticos (principalmente porque no hay diagnósticos).

Mirando algunos datos disponibles y trabajos sobre el tema, me encontré con números interesantes. En el caso particular del CONICET, si bien hubo un claro aumento en la cantidad de mujeres que accedieron a la carrera de investigador en los últimos años, los porcentajes de hombres y mujeres, en términos relativos, se mantuvieron estables. O sea que, en realidad, hay más mujeres porque hay más gente, porque en términos generales varias ramas de ciencia y técnica del país crecieron en estos años.

Pero acá lo más importante no es simplemente el número de hombres y mujeres, sino cómo se distribuyen según las categorías (es decir, cómo se reparte la cuestión a medida que subimos en el nivel de jerarquía). Analicemos toda la pirámide, desde la base. Previo al ingreso a la carrera de investigador, cuando miramos la distribución de becarios (doctorales, de maestrías, etc), vemos que el porcentaje inicial de mujeres es superior al 50%. Buenísimo. PERO, resulta que la proporción no se mantiene al ingresar a la carrera, y mucho menos entre cargos ‘altos’ y ‘bajos’. En las primeras categorías hay incluso un leve aumento a favor de las mujeres, que pisan cerca del 60%. Sin embargo, en los rangos más altos hay un porcentaje mucho mayor de hombres que de mujeres. BOCHA más. El DOBLE en la categoría más power, donde las mujeres apenas llegan al 28%.

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Cantidad de hombres y mujeres en cada categoría de investigación

En este punto, hay quienes plantean ‘Bueeeno, pero eso está en camino a revertirse, porque si hay más mujeres trabajando en ciencia hoy, cuando esas newbies vayan escalando, va a haber más investigadoras en cargos pulenta’. Pero CONICET no es Super Mario Bros, y ‘pasar de nivel’ no parecería depender sólo del esfuerzo individual de cada investigadora.

Esto de pensar que las mujeres van a crecer en cantidad categoría a categoría, año a año, así de forma lineal, va a estar entre difícil y ‘pelear con el Balrog’ en tanto no equilibremos el porcentaje en la participación de hombres y mujeres en las distintas instancias de evaluación: Junta de Calificación y Promoción, Comisiones Asesoras y Comisiones ad hoc. Ahí es donde DE VERDAD se decide quiénes están en condiciones de pegar el saltito.

Y, no lo van a poder creer, pero resulta que estos grupos están siempre compuestos  mayormente por hombres, con una asimetría menor en las comisiones de Ciencias Sociales y Humanas.

Con esto no estamos diciendo que los hombres malvados y enemigos de las mujeres les niegan la posibilidad de ascender para favorecer a sus compañeros de equipo del fulbito de los jueves. Estamos diciendo que en la ciencia como en otros ámbitos de trabajo, empresariales, políticos, etc., las mujeres se encuentran con ‘barreras’ para su desarrollo profesional, que tienen que ver con los tantas veces mencionados ‘roles de género’.

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Es imposible entender esto último sin pensar en el lugar de la mujer dentro de la sociedad, mucho más allá del sistema científico. Desde la publicidad, la televisión, el cine, los noticieros, los comentarios de las abuelas, se construye un ‘modelo de mujer’: para este discurso, las mujeres somos ‘más sensibles’ que los hombres, ‘hormonales’, ‘naturalmente maternales’, abocadas a la crianza de los hijos, al cuidado de la casa y a fantasear con Mr. Músculo, por eso resultamos ‘más aptas’ para carreras humanísticas y sociales o del área de salud y educación, y no para otras disciplinas que requieran características asociadas a lo ‘masculino’, como la rigurosidad, el criterio y la racionalidad, características de las ciencias exactas y naturales e ingenierías. Así, se desprestigian también las capacidades de los varones, forzándolos a modelos de masculinidad ‘deshumanizados’ o menos sensibles y empáticos.

Por otro lado, esta asignación de roles determina no sólo las supuestas capacidades de cada género, sino también los lugares ‘naturales’ que deben ocupar en los espacios de poder. Para dar algunos ejemplos: según estadísticas de la ONU, sólo el 22% de los parlamentarios a nivel mundial son mujeres, y de la lista de empresas Fortune 500, sólo un 5% de los directores ejecutivos son chicas. Esto quiere decir que las mujeres no están (no estamos) participando de los espacios donde se corta el bacalao, lo cual le pone un sesgo a las decisiones que se toman (es metáfora, no encontré estadísticas confiables sobre el rol de la mujer en empresas pesqueras).

Otro aspecto interesante es que, si miramos todavía más fino en la distribución de hombres y mujeres dentro del CONICET, vamos a ver que si se armara un ‘casados vs. solteros’ pero mixto, la proporción de mujeres en cada equipo no sería pareja ni a palos, y menos que menos si miramos por categoría. Y esto no es una casualidad, sino que tiene que ver con este temita de la asignación de roles: en los niveles más altos del sistema científico nacional es mucho menor el número de mujeres casadas que el de hombres casados. Porque si las mujeres están en la casa cuidando a sus hijos, dudosamente puedan abocarse a su carrera profesional del mismo modo que los hombres, haciendo que sea más difícil cumplir con los requisitos necesarios para ascender, que en general tienen que ver con actividades que llevan bocha de tiempo (escribir papers, informes y pedidos de subsidios, formar recursos humanos, dirigir proyectos, etc.)

Diana Maffia (la Galadriel de las investigaciones de género del país) dice en uno de sus trabajos que hay cierta preferencia a elegir directores varones por parte de becarias y becarios del CONICET, lo que, según la autora ‘refuerza el poder simbólico masculino a la vez que (…) sugiere que las reglas son indiferentes al sexo (entre otros sesgos), y con el que se encubren de retórica neutral las previas preferencias ideológicas’. Traducido: el mismo sistema refuerza la idea de los hombres como dirigentes naturales, formadores, ejemplo a seguir o referentes, reproduciendo modelos socio-culturales que retroalimentan las desigualdades.

Ahora bien, ¿cómo explicamos esto? ¿Cuáles son las barreras que hacen que ascender en la escalerita del sistema científico sea más difícil para ellas que para ellos?

Mabel Burin (la Profesora McGonagall de los estudios con perspectivas de género a nivel nacional) hace referencia a dos metáforas: el techo de cristal y el piso pegajoso, que nos hablan sobre las limitaciones implícitas e informales que sufren las mujeres para avanzar en sus carreras.  Maffia las describe así: ‘El techo de cristal representa una superficie superior invisible en la carrera laboral de las mujeres. Imperceptible pero imposible de atravesar, que nos permite ver los escalones superiores de una carrera pero nos impide seguir avanzando. Es invisible porque no existen leyes ni dispositivos sociales establecidos, ni códigos manifiestos que impongan a las mujeres semejante limitación, sino que está construido por barreras implícitas, informales y difíciles de detectar. El piso pegajoso es la inercia que mantiene a tantas mujeres inmovilizadas en su puesto, atrapadas en la base de la pirámide económica, sin fuerzas para enfrentar el conflicto que significaría enfrentarse con lo nuevo y desafiar el sistema’.

Estas no son las únicas barreras a las que se enfrenta la mujer dentro del ámbito científico, sino que encima tenemos:

  • Las barreras internas, que fundamentalmente se basan en la falta de modelos de identificación, cosa que refuerza el estereotipo con respecto al rol de género. La mayoría de las científicas atribuye su inspiración para la carrera y su decisión vocacional a maestros varones, dado que pocas veces tuvieron la oportunidad de conformar equipos de investigación con mujeres. Por suerte esto tiene los días contados, pero sólo si nos ocupamos de ver que venimos metiendo cracks como Gloria Dubner, Belén ElgoyhenAndrea Gamarnik,  o Cecilia Bouzat, y que el único científico argentino en el ranking de los 100 más influyentes del año pasado fue la ecóloga cordobesa Sandra Díaz.
  • Las barreras externas, que implican que las mujeres científicas asumen los valores masculinos en el mundo laboral y apenas describen como un hecho la desigual distribución del trabajo doméstico.
  • La segregación vertical, que refleja las barreras que presenta el modo de organización de la comunidad científica para que las mujeres accedan a los puestos de mayor responsabilidad. Las mujeres tienen menos direcciones de proyectos y menos plata para ejecutarlos (subsidios).

Si bien las mujeres participan en comités de evaluación, no lo hacen en los de distribución de subsidios, pocas veces en niveles de decisión institucional y casi nunca en instancias de decisión de política científica. Esta ausencia sistemática, sin embargo, es justificada a veces con que tienen poco tiempo para participar en estos comités. La escasez de tiempo, por supuesto, tiene relación con las obligaciones domésticas. Pero la segregación es vista como decisión propia, como una preferencia personal por estar disponibles para la familia, y no como una barrera sexista.

  • La segregación horizontal, que se refiere al mantenimiento de una división en el mercado laboral en virtud de la cual las mujeres se concentran mayoritariamente en unos sectores de actividad que tienen menor consideración social y, en general, peores condiciones de trabajo.
  • La Desigualdad salarial: aunque es un tópico demostrado internacionalmente el hecho de que las mujeres, con igual formación y por iguales tareas, ganan aproximadamente un 30% menos que los varones, en la ciencia esto suele quedar encubierto por las categorías de investigación. La misma dificultad para el ascenso es pensada por las mujeres como un escollo ‘personal’ que nada tiene que ver con las diferencias de género (‘hay pocas becas’, ‘hay poco presupuesto’, ‘debe haber habido mejores candidatos en esta convocatoria’). Esta brecha salarial hace más difícil también contar con ayuda doméstica para atender tareas de cuidado, por lo que la posibilidad de abandono de la carrera es mayor.

Ascender en la carrera de investigador es más difícil que ganar la final del Mortal Kombat, y es como que la mujer no tiene los truquitos para las fatalities.

Si a esto le sumamos que realmente hay muy pocos datos estadísticos correctamente discriminados que nos permitan analizar la cuestión a fondo, la detección y verificación de estas barreras y sus consecuencias resulta una tarea casi imposible.

Pero este es un problema que no se soluciona sólo con estadísticas y que no está acotado al mundo de las ciencias. Tiene que ver con la forma en la que se construye nuestra sociedad, en los valores que se transmiten y en los que no, y en la manera en que esto afecta tanto a hombres como mujeres, en distintos planos de la vida. El sistema científico es sólo un reflejo de un problema general.

Maffia lo resume así: ‘Vemos que aunque las mujeres seamos aceptadas en las instituciones académicas y científicas, queda todavía el desafío de no travestizarnos intelectualmente como precio de la inclusión, el desafío de afirmar nuestro modo de ver el mundo e interpretarlo para poder hacer aportes valiosos a la ciencia, y el desafío de romper los estereotipos que indican que las cualidades que portamos las mujeres son sistemáticamente inferiores. Fortalecer la autoridad epistémica de las mujeres, no permitir que nuestras exigencias de igualdad se interpreten como un empobrecimiento de las exigencias de la ciencia, como una pérdida de calidad del conocimiento, porque esto significaría dejar sin discutir el núcleo ideológico más duro del sistema patriarcal: la identificación de diferencia con jerarquía’.

Tenemos que dar la batalla para equilibrar realmente la participación de las mujeres en el ámbito científico, sobre todo fuera de las instituciones netamente académicas. Cuantas más chicas tengan acceso al sistema educativo, al conocimiento científico y tecnológico; cuantas más mujeres sean respetadas en su decisión de ser o no madres; cuantas más nenas dejen de ser señaladas por elegir azul y autito o pelota; cuanto más equitativa sea la distribución de las tareas domésticas y el cuidado de los chicos; cuanto más nos cuenten en las clases que hubo muchísimas mujeres que revolucionaron la ciencia con sus descubrimientos y teorías (Marie Curie, Henrietta Swan, Rosalind Franklin, Jocelyn Bell, Lynn Margullis, y así, un MONTÓN); más chances vamos a tener de crecer y desarrollarnos dentro (y fuera) del ámbito científico.

