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IMG:  Belén Kakefeku  

Coronavirus, la otra epidemia

¿Qué es la desinfodemia? ¿Qué alarmas debemos prender antes de alarmarnos nosotros?

Estamos rodeados

 

Hoy en día la atención del mundo parece estar centrada en una sola cosa: la epidemia del nuevo coronavirus, que empezó en Wuhan, China, y que está expandiéndose a gran velocidad por todo el mundo. A tanta velocidad que, de hecho, llegó finalmente a Argentina. Y es razonable que estemos preocupados. Las enfermedades nuevas requieren atención especial: no sabemos cuán contagiosas o mortales son, no sabemos si el patógeno que las provoca varía poco, como el virus del sarampión, o mucho, como el de la gripe. No sabemos, tampoco, qué tratamientos son efectivos ni si se podrán desarrollar vacunas y medidas profilácticas. En un mundo tan integrado como el nuestro, los efectos de estas epidemias a veces son incalculables. Sin ir más lejos, la mera posibilidad de que esta epidemia enlentezca el crecimiento de China y se extienda a otros países llevó a las bolsas del mundo a sufrir lo que, por ahora, es la peor caída en la última década.

Después de todo, vivimos en un mundo global. En 1950 hubo 25 millones de viajes turísticos internacionales (menos de 1 viaje cada 100 habitantes), y en 2018 el número aumentó a 1400 millones (casi 0,2 viajes por habitante). Las mercaderías y la gente viajan en días o semanas entre cualquier par de puntos del planeta, y eso ayuda a la dispersión de los patógenos. Pero esto no es lo único que en este mundo globalizado se propaga en forma viral.  

Además de la epidemia de una enfermedad, hay una segunda epidemia, la de la desinformación acerca de la enfermedad. Una epidemia propagada por agentes infecciosos que no están hechos de materia sino de bits, que no se transmiten mediante fluidos corporales o vías similares, sino a través de las redes. Y así como es imposible hoy ver un canal de televisión, leer un diario, o mirar internet sin escuchar o leer información sobre la epidemia de coronavirus, este artículo hablará sobre la epidemia de desinformación más que sobre la del virus, por dos motivos. Primero, sobre este nuevo coronavirus, llamado SARS-CoV-2, y sobre la enfermedad que causa, conocida como Covid-19, ya hay mucho escrito, y dicho. Segundo, mucho de lo escrito y dicho es parte de esta epidemia de desinformación. Entenderla nos va a permitir prepararnos para combatirla, no sólo en este caso, sino también en los nuevos que seguramente vendrán.  

Desinfodemia

Hoy, internet es a la información lo que los aviones a las cosas materiales, un acelerador que permite que todo tarde menos en llegar más lejos. Dicho de otro modo: actualmente, gracias a la tecnología disponible, las cosas materiales viajamos más lejos y más rápido que antes, tanto si somos gente que va a pasarla bien en sus vacaciones, como virus que provocan una pandemia. Lo mismo ocurre en el mundo de la información. Hace mucho ya que los medios de comunicación tradicionales no son los únicos que informan, o desinforman: gracias a la facilitación de las redes sociales, nosotros mismos somos generadores y propagadores de contenido. Pero con un condimento interesante que complica aún más las cosas: se demostró que las noticias falsas llegan más rápido y más lejos que las verdaderas, posiblemente debido a que son muy atractivas y por eso las compartimos más. 

Pero la idea de doble epidemia, a nivel agente infeccioso y a nivel desinformación, no es nueva. Lo que es quizá más reciente es considerar que estas dos epidemias simultáneas se potencian mutuamente, por lo que el daño total termina siendo más que la suma de las partes. Estos mundos, que parecen separados, empiezan a interactuar con efectos que recién ahora estamos empezando a entender. A mediados de 2018, en la revista The Atlantic se publicó un artículo llamado “Cómo la desinfodemia propaga la enfermedad”, donde los autores advierten que la desinformación online hace que las enfermedades se dispersen aún más. Esto ocurriría por varias razones: la desinformación hace que disminuya la confianza en los organismos de salud y en los expertos, que se dediquen recursos a desmentir mitos e ideas conspirativas, y a veces incluso que se promuevan comportamientos que no sólo no son efectivos sino que ponen en riesgo a las personas. 

Un ejemplo de esto es la desinformación sobre vacunas, que es hoy gran responsable de la baja en las coberturas de vacunación en algunas regiones, lo que a su vez colabora con el resurgimiento del sarampión que estamos viviendo en el continente americano. La antropóloga Heidi Larson, que trabaja sobre la confianza y desinformación en vacunas, dijo esto en un artículo en la revista Nature en 2018: “Predigo que la próxima epidemia sea de una cepa de gripe de alta mortalidad u otra cosa no se deberá a la falta de medidas preventivas. En vez de eso, el contagio emocional, facilitado por la digitalidad, puede erosionar la confianza en las vacunas y volverlas discutibles. En las redes sociales, el diluvio de información contradictoria, desinformación e información manipulada debería ser reconocido como una amenaza global a la salud pública”. 

La desinfodemia sería entonces la ‘propagación de una enfermedad facilitada por desinformación viral’. Esto parecería estar pasando con Covid-19. ¿A qué podemos considerar desinformación en el contexto de este nuevo coronavirus? Circulan mitos acerca de cómo prevenir esta enfermedad o cómo curarla, ideas conspirativas sobre el origen del virus, hipótesis dudosas o insostenibles que se hacen pasar como si fueran certezas (la desinformación sobre temas de salud es tan estándar y sigue los mismos argumentos generales que cada vez que surge una nueva epidemia reaparecen las mismas ideas).

Anotemos para la próxima (porque habrá una próxima): 

  • “hay vacuna pero la ocultan y se la quedan para ellos”,
  • “el virus fue creado en un laboratorio y se escapó (o fue liberado adrede)”, 
  • “esto fue predicho por (inserte libro sagrado, astrólogo famoso de turno, influencer)”,
  • “es un plan de (inserte supuesto individuo o grupo de poder que actúa en las sombras y sólo unos pocos iluminados lo saben) para eliminar a la mayor parte de la población mundial”, 
  • “es un plan de (inserte la misma gente) para beneficiarse vendiéndonos medicamentos caros”,
  • “esto se puede prevenir/curar con cosas ‘naturales’ (típicamente ajo o alguna hierba)”.

Por supuesto, es posible que alguna vez alguna de estas afirmaciones sea cierta, del mismo modo en que, si tiramos de espaldas dardos a la pared, alguna vez le vamos a pegar al blanco, por la más absoluta de las casualidades. Pero, en líneas generales, lo más probable es que los dardos terminen en el piso o clavados por cualquier parte, así que si nos encontramos con algo así, actuemos con prudencia.  

La difusión de datos (ya sean información o desinformación) ya no sigue el tradicional camino de emisores/receptores. Las redes permiten una enorme y riquísima trama de conexiones horizontales, comunicación de noticias, memes, opiniones y aun mensajes personales, por lo que cada uno de nosotros, al convertirse, al menos parcialmente, en emisor, también se vuelve responsable en este proceso de desinfodemia. Como con las enfermedades, se puede ser un portador sano que, sin ser afectado, transmite el agente infeccioso a los demás. Muchos medios, quizás intentando imitar el éxito de las redes sociales, adoptan su tono apocalíptico y acrítico, y a veces son poco rigurosos con la veracidad de un contenido, porque priorizan la primicia. De esa manera, el mensaje es predominantemente ‘todos vamos a morir’, con una actualización en tiempo real del número de casos, cruceros varados, protocolos activados, cierre de escuelas, controles en fronteras y falsas alarmas. (Mucho de esto se discute en más detalle en este capítulo de este libro). Y no, no vamos a morir todos. Incluso si se termina declarando a Covid-19 como pandemia, esto lo que nos diría es que es una enfermedad distribuida en todo el mundo, y nada diría acerca de su gravedad o urgencia. 

Las dos epidemias se mueven juntas y se retroalimentan. Más enfermedad lleva a más desinformación. Y la desinformación impide atacar del mejor modo posible a la enfermedad porque despilfarra recursos incluida nuestra atención, genera tensiones innecesarias incluyendo absurdas cazas de brujas a gente por su origen étnico, provoca desensibilización, y disminuye la confianza en las autoridades sanitarias, los expertos y los medios de comunicación profesionales. Todo esto facilita a su vez la propagación de la enfermedad. ¿Cómo quebrar esta tendencia y salir del círculo vicioso? En definitiva, ¿cómo podemos prevenir la desinfodemia? Por supuesto, mucha de la responsabilidad recae en las autoridades. Pero, si pensamos en cómo funcionan las comunicaciones y los virus o sea, cómo se propaga la desinfodemia tenemos que considerar que nosotros, todos, somos parte del problema. Afortunadamente, eso nos hace también parte de la solución.