Que mujer bonita es la que lucha. Y si hace ciencia, dos veces bonita.

En esta nota se anda diciendo...

Eduardo Cabrera

02/03/2021

Eduardo Cabrera

Un espanto. Feminismo de género puro y duro.

Dante Manuel

24/02/2020

Dante Manuel

Hola, me parecio muy completo el articulo y esclarecedor. La critica constructiva que puedo hacer es ala ultima frase en donde mujer bonita es la que lucha y si hace ciencia doble mente bonita. Lamentablemente los estereotipos de genero nos ponderaron ala mujer como si ser bonita es una condición por la cual la hace mujer, hay que empezar a deconstruir esa imagen de mujer como ser bonito dotado de belleza y ponderarla como un ser que toma decisiones y disputa el poder . Mujer que hace ciencia y lucha por igualdad de condiciones independientemente si es bonita o no.

Frasco

12/02/2018

Frasco

Después de un año de leer esta nota sigo pensando que hay una falta de diagnósotico tremendo, ya que se dejan de lado cuestiones biológicas y evolutivas que hacen a nuestra psicología.

Además de prescribir explicaciones sexistas para decir que varones y mujeres eligen diferentes carreras, libros, intereses que explotar y atenuar, por eso considero una tontería pensar que hay que llegar a un 50/50, porque es confundir IGUALDAD DE RASGOS con igualdad de derechos (y obligaciones).

En ese sentido creo que queremos una sociedad en la que cada uno sea libre de decidir que intereses explotar y que pasiones atenuar, no que al pertencer a un grupo (en este caso haciendo un hincapié especial en el género) que hay que igualar esos intereses para tener igual cantidad de varones y mujeres en determinadas posiciones sociales (arbitrarias por cierto), porque nadie está pidiendo igualdad en lugares donde los varones están claramente en desventaja, suicidios, desempleo, sin techos, muertos por accidentes de trabajo, igualdad en los trabajos insalubres, solitarios y alienantes en donde hay muchos varones. Se fijan en los ceos pero no se fijan en la cantidad de varones en la calle, haciendo tareas de rescate, arriesgando la vida o trabajando en condiciones super desfavorables.

Sin ir más lejos, la creencia de que porque hay más varones CEO’S (o cargos jerárquicos en el Estado) entonces los varones tienen el poder y privilegios en la sociedad (?) es una falacia de asociación muy burda. Pero todos entendemos que nadie por su sexo o género debería ser privado de una tarea jerárquica, por eso más allá de que creo que la diferencia entre líderes o que haya más varones estudiando STEM tiene su explicación no sexista, también entiendo que puede existir la discriminación en casos específicos por el sexo o género de la persona y eso debe ser denunciado. Sino es conspirativo.

Acá se hace un análisis exhaustivo de la literatura científica con respecto a los estudios y a las distintas tesis de ‘brecha salarial de género’ con escepticismo y parcialidad, pero poniendo en tela de juicio las tesis de la teoría feminista sobre los roles.

https://elfindelamisandria.blogspot.com.ar/2017/11/brecha-salarial-final-de-un-mito.html

Almafuerte

13/01/2018

Almafuerte

Veo que hace tiempo nadie aporta nada nuevo. Yo quiero plantear una disgresion con Sol, a pesar de que no coincido con Lupo.

Ella dice: » que por eso, aun si removemos todas las trabas estructurales para una participación igualitaria de las mujeres, ello no alcanza para que las brechas de género desaparezcan».
No queda claro que brecha de género debe superarse puesto que no deja claro que entiende por genero. Lei sus comentarios y refiere a que es una construcción social, con lo cual, debido a la historicidad de esa formulación, no parece ser lo suficientemente estable como para poder plantear los puntos que configuran la brecha. O sea, si por ejemplo (que se menciona en varios comentarios) los nenes apuntan a lo abstracto y las nenas a lo emocional y humanista ¿Como saber que le es propio a ellas también lo abstracto si las preferencias son un chip social ? ¿Como medir «la esencia» (perdón por traer ese concepto antiposmoderno) de cada genero en las elecciones si el genero lo hace un rol social de carácter variable y no una base fija (biológica, neuronal, hormonal -quedando claro que ello también muta, como darwinianos que somos-)?. ¿como superar la brecha sin convertir a las mujeres en conejillos de indias de ingeniería social ?. ¿como saber si es justo impulsar preferencias a quien no las tiene solo para defensa de la paridad de género?.

Un punto mas que observo en la usuaria Sol: habla de la disparidad del trabajo doméstico no remunerado en forma abstracta.¿ Es lo mismo para una mujer de primaria incompleta de zona rural que trabaja y cuida a sus hijos, que para una mujer universitaria que presumiblemente tiene el libre albedrío (una linda ficción para la nueva neurociencia) de elegir cuando reproducirse y formar familia? Pareciese que lo fuere, por que ello es lo que mas repite como argumento: el rol de madre ama de casa entorpece el desarrollo profesional. El trabajo hogareño que no le pagan a una madre ingeniera química es tiempo perdido que debe sacrificar en su tarea científica. ¿Las mujeres cientificas tan sometidas estan al mandato de la familia burguesa que no pueden postergar o incluso suprimir la maternidad? ¿Las parejas (hombres, mujeres, o lgbt) de esas mujeres, tan patriarcales son que las someten a la esclavitud del hogar?.

Sobre el artículo en si, solo puedo decir que la Constitución Nacional asegurar la igualdad segun la idoneidad. Si se reportan hechos que violen ese principio (que a hombres poco idóneos se los premie con altos cargos en investigación por sobre mujeres capacitadas, y que pongan trabas de cualquier tipo por razon de sexo o genero) debería impulsarse una via legal para intervenir Conicet. Eso defenderia el progreso de la ciencia nacional.

Sol Minoldo

12/05/2017

Sol Minoldo

Lupo

29/03/2017

Lupo

No tengo (no sé por qué) la opción de responder a tu comentario Sol.
Sigo acá entonces. La verdad que es bastante triste cómo constantemente me atacás a mi, más allá de argumentos y evidencias presentadas.
Por más que digas que no presento evidencia, mis comentarios están siempre acompañados por diferentes links, mientras vos te sostenés únicamente en tu retórica.
Lo que vos llamás una acotación en realidad es una afirmación, una afirmación falsa. (Refiriéndonos de nuevo a la brecha salarial.)
Te cito: «el problema no es que no la hayas leído, sino una limitación de lectura, que no te permite reconocer cuál es el eje argumental». Más allá del ataque personal, te comento que no es una limitación o incapacidad. Es cuestionar una afirmación sobre la que no se presentan evidencias, y las evidencias existentes contradicen lo afirmado en el artículo. Evidencias presenté en cada uno de mis comentarios, aunque vos prefieras obviarlas.
Te cito: «Cuestioné la “evidencia”, bah, su supuesto aporte para refutar algo de lo que hablamos de segmentación. Pero también puedo cuestionar tus problemas de argumentación, de lectura, y entre los cuales se encuentra el no comprender un argumento y seguir pataleando hasta el cansancio con algo que ya se habló y superó en el primer comentario». Me encantó el entrecomillado y el «bah». No sólo despectivo hacia mi persona más allá de la descalificación previa, sino también despectivo con el trabajo de muchos científicos al referirte a su trabajo entrecomillándolo.
¿El artículo hace afirmaciones falsas? Si, te guste o no.
Que le hayan cambiado el enfoque como vos hiciste a medida que fue transcurriendo la discusión demuestra que más allá de las evidencias, la postura es primeramente ideológica. Y el análisis va a cambiar necesariamente para acomodarse a la ideología más allá de la evidencia. Eso queda en evidencia en cómo los chicos del gato han ido presentando diferentes estadísticas de las que no leyeron cual fue la metodología para llegar a esos números. Cuando vemos cómo se toman esos números, vemos que el famoso gap desaparece.
Ahí es cuando aparecés vos cambiando la lectura y enfocándote en el trabajo doméstico, que no es parte de la famosa «brecha salarial». Estás cambiando el eje de la discusión y corriéndote de la afirmación de la articulista de los chicos del gato después.
El problema es que el trabajo doméstico también es una elección, o un acuerdo tácito entre partes. Uno se encarga de la casa mientras el otro invierte más tiempo en el trabajo para poder proveer al primero. Innegablemente existe un correlato biológico en esto, inclusive desde antes de ser especie, cuando las hembras se quedaban a cuidar a las crías mientras los machos salían a buscar el alimento. Sucede igual con una enorme cantidad (por no decir la abrumadora mayoría) de especies animales en el planeta. Y nosotros somos parte de esas especies animales.
Creo no hace falta aclararlo pero con esto no estoy diciendo que las cosas deben o no funcionar de cierta manera. Somos individuos con la capacidad de elegir. Y por lo menos en el mundo occidental y también en nuestro país, si como te expliqué anteriormente la situación particular socioeconómica lo permite, podemos elegir qué hacer de nuestra vida. De la misma manera que vos elegiste tu carrera, la articulista eligió la suya, como también lo hicieron los chicos del gato. Todo esto más allá del juego de genitales que le haya tocado a cada uno en suerte.
Pero volvamos.¿Leíste la información que se te presentó?
Te reitero la información para que la veas: Mujeres solteras sin hijos, trabajan y ganan lo mismo que los hombres. Pero trabajan y ganan menos cuando están casadas. Inclusive menos todavía que las casadas con hijos menores de 18 años.
http://www.aei.org/publication/new-bls-report-on-womens-earnings-much-of-the-17-gender-pay-gap-in-2014-explained-by-age-marriage-hours-worked/
Sí, las mujeres con hijos trabajan menos que las mujeres solteras, pero las mujeres casadas sin hijos trabajan menos todavía que las que tienen hijos.
¿No te hace ruido con todo lo que afirmaste? Si los hijos generan más trabajo doméstico, ¿por qué trabajan más que las que no los tienen?
Todo esto, siempre teniendo en cuenta que existe la posibilidad de dejar a los hijos en guarderías y poder disponer de personas para el trabajo doméstico.
¿Por qué las mujeres casadas trabajan menos que las solteras? ¿Porque son forzadas por la sociedad? ¿O acaso es una cuestión de elección personal?
Si seguimos mirando los datos, vamos a ver por ejemplo que las mujeres son las que toman la mayoría de las decisiones en el hogar:
http://www.livescience.com/1673-study-women-charge-home.html
O que las mujeres son las que manejan el 85% del dinero:
http://www.bloomberg.com/news/videos/b/9e28517f-8de1-4e59-bcda-ce536aa50bd6
Evidentemente las mujeres tienen no sólo la posibilidad, sino el poder de elegir. Pero no. En vez de atenernos a la evidencia, nos aferramos a una postura ideológica. Y apelamos a cosas incomprobables porque «Es invisible porque no existen leyes ni dispositivos sociales establecidos, ni códigos manifiestos que impongan a las mujeres semejante limitación.» (sic. del artículo.)
O hacemos afirmaciones que no se pueden sustentar: «cuando es reforzado por condena social» decís. ¿Quién condena a las mujeres que eligen estudiar ingeniería o astronomía? Por seguir con la línea del artículo.
Te cito y te acoto entre corchetes: «Y no se trata de que esté “necesariamente mal”, lo que si es problemático es cuando el condicionamiento limita tus libertades de desarrollo personal [condicionamiento que si existe, es más que cuestionable: la articulista como «Casi astrónoma, casi profesora de física» es suficientemente válido para cuestionarlo], cuando el condicionamiento cierra tus opciones, cuando es reforzado por condena social (que ante la ruptura del estereotipo, reacciona) [cita por favor] y sobre todo es problemático cuando esa segmentación conlleva consecuencias dispares de remuneración y condiciones laborales, [dicho todo esto cuando te presenté evidencia que los trabajos peores pagos son mayoritariamente masculinos, más allá
de las condiciones laborales que podemos encontrar en un cortadero de ladrillo, que te puedo asegurar que son mucho peores que las de una empleada doméstica] con todo lo que ellos supone en una sociedad donde la mayor parte del acceso al bienestar (y a la supervivencia) depende de la capacidad adquisitiva, afectando por ello, también, la autonomía y verdaderas oportunidades de las personas. [Seguro, todo se reduce a una cuestión de dinero. Lo que no se está teniendo en cuenta acá que es hombres y mujeres en iguales condiciones ganan lo mismo, y la mujer que trabaja menos o no trabaja por estar ocupada en el trabajo doméstico tiene su contraparte que le provee para su bienestar, más allá que son las que disponen del dinero y las hacen las elecciones en el hogar.] Entonces el problema es en si misma la desvalorización económica y social de ciertos trabajos (que tiene que ver con el género) [me remito a la acotación anterior.] y en algunos casos los propios mecanismos que producen la segmentación como un mandato.[¿Qué mecanismos? ¿Qué mandato? ¿Producido de qué manera? Es circular y te autoafirmás]»
Cito: «Cuando sugerís “hacer lo mismo” con “razas” o etnias y orientación sexual, en el sentido de pretender que no haya segementación, me parece bárbaro». Ah, fantástico. Empecemos a discriminar a las personas por sexo o raza. Porque es lo que te parece bárbaro. No importa lo que cada individuo quiera hacer, no importa el trabajo o el esfuerzo que haya invertido. Importan los genitales o el color de piel. Eso se llama discriminar. Yo estoy en contra de cualquier tipo de discriminación.
Cito: «es restrictivo para a libertad y oportunidades que la sociedad sea prescriptiva sobre lo que debe y puede hacer una persona en función de su color de piel u orientación sexual.» ¿La sociedad prescribe lo que cada individuo puede hacer? ¿Puede? ¿PUEDE?
¿Qué no pueden hacer las mujeres? ¿Qué no pueden hacer los negros? ¿Vos te das cuenta que con esa afirmación estás diciendo que mujeres y negros son incapaces? Existe infinidad de ejemplos de mujeres y negros en el pináculo de su profesión. «Puede»…
Cito: «Tu discurso meritocrático no se condice con la realidad. [Me molesta tener que citarme a mi mismo, porque eso significa que yo sigo escribiendo para que no me leas. http://www.lanacion.com.ar/1928968-yamila-miguel-la-argentina-de-34-anos-que-triunfa-en-la-nasa%5D Solo te advierto que el hecho de que nuestras oportunidades dependan de “si tenemos a suerte de tener un buen pasar económico” no solo reconoce que el punto de partida será desigual, [¿Y cuando afirmé yo lo contrario? Por supuesto que el punto de partida es desigual.] sino que encima desconoce que la suerte está muchas veces ligada a condiciones previas de segmentación [O sea que Yamila la rompe en la NASA, no porque se haya pelado el traste, ¿sino porque tuvo suerte? E insisto, esa segmentación de la que hablás afecta a todos por igual. Y que en un aserradero se gana el 30% que una empleada doméstica:
http://www.lanacion.com.ar/1747164-cuanto-pagan-los-empleos-mejor-y-peor-remunerados-en-la-economia-argentina%5D«.
Cito: «No podés dar or sentado que la igualdad existe, la tenes que verificar empíricamente. Y cuando vas a los datos, en el tema que nos compete (género), encontramos desigualdad.» Me parece que tenemos conceptos MUY diferentes de lo que significa igualdad.
Igualdad es igualdad de oportunidades. No que todo ámbito social se reduzca a 50 y 50. ¿Te das cuenta que para eso tendrías que forzar a muchas personas a hacer cosas que no quieren?
Cito: «Tus ejemplos son evidencia mal presentada. [No, tu sesgo ideológico no te permite observar la evidencia.] Cuando la pones en contexto queda clara la segmentación de género y la menor probabilidad de mujeres de acceder a, por ejemplo, la presidencia. [¿Sí? ¿Por qué? Porque se les impide a las mujeres hacer política, ¿no?] Por ejemplo: Dos mandatos de mujeres, ¿con relación a cuántos de varones? [¿Y? Eso es sólo evidencia de que que hubo más de unos que de otros. Lo demás es contrucción tuya que tenés que probar.] por otro lado existen evidencias de que para que una mujer alcance determinadas jerarquías políticas, por ejemplo, se le requieren esfuerzos mayores que para conseguir lo mismo un hombre. [No es la primera vez que hacés esta afirmación, todavía estoy esperando las citas para sostenerla.] Que no sea imposible que lleguen no desmiente que sea menos probable, ni que haya desigualdad.[En realidad sí. La capacidad y la posibilidad está. La probabilidad está dada en la participación, y ésta última en la elección.]»

Te hice dos preguntas específicas que no me contestaste. ¿Qué institución te segrega a vos y no a mí en base a los genitales?
Es una pregunta muy simple, y que requiere una respuesta simple. ¿Será que una disonancia cognitiva no te permite dar?
La otra pregunta fue que me expliques por qué las diferentes brechas de género son mayores en los países igualitarios.
Te recuerdo la información: http://kifinfo.no/en/2016/05/bigger-gender-gaps-rich-countries
¿Cómo, con todo lo que afirmaste anteriormente, es esto posible?

Frasco

15/03/2017

Frasco

Si bien ya deben estar medio podridos del tema, la wage gender pay gap creo que es diferente a lo que es las mujeres en Ciencia, y en lugares como STEM.

Pero en sí la brecha salarial es un tema MUY complejo del cual no hay concenso, a pesar de autoras como Christina Hoff Summers lo den por hecho y que se toman estadísticas de EEUU

Hay varios informes, uno de la OECD donde se exploran las diferentes explicaciones y sobre lo insatisfactorias que son, que aparentemente serían explicadas desde la discriminación, con la teoría de Claudia Goldin.

Además, hay un meta-análisis que es otra pieza de eviencia demuestra que no está ‘cerrada’ la brecha.

Si a alguno le interesa

http://www.nber.org/chapters/c12904

http://www.oecd.org/employment/emp/40937574.pdf

http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.0950-0804.2005.00256.x/full

http://www.keepeek.com/Digital-Asset-Management/oecd/employment/oecd-employment-outlook-2016/closing-gender-gaps-in-the-labour-markets-of-emerging-economies_empl_outlook-2016-8-en

Lupo

01/03/2017

Lupo

A ver, de las estadísticas oficiales británicas:
https://www.ons.gov.uk/employmentandlabourmarket/peopleinwork/earningsandworkinghours/bulletins/annualsurveyofhoursandearnings/2016provisionalresults

Cito:
«Explanation for the difference in the gender pay gap estimate between full-time and all employees

The gender pay gap estimate is calculated as a differential proportion of two median estimates, the middle points of the data, one for female and one for males. The composition of the male and female employee workforces are quite different, with more women working part-time than men (41% compared with 12% respectively – source: Labour Force Survey, Quarter 2 (April to June) 2016, Table EMP04). Because the hourly earnings of part-time employees tend to be less, on average, than the earnings of full-time employees, this means women are more likely to receive lower hourly rates of pay. It’s this fact that helps explain why the gender pay gap for all full-time and part-time employees is greater than the gender pay gap for full-time employees only.

Consider the following fictitious example (shown in table 2) representing the male and female samples collected on Annual Survey of Hours and Earnings (ASHE).

The male sample contains more full-time employees, while the female sample contains more part-time employees. When considering the full-time employees only, the majority of the male sample is used, whilst typically only the higher earners of the female sample are considered. Due to this, when taking the medians, that is the middle point of the selected sample, the gender pay gap is relatively small.

When all employees are considered, the typically lower-paid part-time workers are included, of which there are more lower-paid female workers than male. As a consequence, this causes the gap to increase (usually as a result of the female median decreasing).»

Debajo diractamente de esto mismo hay una tabla con la consideración horaria para los trabajos de tiempo parcial, full time, etc. donde se muestran las diferencias de horas trabajadas entre hombres y mujeres, más allá que se lee debajo de cada gráfico «Full-time defined as employees working more than 30 paid hours per week (or 25 or more for the teaching professions).»
Cuando explícitamente los hombres trabajan más horas que las mujeres.

En 5 minutos de lectura de la fuente vemos que el famoso pay gap tiende a 0 cuando analizamos las variables básicas.
Se puede hacer lo mismo con las estadísticas de USA, y esto ya está analizado en los enlaces que les dejé, no sé si los leyeron.
Pinker aclara esto superficialmente porque forma parte de su explicación de las diferencias entre hombres y mujeres, que sirve para refutar ciertas aseveraciones en el resto de la nota, por eso la cita.

Lupo

01/03/2017

Lupo

Gatos, piden que traiga la discusión acá. Pero no discuten ni acá ni en facebook.
Mientras tanto, cito de «la tabla rasa» de Steven Pinker:

Científicos e ingenieros abordan el tema desde la perspectiva de la hipótesis de la «tubería agujereada». Aunque las mujeres constituyen el 60% de los alumnos universitarios, y más o menos la mitad de los que se especializan en muchos campos de la ciencia, el porcentaje de las que pasan a la siguiente fase profesional disminuye a medida que pasan de estudiantes de licenciatura a estudiantes de posgrado, ayudantes posdoctorales, profesores no numerarios o profesores numerarios. Las mujeres constituyen menos del 20% de la población activa en el campo de las ciencias, la ingeniería y el desarrollo tecnológico, y sólo el 20% en el de la ingeniería. Los lectores de revistas insignia como Science y Nature han sido testigos de dos décadas de titulares como: «La diversidad: del dicho al hecho, todo un trecho» y «Los esfuerzos por estimular la diversidad se encuentran con problemas persistentes». Una historia típica, en la que se comentaba las muchas comisiones nacionales creadas para investigar el problema, decía: «La finalidad de estas actividades es seguir socavando un problema que, según los expertos, empieza con unos mensajes negativos en la escuela, continúa en los programas de licenciatura y de posgrado que levantan barreras (económicas, académicas y culturales) a todos los candidatos que no sean los mejores, y sigue en el lugar de trabajo». En una reunión de los rectores de nueve universidades estadounidenses de elite celebrada en 2001, se reclamaban «cambios importantes», por ejemplo crear becas y ayudas exclusivas para las mujeres de los claustros, darles los mejores sitios de aparcamiento en el campus, y garantizar que el porcentaje de mujeres en los claustros fuera el mismo que el de alumnas.
Pero hay algo raro en estas teorías sobre mensajes negativos, barreras ocultas y prejuicios de género. El método que sigue la ciencia es formular cualquier hipótesis que pueda explicar un fenómeno y descartarlas todas menos la correcta. Los científicos valoran la capacidad de pensar en explicaciones alternativas, y se espera que quienes lanzan una hipótesis refuten hasta las improbables. No obstante, en los debates tipo «tubería agujereada» de la ciencia, pocas veces se menciona siquiera una alternativa a la teoría de las barreras y los prejuicios. Una de las raras excepciones fue un suplemento de un artículo aparecido en Science en 2000, que citaba una exposición de la científica social Patti Hausman en la Academia Nacional de Ingeniería:
La pregunta de por qué las mujeres no eligen las carreras de ingeniería tiene una respuesta evidente: porque no quieren. Dondequiera que vayamos, nos encontraremos con que las mujeres entienden mucho menos que los hombres qué tienen de fascinante los ohmios, los carburadores o los quarks. Reinventar el currículo no hará que me interese más averiguar cómo funciona mi lavavajillas.
Una eminente ingeniera del público inmediatamente tachó el análisis de Hausman de «pseudociencia». Pero Linda Gottfredson, especialista en literatura sobre preferencias profesionales, señaló que Hausman tenía los datos de su parte: «En términos generales, a las mujeres les interesa más ocuparse de las personas, y a los hombres, de las cosas». Los tests profesionales demuestran también que los niños tienen más interés por profesiones «realistas», «teóricas» y de «investigación», y las niñas, por profesiones «artísticas» y «sociales».
Hausman y Gottfredson son unas voces solitarias, porque la brecha de género casi siempre se analiza de la siguiente forma: cualquier desequilibrio entre hombres y mujeres en su trabajo o sus ingresos es una prueba directa de prejuicio de género, si no en forma de discriminación abierta, en forma de mensajes desalentadores y barreras ocultas. La posibilidad de que hombres y mujeres puedan diferir entre sí de una forma que afecte al trabajo que realizan o a lo que se les paga nunca se puede mencionar en público, porque va a suscitar la causa de la igualdad en el lugar de trabajo y dañará los intereses de las mujeres. Fue esta convicción la que llevó a Friedan y Clinton, por ejemplo, a afirmar que no habremos alcanzado la igualdad entre los sexos hasta que los salarios y la representación en las profesiones sean idénticos para hombres y mujeres. En una entrevista por televisión de 1998, Gloria Steinem y la congresista Bella Abzug se refirieron a la idea de las diferencias de sexo como «paparruchas» y una «idea tonta antinorteamericana», y cuando le preguntaron a Abzug si igualdad de género significaba cantidades iguales en todos los campos, replicó: «Mitad y mitad, rotundamente». «Este análisis de la brecha de género también se ha convertido en la postura oficial de las universidades. El hecho de que los rectores de las universidades de elite del país no tengan reparos en acusar a sus colegas de vergonzoso prejuicio, sin ni siquiera considerar las explicaciones alternativas (las fueran a aceptar o no), demuestra cuán enraizado está el tabú.
El problema de este análisis es que la desigualdad en el resultado no se puede aducir como prueba de una desigualdad de oportunidades, a menos que los grupos que se comparen sean idénticos en todos sus rasgos psicológicos, lo cual sólo es probable que sea verdad si somos unas tablas rasas. Pero la teoría de que la brecha de género puede surgir, aunque sea en parte, de unas diferencias entre los sexos puede ser un insulto. Es seguro que a cualquiera que la defienda se le va a acusar de «querer mantener a las mujeres en su lugar» o de «justificar el statu quo». Esto tiene tanto sentido como afirmar que el científico que estudia por qué las mujeres viven más que los hombres «quiere que los hombres viejos se mueran». Y los análisis que desvelan los fallos de la teoría del techo de cristal, lejos de ser un ardid de hombres interesados, son obra en gran medida de mujeres, incluidas Hausman, Gottfredson, Judith Kleinfeld, Karen Lehrman, Cathy Young y Camilla Benbow, las economistas Jennifer Roback, Felice Schwartz, Diana Furchgott-Roth y Christine Stolba, la especialista en derecho Jennifer Braceras y, con más reservas, la economista Claudia Goldin y la especialista en derecho Susan Estrich.
Creo que estas autoras nos ofrecen una interpretación de la brecha de género mejor que la estándar, por una serie de razones. Su análisis no teme la posibilidad de que los sexos puedan diferir y, por consiguiente, no nos obliga a escoger entre las conclusiones científicas sobre la naturaleza humana y el trato justo de las mujeres. Ofrece una comprensión mucho más compleja de las causas de la brecha de género, una interpretación que es coherente con nuestra mejor ciencia social. Tiene una visión más respetuosa de las mujeres y de sus decisiones. Y, en última instancia, promete unos remedios más humanos y efectivos para las desigualdades de género en el trabajo.
Antes de exponer el nuevo análisis que de la brecha de género hacen las feministas de la equidad, voy a reiterar tres puntos que no se discuten. Primero, desalentar a las mujeres en la realización de sus ambiciones y discriminarlas por su sexo son injusticias que hay que detener dondequiera que se descubran.
Segundo, no hay ninguna duda de que las mujeres se enfrentaron a una discriminación generalizada en el pasado y lo siguen haciendo hoy en algunos sectores. Esto no se puede demostrar alegando que los hombres ganan más que las mujeres o que la ratio entre sexos se aleja del cincuenta por ciento para cada uno, sino que hay que demostrarlo de otra forma. Se puede realizar el experimento de mandar falsos currículos o propuestas de subvenciones que sean idénticos en todos los sentidos excepto en el sexo del solicitante, y ver si reciben un trato diferente. Los economistas pueden hacer un análisis de regresión que mida las cualificaciones y los intereses de las personas y determine si los hombres y las mujeres ganan cantidades distintas, o se les promociona a un ritmo diferente, cuando sus cualificaciones e intereses se mantienen estadísticamente constantes. La idea de que las diferencias en el resultado no demuestran una discriminación a menos que se hayan equiparado otros rasgos relevantes es elemental en la ciencia social (por no hablar del sentido común), y la aceptan todos los economistas cuando analizan conjuntos de datos en busca de pruebas de discriminación salarial.
Tercero, no tiene sentido la pregunta de si las mujeres están «cualificadas» para ser científicas, directoras ejecutivas, dirigentes de los países o profesionales de élite de cualquier tipo. Se respondió definitivamente hace años: unas sí y otras no, igual que unos hombres están cualificados y otros no. La única pregunta es si las proporciones de hombres y mujeres cualificados han de ser idénticas.
Como ocurre con otros muchos temas relacionados con la naturaleza humana, la negativa de las personas a pensar en términos estadísticos ha llevado a unas dicotomías falsas y sin sentido. De lo que se trata es de cómo pensar en las distribuciones de género en las profesiones sin tener que escoger entre los extremos de «Las mujeres no están cualificadas» y el «Mitad y mitad, rotundamente», o entre «No existe discriminación» y «Sólo existe la discriminación».
En un mercado de trabajo libre y sin prejuicios, a las personas se les contrata y se les paga de acuerdo con el ajuste entre sus rasgos y las exigencias de un trabajo. Un determinado empleo requiere cierta mezcla de dotes cognitivas (por ejemplo, una destreza matemática o lingüística), rasgos de personalidad (por ejemplo, la asunción de riesgos o la cooperación) y tolerancia a las exigencias del estilo de vida (programas rígidos, traslados, capacidad de actualización en el trabajo). Y ofrece cierta mezcla de recompensas personales: gente, entretenimiento, ideas, salir de casa, orgullo y camaradería. En el salario influye, entre otras cosas, la oferta y la demanda: cuántas personas quieren el trabajo, cuántas lo pueden realizar y a cuántas puede pagar el patrón para que lo hagan. Los puestos de trabajo que se cubren enseguida se pagarán menos; los que son difíciles de cubrir se pagarán más.
Nada de todo esto implica que las mujeres vayan a quedar relegadas a los últimos puestos. Depende del menú de oportunidades que una determinada sociedad ofrezca. Si existen más trabajos de alta remuneración que requieren unas virtudes típicamente masculinas (por ejemplo, la disponibilidad a asumir situaciones de riesgo, o un interés por las máquinas), es posible que a los hombres les vayan mejor las cosas; si son más los trabajos de esa clase los que exigen virtudes típicamente femeninas (por ejemplo, una buena competencia lingüística, o interés por las personas), las cosas les irán mejor a las mujeres en términos generales. En cualquier caso, habrá miembros de ambos sexos en los dos tipos de trabajo, aunque en cantidades diferentes. Por esto algunas profesiones relativamente de prestigio están dominadas por las mujeres. Un ejemplo es mi propio campo profesional, el estudio del desarrollo del lenguaje en los niños, en el que las mujeres superan a los hombres por un amplio margen. En su libro El primer sexo, la antropóloga Helen Fisher especula sobre la idea de que la cultura de la empresa, en nuestra economía globalizada e impulsada por los conocimientos, pronto va a favorecer a las mujeres. Las mujeres saben expresarse mejor, son más colaboradoras, no se obsesionan tanto por el rango y saben negociar mejor unos resultados que beneficien a todos. Los trabajos del nuevo siglo, aventura la autora, exigirán cada vez más este tipo de cualidades, y es posible que las mujeres aventajen a los hombres en estatus e ingresos.
No es probable, por ejemplo, que en el ámbito académico los matemáticos tengan unos prejuicios inusuales con las mujeres, los psicolingüistas del desarrollo los tengan con los hombres y los psicólogos evolutivos estén libres de prejuicios.
En algunas pocas profesiones, las diferencias de habilidad pueden desempeñar cierto papel. El hecho de que más hombres que mujeres tengan unas habilidades excepcionales en el razonamiento matemático y en la manipulación mental de objetos tridimensionales basta para explicar un alejamiento de la ratio del 50% entre los ingenieros, los físicos, los químicos orgánicos y los profesores de algunas ramas de las matemáticas (lo cual, por supuesto, no significa que la proporción de mujeres deba aproximarse a cero, ni mucho menos).
En la mayoría de las profesiones, las diferencias medias de habilidad son irrelevantes, pero las diferencias medias en las preferencias pueden situar a los sexos en trayectorias distintas. El ejemplo más claro procede del análisis de David Lubinski y Camilla Benbow de una muestra de alumnos de séptimo de primaria precoces en destrezas matemáticas, en un estudio de ámbito nacional. Los adolescentes habían nacido durante la segunda ola de feminismo, habían recibido el estímulo de sus padres para que desarrollaran sus dotes (todos habían asistido a programas de verano de matemáticas y ciencias) , y eran perfectamente conscientes de su capacidad. Pero las niñas les decían a los responsables del estudio que les interesaban más las personas, los «valores sociales» y los objetivos humanitarios y altruistas, mientras que los niños decían que sentían mayor interés por las cosas, los «valores teóricos» y la indagación intelectual abstracta. En la universidad, las jóvenes elegían una amplia variedad de cursos de humanidades, arte y ciencias sociales, mientras que los jóvenes se aferraban a las matemáticas y las ciencias. Y menos del 1% de las muchachas se doctoraba en matemáticas, ciencias físicas o ingeniería, mientras que en los chicos la media era del 8%. Las mujeres optaban por medicina, derecho, humanidades y biología.
Esta asimetría es patente en estudios masivos sobre valores relacionados con el trabajo y decisiones profesionales, otro tipo de estudio en el que hombres y mujeres dicen realmente lo que quieren, sin que haya unos activistas que hablen por ellos. Como promedio, la autoestima de los hombres está más vinculada a su estatus, su salario y su riqueza, como lo está también su atractivo como pareja sexual y de matrimonio, como revelan estudios sobre lo que las personas buscan en el sexo contrario. Y, algo que no es extraño, los hombres dicen que están más dispuestos a trabajar más horas y a sacrificar otras partes de su vida —vivir en una ciudad menos atractiva, o separarse de los amigos y la familia si han de trasladarse— para ascender en el trabajo o conseguir destacar en su campo. En términos generales, los hombres también tienen mayor disposición a aceptar la incomodidad y el peligro físicos, por lo que es más probable encontrarlos en trabajos desagradables pero relativamente lucrativos, por ejemplo en la reparación de equipamientos de producción, en plataformas petrolíferas o con el martillo neumático arrancando los sedimentos en el interior de los tanques de petróleo. Las mujeres, como promedio, tienden más a escoger trabajos de apoyo administrativo, de salarios inferiores, en oficinas con aire acondicionado. Los hombres asumen más riesgos, algo que se refleja en sus trayectorias profesionales incluso cuando las cualificaciones se mantienen constantes. Los hombres prefieren trabajar para empresas; las mujeres, para organismos estatales y organizaciones sin ánimo de lucro. Los médicos se suelen especializar más y dedicarse a la medicina privada; las médicas suelen ser de medicina general y trabajar en hospitales y clínicas. Los hombres son más propensos a ocupar cargos de gestión en empresas; las mujeres, cargos de gestión de recursos humanos o de comunicación corporativa.
En general, las madres están más unidas a sus hijos que los padres. Así ocurre en todas las sociedades del mundo, y probablemente así haya ocurrido desde que se desarrollaron los primeros mamíferos hace unos doscientos millones de años. Como dice Susan Estrich: «Esperar que se rompa la conexión entre paternidad y género supone esperar a Godot». Esto no significa que en ninguna sociedad las mujeres jamás hayan tenido interés por el trabajo; en las sociedades de cazadores-recolectores, las mujeres hacen la mayor parte de la recolección, y algunas la caza, especialmente cuando intervienen redes, y no piedras o lanzas. Tampoco significa que en cualquier sociedad los hombres sean indiferentes con sus hijos; la inversión parental del macho es una característica llamativa y zoológicamente inusual del Homo sapiens. Pero sí que significa que machos y hembras pueden situar en distintos puntos el equilibrio biológicamente omnipresente entre invertir en un hijo y trabajar para mantenerse sano (en última instancia, para engendrar o invertir en otros hijos). Las mujeres no sólo son el sexo que cuida, sino que se preocupan más por el bienestar de sus bebés y, según dicen en las encuestas, otorgan mayor valor a pasar tiempo con sus hijos.
De modo que, aunque los dos sexos valoran el trabajo y ambos valoran a los hijos, el diferente peso que dan a tal valor puede llevar a las mujeres, más a menudo que a los hombres, a tomar decisiones profesionales que les permitan estar más tiempo con sus hijos —menos horas u horarios más flexibles, menos traslados, unas destrezas que no queden obsoletas tan pronto— a cambio de un salario inferior o menos prestigio. Como señala la economista Jennifer Roback: «Cuando vemos que las personas sacrifican los ingresos económicos por otras cosas placenteras, prácticamente no podemos deducir nada de la comparación del salario de una persona con el de otra». Gary Becker ha demostrado que el matrimonio puede magnificar los efectos de las diferencias de sexo, aunque sean pequeñas, debido a lo que los economistas llaman «la ley de la ventaja comparativa». En las parejas donde el marido puede ganar un poco más que la mujer, pero ésta de algún modo se entiende mejor con los hijos, ambos pueden decidir racionalmente que estarán mejor si ella trabaja menos que él.
Digámoslo una vez más: nada de todo esto significa que la discriminación sexual haya desaparecido ni que, cuando se produce, esté justificada. Lo que ocurre es simplemente que las brechas de género por sí mismas nada dicen de la discriminación, a menos que las tablas de hombres y mujeres sean rasas, cosa que no es así. La única forma de establecer la discriminación es comparar el trabajo y el salario de unos y otras cuando las opciones y las cualificaciones están igualadas. Y de hecho, un reciente estudio de datos del Estudio Nacional Longitudinal de la Juventud descubrió que las mujeres sin hijos de entre 27 y 33 años ganan 98 centavos por cada dólar que ganan los hombres. Algo que no debería sorprender ni siquiera a quienes recelan de las motivaciones de los patronos norteamericanos. En un mercado implacable, cualquier empresa que sea lo bastante estúpida para prescindir de mujeres cualificadas o para pagar en exceso a hombres no cualificados quedaría marginada del negocio por otro competidor más meritocrático.
Hay otra razón de que reconocer las diferencias de sexo pueda ser más humano que negarlas. Son los hombres y las mujeres, no el sexo masculino ni el sexo femenino, quienes prosperan o sufren, y esos hombres y esas mujeres están dotados de unos cerebros —que tal vez no sean idénticos— que les dan valores y una capacidad para tomar decisiones. Estas decisiones se han de respetar. Son habituales las historias de mujeres a quienes se hace sentir avergonzadas por quedarse en casa con sus hijos. Como ellas dicen siempre: «Creía que se suponía que el feminismo tenía que ver con las decisiones». Lo mismo se debe aplicar a las mujeres que deciden trabajar pero renuncian a parte de los ingresos para «tener una vida» (y, por supuesto, a los hombres que toman la misma decisión). No es obviamente progresista insistir en que sea la misma cantidad de hombres y mujeres la que trabaje semanas de cuarenta horas en un bufete de abogados o que dejen a sus familias durante meses para sortear tuberías de acero en una plataforma petrolífera. Y es grotesco exigir (como hacían en las páginas de Science los abogados de la paridad de género) que se «condicione» a más mujeres jóvenes «a escoger ingeniería», como si fueran ratones de la caja de Skinner.
Gottfredson señala: «Si se insiste en usar la paridad de género como medida de la justicia social, significa que hay que impedir a hombres y mujeres que realicen el trabajo que más les guste y obligarles a trabajar en lo que no les gusta». Kleinfeld, al referirse al fenómeno de la tubería agujereada en las ciencias, repite la misma idea: «Si las mujeres [de inteligencia excepcional] deciden ser maestras y no matemáticas, periodistas y no físicas, abogadas y no ingenieras, no deberíamos mandarles mensajes en que se les diga que son unos seres humanos de menor valor, menos valiosos para nuestra civilización, perezosos o de baja condición social». No son éstas preocupaciones hipotéticas: un estudio reciente de la Fundación Nacional de Ciencias descubrió que muchas más mujeres que hombres dicen que se especializaron en ciencias, matemáticas o ingeniería por la presión de los profesores o la familia, y no por seguir las que eran sus propias aspiraciones —y que muchas al final abandonaron por esa razón—. Dejaré la última palabra a Margaret Mead, quien, pese a equivocarse en sus inicios profesionales al hablar de la maleabilidad del género, no hay duda de que estaba en lo cierto cuando decía: «Si queremos alcanzar una cultura más rica, rica en un contraste de valores, tenemos que reconocer toda la gama de potencialidades humanas, y así elaborar un tejido social menos arbitrario, en el que cada uno de los diversos dones humanos encuentre su lugar»