Prevención

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y los ministerios de salud de cada país están tomando medidas para detener o postergar esta doble epidemia, es decir, la del virus y la de la desinformación asociada. En cuanto a la enfermedad, se definen protocolos para su detección y cómo actuar ante casos dudosos y positivos, se compran insumos hospitalarios y se capacita a los profesionales de la salud. Por supuesto, hay países con mayor o menor capacidad para afrontar esto. Uno de los efectos de la globalización es que lo que hace o no hace otro país es relevante para todos: los agentes infecciosos no entienden de fronteras. En relación con la información, dan la información más completa, confiable y actualizada posible. Es cierto que se sospecha que China demoró un poco más de lo debido en informar sobre el brote. No sabemos si hubo un intento de las autoridades locales de ocultar lo que pasaba, o simplemente pensaron que se trataba de algo menor. Lo cierto es que desde que se abrió al mundo, la información está fluyendo, y lo hace bajo la mirada atenta de gobiernos y organizaciones a los que nada les gustaría más que hacer quedar mal a otros gobiernos y organizaciones. La OMS tiene una sección entera dedicada a este nuevo coronavirus y a Covid-19. Incluso hay un apartado en el que refutan algunos de los mitos que están circulando actualmente. Este sistema tiene sus limitaciones, claro. A veces pueden demorar en dar la información hasta que es confirmada. En el día a día frenético de quienes están combatiendo la enfermedad a veces hay que revisar números y estimados, a medida que se va sabiendo más. La incertidumbre es grande, pero ¿hay una alternativa mejor que mantenga exigencia de calidad? 

Por otro lado, el comportamiento de cada uno de nosotros es importante para la prevención de Covid-19. En esta doble epidemia, no sólo somos los que nos enfermamos sino también los que contagiamos. Por eso la prevención incluye lo que hacemos y también lo que no hacemos, y no únicamente con respecto al agente infeccioso en sí, sino también con la desinformación. Por un lado, lavémonos las manos con frecuencia y con dedicación, estornudemos en el hueco del codo o en un pañuelo descartable, desinfectemos superficies, seamos responsables si tenemos síntomas respiratorios, etc. (más sobre medidas preventivas acá). Por otro lado, ¿qué podemos hacer con respecto a la información? No generemos ni distribuyamos en las redes sociales contenido que no confirmamos si es cierto o falso, ya sea que lo hagamos por genuina preocupación o irónicamente (sí, el consumo irónico contribuye a la confusión y difusión de desinformación). 

 

GUÍA DE SUPERVIVENCIA DE BOLSILLO
¿Cómo relacionarnos mejor con la información?

1. ¿La información que nos importa se refiere a algo total o parcialmente fáctico?

2. ¿Se mencionan las evidencias que sustentan la afirmación o la manera de acceder a ellas? ¿Son completas y confiables?

3. ¿Cuáles son los sesgos y distorsiones que pueden haber influido en la adulteración de la información, desde que se generó hasta que llegó a nosotros?

4. ¿Cuáles son nuestros sesgos y creencias? ¿Podemos estar confundiendo expertos competentes con falsos expertos? ¿Podemos estar, al menos en parte, bajo la influencia de nuestro tribalismo?

5. ¿Podemos estar dentro de una burbuja ideológica sin darnos cuenta? ¿No convendría incorporar en nuestras redes a personas de otras tribus?

6. ¿Tratamos honestamente de identificar si la información es o no una noticia falsa?

7. ¿Cómo actuamos frente a esa información? ¿Colaboramos o no con su difusión? ¿Analizamos el riesgo de equivocarnos actuando y de equivocarnos no actuando?

8. ¿Cómo actuamos frente al agente que nos hizo llegar información falsa? ¿Ponderamos verdad sobre popularidad? ¿Exigimos accountability? ¿Penalizamos el mal comportamiento?

No es fácil combatir y prevenir la desinformación. En los últimos años se intensificó la investigación científica en este campo (esto está detallado en este artículo). Aunque hay mucho que todavía no terminamos de entender, está bastante claro lo que cada uno de nosotros puede hacer para colaborar pero, si no actuamos en consecuencia, no hay información que alcance. 