Lupo

20/02/2017

Lupo

Preferencia de 2:1 para la contratación de mujeres en STEM:
http://www.pnas.org/content/112/17/5360.full

Meta-análisis sobre mujeres en ciencia:
http://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/1529100614541236

Y cito del último:
«We conclude by suggesting that although in the past, gender discrimination was an important cause of women’s underrepresentation in scientific academic careers, this claim has continued to be invoked after it has ceased being a valid cause of women’s underrepresentation in math-intensive fields. Consequently, current barriers to women’s full participation in mathematically intensive academic science fields are rooted in pre-college factors and the subsequent likelihood of majoring in these fields, and future research should focus on these barriers rather than misdirecting attention toward historical barriers that no longer account for women’s underrepresentation in academic science.»

Lupo

15/02/2017

Lupo

Es mucho para escribirlo por acá.
Dejo enlace con las anotaciones al artículo.
A ver si al gato le importan más las evidencias o las ideologías…
https://via.hypothes.is/https://pabgon18.dream.press.ar/escaleras-y-serpientes/

Leo

12/02/2017

Leo

La estadística es lo que es, eso. Pero no estot de acuerdo para nada con las hipotesis que enuncian como explicacion del fenomeno distributivo (que en la nota se muestran como razones zanjadas en base a lo que dijo tal o a lo que dijo cual…). O sea, para mi no hay una caracterización por genero a la hora de evaluar informes, pedidos de promos y proyectos. Y lo explico en tres lineas: nuestro sistema cientifico es competitivo, te tenes que matar para tener mas antecedentes que el vecino, en el laboratorio promedio el 80% son mujeres y cuando suena la alarma de las 17:00 salen todas corriendo, aunque tengas los experimentos entregando resultados en precario equilibrio, o aunque tengas deadlines on fire. En esas situaciones, after 17, o si hace falta un fin de semana o feriado las proporciones pasan de 80:20 a 20:80, y termina siendo lo que hace a la diferencia. Mismo cuando hay que poner la cara y dar un oral frente a un auditorio o hacer una estadía en un lab de pais extranjero, una buena proporcion de mujeres se bajan o no mueven un dedo.para que suceda. En otras palabras, no tienen el coraje que hay que tener para lanzarse a hacer cosas nuevas y desconocidas. Chocamos con la diferencia entre el hombre y la mujer, justamente en un ámbito que requiere innovacion, mandarse. Soy un convencido que la mujer tiene capacidades muy superiores en actividades que no imponen precipicios adelante todos los días, y por ejemplo, me preocupa (deberia preocuparnos a todos) que la proporcion de ingresantes y egresados universitarios este tan lejos del 50:50. porque despues tareas importantes hay para profesionales con ambas caracteristicas, sin ir en desmedro de niguna de las dos

Kanela Rosas

11/02/2017

Kanela Rosas

Me pareció bastante interesante y bueno el artículo! Lo que faltaría, en mi opinión, es una crítica al capitalismo que justamente se vale del patriarcado para mantener no sólo la división de género sino también la división de clases. Lxs científicxs son trabajadores que proporcionan conocimiento y que finalmente ese conocimiento está dispuesto al servicio de las clases dominantes. Te recomiendo leer «Pan y Rosas: pertenencia de género y antagonismo de clase.» Que explica claramente el rol de la ujer trabajadora en este sistema. Saludos!!

Lucia Alvarez

11/02/2017

Lucia Alvarez

Faltan políticas públicas que sostengan a las madres científicas para que podamos embarcarnos en proyectos que requieran más de nuestro tiempo. Un bebé necesita leche materna y contacto materno (traducido en tiempo) por lo menos hasta los 2 años (así, el bebé se enferma menos y podremos trabajar más, y ese bebé contenido por su madre será parte de un mundo más humano, pero ese es otro tema). Entonces, necesitamos una licencia de 6 meses para luego rendir más. Necesitamos niñeras o guarderías que cuestan mucho dinero, para estar tranquilas de que nuestro bebé está bien atendido y entonces poder poner la cabeza en el trabajo. Necesitamos flexibilizar muchos aspectos para poder rendir proporcionalmente a los hombres en esa etapa de nuestras vidas…

Sami

06/09/2016

Sami

Me encantó!.
Ejemplo de la Facultad de Psicología: altísimo porcentaje de mujeres en la carrera y de docentes en los cargos más bajos, pero pocas jefas de cátedra (mayoría de profesores hombres en los cargos docentes más altos).

Frasco

01/08/2016

Frasco

Pula, quiero ssaber que pensás del reporte de 2009 hecho por la CONSAD, sobre la sex gender wawe gap.

Quizás, ya estés en el tema y lo hayas leído, y hasta tengas una crítica o pensamiento sobre el mismo, pero dejo alguinas cosas que dice:

«During the past three decades, women have made notable gains in the workplace and in pay equity, including increased labor force participation, substantial gains in educational attainment, employment growth in higher paying occupations, and significant gains in real earnings.

«In 1970, about 43 percent of women aged 16 and older were in the labor force; by 2007, over 59 percent were in labor force.
In 1970, only 17.9 percent of women aged 25 and older had gone to college; by 2000, almost half had gone to college; and by 2006 one-third of the women in the labor force held a college degree.

In 2007, women accounted for 51 percent of all workers in the high-paying management, professional, and related occupations. They outnumbered men in such occupations as financial managers, human resource managers, education administrators, medical and health services managers, and accountants and auditors.
In 1970, the median usual weekly earnings for women working full-time was only 62.1 percent of those for men; by 2007, the raw wage gap had shrunk from 37.9 percent to just 21.5 percent.»

Lueego, explica algunos por qués de la brecha, tomando en cuenta algunas variables:
«There are observable differences in the attributes of men and women that account for most of the wage gap. Statistical analysis that includes those variables has produced results that collectively account for between 65.1 and 76.4 percent of a raw gender wage gap of 20.4 percent, and thereby leave an adjusted gender wage gap that is between 4.8 and 7.1 percent. These variable include:

A greater percentage of women than men tend to work part-time. Part-time work tends to pay less than full-time work.
A greater percentage of women than men tend to leave the labor force for child birth, child care and elder care. Some of the wage gap is explained by the percentage of women who were not in the labor force during previous years, the age of women, and the number of children in the home.
Women, especially working mothers, tend to value “family friendly” workplace policiesmore than men. Some of the wage gap is explained by industry and occupation, particularly, the percentage of women who work in the industry and occupation.»

Sin embargo.
«Research also suggests that differences not incorporated into the model due to data limitations may account for part of the remaining gap. Specifically, CONSAD’s model and much of the literature, including the Bureau of Labor Statistics Highlights of Women’s Earnings, focus on wages rather than total compensation. Research indicates that women may value non-wage benefits more than men do, and as a result prefer to take a greater portion of their compensation in the form of health insurance and other fringe benefits.»

Fuente:
https://www.shrm.org/hr-today/public-policy/hr-public-policy-issues/Documents/Gender%20Wage%20Gap%20Final%20Report.pdf

Jimena

30/07/2016

Jimena

Hola Paula. Excelente el artículo. He estado trabajando este tema para exponerlo en una charla TEDx ( más general, no específico del sector científico) y me costó mucho encontrae material de tanta calidad y amplitud como el tuyo, que resuma toda la cuestión. Mi conclusión fue que lo más difícil para nosotras es la confianza en nosotras mismas, tanto para encarar los desafíos de la profesión como para ir a pelear un sueldo. Y tiene que ver con todas estas ideas y preconceptos con los que cargamos. Coordino una Comunidad de Mujeres Emprendedoras en Rosario y veo como se suman chicas jóvenes hasta 30 años y luego mujeres de más de 50. El tema de la edad fértil es clave. Cual debería ser la propuesta? Como podemos equiparar el tema?
Me encantaría leer más artículos como este. Gracias por tu trabajo :)

Marina

29/07/2016

Marina

Ay! Te amé. El artículo es genial, y me reí mucho. Felicitaciones!

Ana

26/05/2016

Ana

Gran nota. Me diste más ganas de empezar la carrera y más ganas de llegar lejos.

Enrique Alfonso

11/05/2016

Enrique Alfonso

Además de una excelente nta, excelentes os comentarios, lo cual lleva más tiempo que leer la nota y si me disculpan voy a hacer las tareas que me faltan en el hogar… Mi compañera de vida es epidemióloga y Máster en Salud colectiva… a los 53 está pensando en el doctorado y duda porque encima le cobran (?) ¿A los varones también nos cobran?

Soy profe de Profesorado en Nivel Inicial y la lucha por educación integral desde la cuna debe incluir en su agenda todo lo que están remarcando, compañeras.
Comparto con mis estudiantes para hacernos eco de mover el avispero y romper con el silencio cómplice en muchos ámbitos. No se extrañen si aperecen comentarios de ellas…

Eugenio

25/03/2016

Eugenio

Me resulta difícil imaginar que se pueda hablar de igualdad de género, en cualquier ámbito, mientras persista la más vergonzosa explotación de la mujer: ser ama de casa. Trabajo de mierda, insalubre y denigrante. La aceptación social que tiene esa forma inaceptable de esclavitud es lo más triste. Ser «buena madre y esposa» es su mandato.
Es toda una cultura que también se sostiene desde lo simbólico. Publicidades donde la mujer sólo puede ser feliz de dos maneras: mostrando el culo o limpiando pisos. Comedias románticas de cuarta. Y un largo etcétera.
Podemos discutir si está bien o no decir un piropo no grosero, o mirar una chica con linda figura mientras nos mordemos el labio inferior; pero sin dudas es inaceptable la desigualdad salarial. Una verdadera vergüenza.
Imagino que debería apuntar a esos objetivos, sin descuidar otros, la verdadera lucha por la igualdad de género. Lucha tan noble como la de otras igualdades. Y que cuentan con mi total apoyo.

Julieta

18/03/2016

Julieta

Hola!! hace tiempo que lxs vengo leyendo (y recomendando) gatos y gatas y nunca les dejé un comentario, a pesar de lo geniales e inspiradores/as que son. Así que bueno, aprovecho este espacio para agradecerles por lo que hacen y en especial a la autora de esta nota que realmente me parece una capa total!jaja
saludos!!! y sigan así por favor, que en las futuras generaciones todas estas sutiles, pero importantísimas semillas van a dar sus frutos xD

Eric

16/03/2016

Eric

Hablando de mujeres que hicieron un aporte histórico a la ciencia… aguante Emmy Noether!

Ive

14/03/2016

Ive

me emocionó mucho la nota y algunos comentarios muy lindos. fuerza chicas, que el primer paso ya está dado y no hay que retroceder. <3

NaN

10/03/2016

NaN

Ey! pase a leer tu nota, que es tan inspiradora como siempre.
Como Ingeniera en sistemas debo decirte que las mujeres no solo tenemos como límite, el mandato generacional (?) y las dificultades de en mi caso una carrera dictada por demasiados hombres (de hojalata), sino que encima tenemos que lidiar con otras mujeres que te sesgan a ocupar tal o cual puesto laboral. Me ha tocado durante unos 8 años tener jefas mujeres, que no solo beneficiaban a los varones en muchas cosas sino que encima relegaban a las mujeres a trabajos administrativos… y de lo técnico deja que se ocupen los machitos, así es como varias analistas/ingenieras se encuentra prácticamente trabajando de secretarias.
Me toco también formar parte de varios comité en mi universidad y muchas de las pocas mujeres que se encuentran estudiando alguna carrera de ingeniería se encuentran con la dificultad de tener profesores que establecen a voz viva que «usted es mujer y tiene que demostrar!» , lamentablemente las universidades hacen caso omiso de este tipo de cosas y aunque el profe tenga varias quejas al respecto sigue siendo jefe de cátedra. O como me paso en persona, el profesor hizo algo como decir que trajo un disco rígido para que las mujeres vieran «por que seguramente lo único que vieron en su vida fueron 4 hornallas» (Literal)
Si, estamos lejos de ser iguales, sobre todo porque muchas mujeres todavía siguen remando para el lado equivocado y atacando a la colega.
Como fan … re contra fan de LOTR debo decir que me encantaron las analogías jajajaja
Como siempre un gusto leerla.

Sandra Goñi

10/03/2016

Sandra Goñi

¡Excelente nota Paula! Gracias por poner en evidencia, en claras palabras todo esto que nos anda pasando…esta «falsa inclusión» que anda dando vueltas!
¡Gracias y sigo leyendo lo que escribas!

Martin Ezequiel Farina

10/03/2016

Martin Ezequiel Farina

Muy bueno. En realidad no tanto si tomamos en cuenta que lo que se esta destacando son desigualdades reales que nada tienen de bueno, pero leerlas es un golpe en la nuca para los ingenuos que creíamos que «en la ciencia hay mayor igualdad de género». Mierda, estaba mirando Sailor Moon, no la lista de CONICET. Asi que fue un pequeño sacudón que agradezco.
Y de jodido nomás, voy a decir que no estoy de acuerdo con la anteúltima oración. No toda mujer bonita es la que lucha, no toda la que lucha es bonita, no toda lucha te hace bonita, no todas las feas son pasivas socialmente, no todas… bueno, creo que entendieron.
En fin, excelente artículo, un abrecabezas de género.

Pablo Altruís

09/03/2016

Pablo Altruís

Hola Pula, en Facebook estoy como Pablo León Altruís, a quién a este punto imagino que considerarás enemigo número 1 del feminismo.
Obviando nuestros antiguos intercambios de comentarios voy a referirme a tu artículo (no al feminismo, al revés de como hice en aquellos comentarios), y en el caso en que lo merezca seguir intercambiando comentarios por aquel medio porque no dudo que por este me resulte incómodo por no recibir notificaciones,etc. Si podés y no te es de mucha molestia chateamos por Facebook mediante mensaje privado.

Casi al principio aclaraste «Lo primero que hay que decir es que prácticamente no existen estadísticas oficiales respecto de los últimos 10 años del sistema científico nacional(…)». Osea que hubo falta de información, la cuál no especificaste si son estadísticas de distinción por género o datos «X». Sería bueno que lo aclares.

Salvo la siguiente cita: «Diana Maffia (…) dice en uno de sus trabajos que hay cierta preferencia a elegir directores varones(…)» que entiendo como un caso particular; hay alguna razón para ajudicar una tendencia sexista? Me explico; los datos no hacen referencia a que la proporción entre hombres y mujeres en cargos jerárquicos sea adjudicable a una cuestión de género. De hecho, salvo la cita anterior no hay una causa que indique dicha proporción en los datos restantes.

Milagros

09/03/2016

Milagros

Siempre me gustan las notas de esta página, pero especialmente las tuyas.
Queda muchísimo por hacer, y eso es parte de lo que me da fuerzas para seguir en mi carrera, gracias por recordarmelo!

Daniela

08/03/2016

Daniela

Creo que te quiero. Vengo de una reunión donde me pelotudearon de todas las maneras posibles por pedir condiciones de igualdad más justas, pero llego y me encuentro con esto. Casi lloro de la belleza. Hay que seguir peleándola nomás.

Lala

08/03/2016

Lala

Estudié en un secundario industrial, cuando egresé eramos 11 alumnos, sólo 3 éramos mujeres.
Ninguna de las 3 estudió Ingeniería.
No sé si por mandato o por vocación y no sé hasta donde las dos no están entremezcladas.
Yo elegí la docencia y hago todo lo q puedo para q a mis alumnos se les dé por la curiosidad, pero sobre todo para que mis alumnas puedan diferenciar vocación de mandato y sepan que pueden ser lo que quieran.
Textos como éstos me hacen sentir que voy en la dirección correcta.
Gracias Gatos!!

Pd: Ya sos mi astrónoma preferida, no es q conozca otros, pero igual.

cuqui

08/03/2016

cuqui

Una pregunta por curiosidad y sin ánimos de ofender: Más allá de que en los rangos más altos hay un porcentaje mucho mayor de hombres que de mujeres… El hecho de que el porcentaje de becarios mujeres es superior al 50% escapa al análisis? digo.. solo queda en un BUENÍSIMO?

Gonzalo

08/03/2016

Gonzalo

Si quieren tener más participación en las ciencias deben crear. La participación en espacios mas amplios de las ciencias se les dará a las mujeres cuando más útiles sean sus capacidades para crear investigaciones de valor científico. Eso no lo van a obtener ni escribiendo ni leyendo artículos como este. La igualdad entre el hombre y la mujer también la tienen que considerar una oportunidad para convertirse en mejor seres humanos, y darse cuenta que como seres humanos hay unos mejores que otros para ciertas actividades, y que es injusto que una Científica gane lo mismo que un Científico si la mujer no tiene las mismas capacidades técnicas que el hombre, es injusto si es un reclamo totalmente verticalizado sobre el SER MUJER.
«Pero acá lo más importante no es simplemente el número de hombres y mujeres, sino cómo se distribuyen según las categorías», te pusiste a pensar que esto se dé quizá por que las capacidades de las mujeres no sean las mismas? Mirá que puede ser, eh?
«…la rigurosidad, el criterio y la racionalidad, características de las ciencias exactas y naturales e ingenierías», comiencen a aplicarla en todos los ámbitos de la vida, y verán como son mejores mujeres y mejores científicas.
El reclamo de igualdad de la mujer debe ser fundamentado, no un reclamo pura y llana mente de género. Hagansé útiles. Dejen de ser un estorbo. Dejen de llorar cuando la cosa se pone fea. Dejen de actuar como minitas histéricas en el trabajo. Dejen de inventar acosos. Sean mas sinceras.