Comunicación

Para prevenir el dengue, sabemos que tenemos que usar repelente y eliminar los reservorios de agua en los que el mosquito se puede reproducir. ¿Lo hacemos? Para prevenir el sarampión y otras enfermedades infectocontagiosas hay vacunas. ¿Sabemos realmente si estamos al día con las vacunas? Muchas infecciones de transmisión sexual se previenen eficazmente usando preservativos. ¿Los usamos? En el hemisferio Sur pronto entraremos en la temporada de gripe. ¿Nos vamos a dar la vacuna antigripal y, si tenemos síntomas, seremos cuidadosos con buscar ayuda médica y no exponer a otros en el trabajo, la escuela o los medios de transporte? Y exactamente la misma idea aplica frente a nuestro comportamiento frente a la información y la desinformación. Sabemos todo. ¿Hacemos lo que hay que hacer?

En un contexto de desinfodemia, es crucial lograr y conservar una comunicación adecuada. La mejor comunicación, en términos sanitarios, no es solamente la que informa, sino también la que ayuda a generar los comportamientos necesarios para prevenir, enlentecer o frenar la enfermedad. 

El desafío es cómo comunicar en temas de salud sin generar desinfodemia: ni minimizar, ni generar ansiedad y pánico. Los mensajes deben ser claros, completos y sencillos de comprender. Esto incluye poder explicar la incerteza, la complejidad, el riesgo para uno y para los demás, y las acciones que hay que seguir. Como si esto fuera poco, el emisor de la información debe ser transparente y confiable cuidar la credibilidad es por eso clave, porque sin confianza no hay comunicación efectiva. Es también necesario darle poder aunque sea limitado y local al receptor del mensaje. Decirle cómo son las cosas, sí, pero ayudarlo a comprender cómo lo afectan, y qué debería hacer para ayudar. Ocuparse además de preocuparse. Pocas cosas como la actividad para combatir la paranoia.

Hasta donde se sabe, este virus se transmite con relativa facilidad a través de las microgotitas que salen de nuestra boca cuando hablamos, tosemos o estornudamos, y puede sobrevivir algunas horas en las superficies. Por eso las recomendaciones de higiene respiratoria, lavado de manos, etc. son las que son. Su letalidad es relativamente baja aun si enfermamos, lo más probable es que tengamos una versión leve de Covid-19 pero los adultos mayores y personas inmunocomprometidas son grupos especialmente vulnerables. Una pandemia es hoy muy probable, pero como no está muy claro todavía cuán grave es esta enfermedad ni qué alcance tendrá, hay que prepararse. “Hoping for the best, but expecting the worst”, decía una vieja canción: “esperar lo mejor, pero prepararse para lo peor”. Las autoridades sanitarias de los países deben hacer lo posible por frenar el avance de la enfermedad, pero también deben prepararse para escenarios más complicados. Un virus de transmisión tan sencilla como este, aunque no sea tan letal, terminará provocando muchas muertes. Es un virus nuevo, así que las personas no tenemos previamente protección de nuestro sistema inmunitario y todos somos potencialmente susceptibles. Además, todavía no hay una vacuna, aunque esto ya está en desarrollo y se espera que haya al menos una en algunos meses. Esto que sabemos ahora puede cambiar en las próximas semanas. Como vemos, hay complejidad e incertezas, pero también hay cosas claras.

Cuidarnos

Hace menos de un mes murió, por una encefalitis causada por sarampión, una mujer de 50 años que estaba inmunocomprometida por haber recibido un trasplante renal. Es el primer caso de muerte por sarampión en Argentina desde 1998. Y la culpa es nuestra. No pudimos cuidarla. Teníamos los medios para hacerlo: si al menos un 95% de las personas nos hubiéramos vacunado, el virus del sarampión no habría reingresado. El coronavirus ya llegó a nuestro país. Si crece el número de muertes también será, al menos en parte, nuestro fracaso. En particular, por no haber aprendido las lecciones de la historia y por no haber establecido los medios de contención de la desinfodemia.  

Estamos juntos en esto. No, no vamos a morir todos, pero algunos lamentablemente sí. Hacer todo lo posible para combatir la desinfodemia va a salvar vidas. Nuestro sistema inmune aprende de las infecciones. Ojalá nuestro sistema social también lo haga. Que Covid-19 sea, además, una manera de aprender.

Ilustración:  Belén Kakefeku  

Hay 82 comentarios

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  1. Emi

    Este articulo esta muy bueno ya que nos informa y enseña todo lo que debemos y no saber del coronavirus(covid 19).
    Como lo indica el titulo y sus subtitulos enrealidad existen dos virus q circulan, uno seria el covid y el otro la desinformacion junto con las redes. Esto ocasiona que las personas hagan cosas locas como por ejemplo tomar dióxido de cloro entre otras cosas , hay personas que compran alcoholes mágicos como ellos piensan y es asi como vendedores se aprovechan.
    La autora de este articulo(Guadalupe) hace bien en informar ya que estoy seguro que sabe bien y como enseñar y educar a las personas.