Si quieren igualdad, sean igual de competentes.

Rocio

08/03/2016

Rocio

Buenísima la nota, Pula! Por suerte en mi carrera (Biología) hay muchas mujeres estudiando y en los laboratorios de investigación de la Univ se ven muchísimas mujeres, incluso como Jefas de Laboratorio. Ojalá sea porque de a poquito las cosas empiezan a cambiar! Y aunque eso cambie, hay muchas otras cosas que todavía siguen igual y que hay que revisar. Pongo por ejemplo algo que decía alguien más arriba, cito: » donde a veces se sabe que tal o cual docente si sos mujer te pone la nota en función de que tan buena estas o que tan corta uses la pollera el día del final», que es algo que vi mucho con docentes hombres y me asquea sobremanera. (Y más que asquean las pibitas haciendose las pobrecitas super escotadísimas tratando de conseguir notas altas, lo que demuestra que no son sólo los hombres los culpables de todos nuestros sufrimientos, como he escuchado por ahí, sino que somos todos).
Por suerte nunca sufrí ninguno de esos prejuicios de que la ciencia era para hombres ni cosas así, todos contentos con mi elección de carrera! Por eso me llamó la atención leer que a gente le pasó. Qué terrible, no? Saludos!

Gulet

08/03/2016

Gulet

Hola. Gracias. Me gusta la nota. Quizás sería bueno empezar a llamar a Marie por su apellido polaco y no por el de su merido. Yo empiezo: Marie Skłodowska. Eso sí, tendríamos que buscar a alguien que nos ayude a pronunciarlo (a falta de emoticón: cuek!). También agrego: prácticamente toda la física del último medio siglo se desarrolló en base al teorema de Noether, Emmy Noether. Parece que la tipa era una cosa de locxs. Entiendo que es imposible nombrar a todas las mujeres que han hecho contribuciones significativas en ciencias, pero creo que sus aportes son aún más trascendentes que los de varias de sus pares nombradas. Perdón por el atrevimiento. Un abrazo y gracias!

NATALIA

08/03/2016

NATALIA

Mil millones de gracias por la nota. Pero posta.
Lo que me pone bien, es saber que hay muchas mujeres y hombres que entienden el problema, que en definitiva es que repartir la torta (que a menudo es una torta estatal, bancada por todos) según si sos nena o nene no es tan eficaz como repartirla según si sos mejor o peor como científico.
Lo que no me pone tan bien, es que capaz se le da la re-bola a este problema y a otros «importantes» pero después papá llega a casa y el domingo le enseña a hacer el asado al hijo mientras la hija hace la ensalada con mamá. ¿Y por qué? Y porque es así. Y porque siempre fue así. Y lo mismo con azul-rosa, pelota-muñeca y todo lo que quieran. Y medio que no son dos problemas, son el mismo, y no se lo quiere ver.

No me quiero explayar mucho tampoco, pero me parece re importante agarrar el problema todo. Porque si permitimos unas facetas del problema, y nos quejamos de otras, somos bastante incoherentes.

Ah, y me RE QUEDO la frase «Ascender en la carrera de investigador es más difícil que ganar la final del Mortal Kombat, y es como que la mujer no tiene los truquitos para las fatalities». Gracias por tanto.

Guadalupe

07/03/2016

Guadalupe

Genial! Estamos armando una charla del estilo para presentar el viernes con la info de la Universidad de Río Negro. Estuvimos la radio con un adelanto contando más o menos esos números de la pirámide de CONICET. Y nos pasó lo mismo: no hay datos públicos (tuvimos que sentarnos a contar del pdf del padrón a mano porque ni excel hay disponible). Y no es un dato menor, que las instituciones no tengan los datos sistematizados habla justamente de falta de políticas en el tema.
Mangazo: ¿podemos usar los gráficos la charla? (Citando fuente, obvio).
Salute! Y vamos que nos falta bocha!

Fernando

07/03/2016

Fernando

Hola, soy de licenciatura en ciencias de la computación, donde hay minas re bocho y pibes también. En exactas sinceramente no veo diferencias de ningún tipo entre sexos, ni de desempeño ni de trato (social y profesional). Quizás analizar los datos que publicaste y calentarse de este modo no sea lo correcto, hay que tener en cuenta que las mujeres empezaron a estudiar carreras universitarias masivamente no hace muchos años. De hecho ahora son mayoría en casi todas las facultades (excepto algunas carreras de exactas).

Creo que es sólo cuestión de tiempo hasta que la cosa se empareje. No son ningunos pendejos los que ocupan puestos altos, así que el factor edad tiene mucho que ver (indirectamente). Al menos hablo de puestos de investigación, que es lo que conozco porque es mi campo.

A no carburarse de más! Saludos.

Cecilia

07/03/2016

Cecilia

Gracias, gracias, gracias Gatos por ser un lugar donde se puede leer una nota excelente y además de eso leer los comentarios y no querer pegarse un tiro. Me harto de leer artículos sobre temas de género plagados de idiotas mandándonos a lavar los platos en los comentarios.

Jessica

07/03/2016

Jessica

¡Excelente nota! Me identifiqué muchísimo con todo lo que escribiste. Como futura licenciada en ciencias Físicas, es posible observar en mi facultad todo eso que comentas. Prácticamente todos los directores son hombres, es muy difícil elegir modelos de identificación femeninos y, sin ir más lejos, soy la única mujer de mi clase. Además de que el 90% de los docentes son hombres.
Nos queda mucho por cambiar y mejorar todavía, comenzando por eliminar nosotras mismas esos prejuicios sexistas que nos inculcan desde pequeñas.
¡Gracias!

Nahir

07/03/2016

Nahir

Hola! Primero gracias, de nuevo, por la genialidad de la nota. Segundo, de pura curiosidad, ¿hay estadísticas que indiquen porcentajes de docentes mujeres y varones en las universidades nacionales? Sería bueno si se pudiera ver además en cada facultad/carrera.
Por último, en cuanto a que según «»la sociedad»» las mujeres somos «más aptas» para carreras humanísticas, pienso que habría que ver cuáles…. Menciono mi experiencia particular: estudio Filosofía en la UNMdP, donde el porcentaje de estudiantes varones es claramente mayor al de mujeres, aun más en los últimos años (muy pocas llegamos hasta el final). La planta docente está constituida aprox. por un 70 % de varones (en lógica, filosofía de las ciencias e historia de la ciencia, 100%). Y la bibliografía que se ve en toda la carerra, el 90% -y creo que estoy siendo demasiado condescendiente- es de autores varones, europeos en amplísima mayoría. (Miren lo que han logrado, gatos/as, ¡¡me puse a hablar de porcentajes!!).
Si bien son sólo pequeñísimos datos, sumados a la experiencia cotidiana me dejan la sensación de que el pensamiento abstracto y la racionalidad no son considerados nuestro fuerte. Parecería que las mujeres pensamos menos o no pensamos, y menos aun si somos latinoamericanas. De ahí a justificar esa diferencia de jerarquía de la que hablás en la nota, hay sólo un paso.
Saluditos.

Mauricio

07/03/2016

Mauricio

Interesante y muy buena nota. Lo único que temo es que se desvíe el problema real. Las mujeres deben tener un trato idéntico que los hombres y coincido en que todos los estereotipos y las barreras no parecen derrumbarse pronto, pero el enfoque en las cantidades puede ser peligroso. Lo importarte siempre es la calidad del trabajador, empleado, investigador,etc. Si miramos sólo números podemos caer en el error de emplear muejeres sólo por su género y no por su real capacidad, situación que sería mear fuera del tarro MAL. Yo creo que como ser humano tengo que estar en el lugar que me corresponda según mi capacidad y no si hay muchos o pocos de mi género en el laburo que busco. Igual, este tipo de errores supongo que será bueno discutirlos una vez logrado derribar esas barreras mencionadas. Sólo es un punto que me inquieta cuando se habla de igualdad de género.
Gracias y te quiero mucho por las referencias a LOTR.

Franco

07/03/2016

Franco

Muy buena la nota.
Lo que me quedé pensando es: si la desigualdad en el ámbito científico es una consecuencia de los valores trasmitidos por la sociedad, ¿no sería solamente una solución temporal (aunque necesaria) buscar más igualdad en estos ámbitos, si las personas (hombres y mujeres) que entran a él vienen predispuestas «de fábrica» a un pensamiento sexista? Es decir, ¿no debería ser atacado el problema subyacente para sacar «de raíz» lo que se ve en instancias superiores? Gracias :)

Anabel

07/03/2016

Anabel

Hola! Buenísima la nota.

Sobre la actualización de las estadísticas, quizá te interese consultar (no sé si ya lo viste):
Argentina
http://indicadorescti.mincyt.gob.ar/indicadores_insumos_arg.php

Iberoamérica:
http://db.ricyt.org/ui/v1.0/index.html#

Lau Rial

07/03/2016

Lau Rial

Pula, te dejo tres cosas:
Respecto de «(…) cuanto más nos cuenten en las clases que hubo muchísimas mujeres que revolucionaron la ciencia con sus descubrimientos y teorías (Marie Curie, Henrietta Swan, Rosalind Franklin, Jocelyn Bell, Lynn Margullis, y así, un MONTÓN); más chances vamos a tener de crecer y desarrollarnos dentro (y fuera) del ámbito científico.»
1) https://www.facebook.com/amightygirl/?fref=ts

«Así, se desprestigian también las capacidades de los varones, forzándolos a modelos de masculinidad ‘deshumanizados’ o menos sensibles y empáticos.»
2) https://www.facebook.com/ElHuffingtonPost/videos/1056157404449716/
3) https://www.youtube.com/watch?v=TqFaiVNuy1k

Bueno, cuatro cosas: GRACIAS, otra vez.

Aries

07/03/2016

Aries

Me quito el sombrero, que pedazo de articulo.

Necesitamos que se publiquen mas cosas así en medios populares, que se hable sin tapujos de estos temas y sin miedo a ofender porque de ese modo se puede instalar el tema en la sociedad. Las cosas como son. Hoy parece que cuando se habla de diferencias de género en el país es solo para referirse a la violencia domestica. Y si, obvio que es un asunto importantisimo, y esta perfecto que se le de visibilidad en los medios, pero no esta bien que la discusión muera ahí.

Lo que se menciona en el articulo, la falta de estudios que analicen el grado de desigualdad en el campo de las ciencias, creo que es algo que se traslada a todos los ámbitos de la sociedad. No hay, o no se discuten como se tendrían que discutir. Muchas veces no pasan de ser una nota de color en el suplemento Mujer (!) de algún diario.

Por eso me encanto tanto la nota. Es tan raro ver en este país que se hable de estas cosas de una manera seria pero a la vez accesible. Ojala que sirva como ejemplo!

Gero

07/03/2016

Gero

Empezás diciendo que los datos del 2007 te parecen viejos y vos presentas tu post en base a datos de 2000 y 2003!

​María Alejandra Petino Zappala

07/03/2016

​María Alejandra Petino Zappala

acá otra mujer doblemente bonita (?)
en biología se ve muchísimo este fenómeno del decrecimiento del porcentaje de científicas mujeres a medida que vas avanzando, incluso dentro de la carrera de grado y posgrado. en la carrera de grado somos mayoría, pero a medida que pasan los años vas viendo que algunas dejan la carrera para dedicarse a sus familias, y mejor ni hablemos de lo que pasa después de recibirse. hachazo, y eso que tenemos una guardería ahí nomás. y cuando llegás a las categorías «superiores» te encontrás con que las relaciones son muy desiguales (en algunas áreas lo noto mucho más que en otras; personalmente veo tendencias a que haya menor porcentaje de mujeres en puestos altos en lo que es biología molecular, química biológica, ingeniería genética, etc… pero puede ser que sea una impresión mía). y bueno, no hablemos de carreras como física, matemática o ingeniería, porque a veces parece que hubiese un cartel en la puerta del pabellón I que dice «NO WOMEN ALLOWED».
imagino que en muchos casos tiene que ver con el tema de tener hijos, ocuparse de tareas domésticas, etc… pero creo que es mucho peor (conceptualmente, por decirlo de alguna forma) este fenómeno del «piso pegajoso» (no sabía que se le daba ese nombre, pero pensé muchas veces en el fenómeno en sí). creo que en muchos casos, de forma inconsciente asumimos que los lugares de «poder» no nos corresponden, o no podemos con ellos, o que no vale la pena el esfuerzo que hay que hacer para llegar ahí.
son demasiados factores, al final, y todo se hace muy cuesta arriba. muchas (y muchos hombres también, tal vez por otros motivos, pero vale mencionarlos) terminamos dejando la salud en esto, y te cuestionás si vale la pena. es una decisión difícil que cada una tiene que hacer, pero sin que eso implique dejar de luchar para que las cosas cambien, porque independientemente de las decisiones personales hay muchas cosas que podrían mejorar para que realmente tuviesemos las mismas oportunidades que nuestros compañeros hombres.

realmente ahí podremos hablar de igualdad, descorchar el champagne e ir a bailar todos al obelisco en zunga. …bueno, a quién quiero engañar, nos bajoneamos un cartón de uvita mientras corregimos un paper. así es la vida :P

Verónica

07/03/2016

Verónica

Bien! A tiempo para «festejar» mañana!! Soy ingeniera, con doctorado incluido y décadas de experiencia profesional y he visto de todo, mucho de lo malo y algo de lo bueno en cuanto a temas de género en los espacios de CyT. Es imprescindible que los cambios vengan por el lado de las políticas públicas. No alcanza con los cambios personales, hace años que venimos tratando de compatibilizar carrera y vida familiar, y seguimos teniendo dificultades.

Y parece que no pasara nada, todo está de bronce, nos felicitan, we are the champions. Pero entre otros detalles, el programa de incentivo para el estudio de la ingeniería carece por completo de perspectiva de género. Lamentable,

No podemos seguir esperando que el cambio en lo doméstico se traduzca en un cambio a nivel sociedad. las políticas públicas que reconocen el trabajo de cuidado resultan en cambios en lo doméstico. En Noruega, donde la licencia parental después de la licencia por maternidad inmediata al nacimiento *debe» ser compartida por ambos padres, los hombres invierten la misma cantidad de horas que las mujeres en trabajo doméstico.
Mientras tanto, en Argentina, los padres tienen dos días de licencia para hacer los trámites en el registro civil. Y las mujeres empleadas fuera del hogar invierten el doble de tiempo que los varones en el trabajo doméstico no remunerado. Say no more.
Gracias por la nota.

gyula

07/03/2016

gyula

Excelente Pula! Excelente! Un comentario al margen: vos sabes que no es la primera vez que alguien dice ” …y Sandra diaz, la ecologista CORDOBESA, esto y aquello”. Pareciera necesario aclarar que es del ” interior” y digo esto achinando los ojos y poniendo cara de telenovela. Sera?
(PS: POSTEE AGAIN XQ ME BORRO PARTE DEL MENSAJE)

rama

07/03/2016

rama

impecable de punta a punta. creo de todas maneras que en ninguna institución se dará el cambio sin que antes suceda en la comunidad toda. el cambio depende de todos, mujeres y hombres por igual.

saludos !

Soledad

07/03/2016

Soledad

Me dejó mucho para pensar el artículo! Aún no me recibo, tengo en algún lado de mi corazón el deseo de entrar a CONICET, y leerlo por un lado me desanima pero por el otro me hace recordar la larga lucha por la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres que aún no termina y que en este ámbito también se ve reflejada. Es una lástima que no existan datos más recientes como para darnos una idea más actual. Excelente artículo!

Elio Campitelli

07/03/2016

Elio Campitelli

Como anécdota, en el Ciencias de la Atmósfera las mujeres son amplia mayoría y no sólo entre los estudiantes sino que entre los escalafones más altos. Las últimas dos directoras del Departamento fueron mujeres, así como lo es la directora del Servicio Meteorológico. Sin embargo, me consta que aún quedan ciertos fósiles machistas que, si bien quizás no ponen palos en la rueda para las mujeres, sí les dan beneficios a los hombres, con resultados desastrosos.

Elio Campitelli

07/03/2016

Elio Campitelli

Buenísimo. Es un tema con muchas aristas y la falta de datos hace las cosas más difíciles (algo que no es ayudado por la idea demasiado común en las humanidades de que tomar datos es de cientificista feo malo).

A lo último estaría bueno agregar la contra cara. Que no sólo hay que desterrar la idea de que la mujer es la indicada para criar a los hijos, sino que también hay que eliminar el prejuicio contra los hombres que quieren hacerse cargo de las tareas domésticas. Es una doble batalla contra los estereotipos de género y una de las cosas que quizás ayudan a perpetuarlo es que el CONICET (toda la economía, en realidad) da muchísima más licencia de maternidad que de paternidad. Esto es otro incentivo que induce a la mujer a hacerse cargo de los hijos y al final termina yendo en detrimento de su carrera profesional.

Emilia

07/03/2016

Emilia

Excelente nota. Porque reconocer los avances no puede hacernos olvidar todo lo que falta.
Compartida y recontra compartida, aunque quedarme fuera, como becaria doctoral en Ciencia Política, de «la rigurosidad, el criterio y la racionalidad», me hace pensar en que otro desafío a enfrentar es que la solidaridad de mujer con mujer no la rompan también las disciplinas.

Ewan Gatzea

07/03/2016

Ewan Gatzea

Siempre pero siempre de los siempres que sale este tema en discusiones con los pibes pasa lo mismo: «y bueno, son ellas las que no quieren seguir estudiando» » Si no hay más machismo en los trabajos, invento de las feminazis» «si encima tu vieja es abogada ¿donde hay machismo ahí?» y otro grupito bien grande de boludeces que de no ser por la rabia que y falta de tiempo podría contestarles de una mejor manera que no involucre una pequeña puteada.
En fin, que lindo es ver que alguien se da cuenta que el problema del sexismo sigue existiendo y que esa barrera invisible es más que real. Lo que si me sorprende es que en la ciencia en general (no solo ingeniería) siga habiendo tan pocas mujeres. Triste recuerdo que queda mucho por hacer, en especial en antros tan «iluminados» como Taringa.net, no digo más.

Bibiana Vilá

07/03/2016

Bibiana Vilá

Me parece que sería muy interesante un replanteo de estas ideas con la actualización de los datos, al menos los gráficos, ya que les fuentes que se citan se basan en datos del 2000-2003.
Coincido en muchos de las cuestiones presentadas. Hace tiempo en una nota sugerí que mas alla de los porcentajes, hay que ver si esta «feminización» del CONICET no estaría demostrando de alguna manera una precarización en términos salariales. Es sabido, que las mujeres solemos trabajar por menos plata y ademas en un porcentaje con solo dos variables (mujer-varón) , el avance de un porcentaje puede ser el epifenómeno del retiro del otro…o sea a los varones ya no les interesa una carrera científica porque se gana muy poca guita….y ahí nos creemos que un logro de nosotras la cantidad de mujeres en el CONICET. el tema es multidimensional y complejo y amerita repensarnos como investigadoras, y mujeres.

Cecilia

07/03/2016

Cecilia

Qué bueno que haya notas como esta!!! Hace tiempo que tengo el tema de las «chicas que hacen ciencia o ingeniería» en la cabeza. Quiero hacer algo al respecto pero no se me ocurre qué. Como primer paso, voy a difundir el link. Gracias y seguiremos participando.

Nicolás

07/03/2016

Nicolás

Soy ingeniero eléctrico y la verdad que la presencia de las mujeres en la carrera es casi nulo, tanto en el ámbito profesional como en las etapas mas tempranas del estudio. Sin embrago, las pocas mujeres ingenieras que conozco las considero mucho mejores profesionales que yo, y muchos hombres mas. No se dejen voltear muchachas, que los estereotipos mochos no les ganen de mano.

Marina

07/03/2016

Marina

Soy ingeniera, y trabajo en una fábrica ultra-machista, y esas diferencias están a la orden del día. Comentarios sexistas como «pero, andá a lavar los platos» se escuchan todos los días, piropos al ir caminando por las líneas de producción, siendo escuchados por supervisores y jefes, que no sólo no los ponen en su lugar, si no que además, sonríen con complicidad, porque, OBVIAMENTE no se los puede culpar a los muchachos, si son «de carne y hueso». O escuchar alguna que otra respuesta que dice: «y que querés, si trabajás en una fábrica, nena». Ah buenísimo, la culpa de esto también es nuestra.
La diferencia de sueldo entre nosotras y ellos es como mínimo del 20%, y la posibilidad de promoción, es inexistente (ni aun trabajando durante 10 años), y ellos no sólo son promovidos, si no que cuando queda una jefatura vacante, realizan llamados para contratar alguien que asuma la posición de jefe.
Sepan que NO vamos a desistir! hasta demostrarles que la capacidad de resolver problemas, la integridad intelectual y los valores, son absolutamente independientes del género.
Parece que escribí enojada, y bueno, que se yo, justo éste tema me pone sensible jaja.

Gaby

07/03/2016

Gaby

Excelente!! Buenísimo que en el gato se plantee la problemática de género y más en el ámbito del conicet. Y es genial empezar a desnaturalizar ciertos estereotipos que todas sentimos y son micromachismos. Y entre esas cuestiones imperceptibles que dificultan el ascenso de las mujeres dentro del conicet es el tema de la edad fértil: la etapa donde más producción científica se exige de [email protected] e [email protected] jóvenes coincide con la edad fértil de las mujeres que es más breve para las mujeres. Y ni hablar de embarazo y maternidad durante los primeros años: hay licencias, pero las fechas de las convocatorias no se modifican. Ojalá que el informarse sobre estas realidades sea el primer caso para modificarlas. Gracias Pula!

Soraya

07/03/2016

Soraya

Me encantó. Soy Ingeniera, y desde chica hay que luchar con estereotipos variados.

Mi bisabuela era bastante moderna y gracias a ella tuve mi primer autito «porque toda nena tiene que tener juguetes de varón y todo nene tiene que tener juguetes de nena», decía.
Más adelante me encontraría con integrantes de mi familia que me preguntaron si no quería ser maestra o profesora porque era más fácil para una mujer, y porque HIJOS y MARIDO.
Por suerte mis viejos me llevaron la delantera y alentaron que me acercara a la matemática, la física y todo lo que está bueno en las ciencias, y a embarrarme jugando en los picados del domingo en el potrero del barrio.

Siempre se consideró que el ámbito de las ciencias y en mi caso de la ingeniería era un trabajo «más de hombres», se nota en la cantidad de mujeres que hay en campo en los yacimientos petroleros y en lo que tienen que vivir cotidianamente las que se dedican a eso: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-9416-2015-01-08.html

Hay que ir ganando terreno, y es algo que nos incumbe a todos. Para las mujeres, el siglo XXI nos encuentra atrasadas en cuestiones de igualdad de género, y es completamente cierto lo que nos consideran débiles o inferiores, porque somos aptas para acarrear en la cintura un nene de 4 años a upa y nos consideran «madres dedicadas», pero no podemos cambiar el bidón de 20 litros del dispenser y tu compañero te pega el grito porque «te estás esforzando».

Me zarpé comentando. Saludos!