  2. HORACIO DANIEL SANCHEZ

    Excelente articulo. apela a nuestro sentido común, bueno valla un a saber cuál es el mejor sentido común , porque en estos días la gente lo esta perdiendo, ¿sera por que estamos expuestos a los medios de comunicación masivos ? ¿ o porque ya no podemos distinguir lo falso de la verdad? En cualquier caso debemos comportarnos con responsabilidad, hoy todos manejamos las redes sociales y somo parte de la desinfodemia si no actuamos con sentido común y responsabilidad cuando recibimos y compartimos información.

  3. Anónimo

    Alguiene puede ayudar sobre la la lectura el gato y la caja coronavirus es un trabajo que tengo q entregar hoy me pide la síntesis del texto y ¿que recurso emplea el autor para intentarr hacerlo? Mencionar dos y explicar intenta validar la hipótesis. Espero sus ayudas. Gracias

  4. Mari

    Hola estoy haciendo un trabajo para entregar, y me piden la hipótesis de la lectura o sea la síntesis del el gato y caja de coronavirus y que recurso emplea el autor para intentar hacerlo?mencionar dos y explicar cómo intenta validar la hipótesis. Si me pueden ayudar se los voy a agradecer mucho.

  5. Mario

    De acuerdo con vos la desinformación o el sensacionalismo es peor q la enfermedad. Sin embargo para muchos de nosotros que somos legos en medicina, nos resulta a la hora de difundir un articulo, o comentario, muy dificil ,determinar cuales son verdad, o no. Seria interesante que se difundiera algún método para determinar la verdad o no de una información. Como se hace para verificar una noticia , antes de publicarla, sin caer en la desinformación.
    Me gustaría q difundieran si hay algún método o sitio web para verificar la verdad y seriedad de las informaciones q se difunden, para saber si difundirlas o no.
    Sino se puede caer en el caso de no difundir por miedo a desinformar, información verdadera de útil difusion . Gracias por todo y espero se difunda lo q pedí, así sabemos q hacer antes de difundir o no, una informacion.
    Considero tan malo difundir información falsa, como no difundir la verdadera . Gracias y saludos.

  6. Lucio

    Buenas, una pavada capaz mi pregunta pero ¿dónde aparece la fecha de publicación de esta nota? (no la logré encontrar; más allá de que viendo las fechas de los comentarios me doy una idea… ¿3 de marzo? jaja).

    Graciaaas
    ¡Abrazo!

    • Guadalupe Nogués

      Hola, Lucio. Sí, fue el 3 de marzo, un par de hs después de la confirmación del primer caso en Argentina. Saludos!

    • Guadalupe Nogués

      Estamos viendo que desbordan sistemas sanitarios en muchas regiones del mundo. Eso no pasa todos los años. Esto parecería ser más que una gripe. Si las medidas que se están tomando son exageradas o no, no sé si estamos en condiciones de saberlo ahora, lamentablemente. Minimizar también es muy riesgoso, y no tiene vuelta atrás. Los países que más demoran en restringir movimiento de los ciudadanos, por ejemplo, se ven ahora con situaciones muy difíciles de manejar.
      Es complicado. Cuando hay tan poca evidencia, y la que hay es tan incompleta y a veces contradictoria, mi sugerencia es que tenemos que seguir el consenso de los organismos a cargo (acá OMS, ministerios de salud, sociedades de médicos y científicos de todo el mundo, etc). Lo que se dice en infobae no es hoy la visión más consensuada. Igualmente, en un contexto de tanta complejidad e incerteza, a medida que las evidencias cambien se irá n cambiando las recomendaciones. Eso es esperable, y deseable. Pero hoy decir lo que dice esa persona en la nota de infobae me parece que trae má confusión e inseguridad que otra cosa. Opinión personal nomás, claro. ¡Saludos!

  7. Lucas Pacheco

    ¡Hola Guadalupe! Hace un par de días publicaron este comunicado de prensa, un grupo de científicos de la University de Surrey, Lancaster y de la Universidad de Brunel están desarrollando un dispositivo que conectás a tu smartphone y luego de dejar la muestra de saliva en el dispositivo podés enterarte en una hora si tenés o no el virus. Estoy ayudaría a que se pueda diagnosticar a las personas que no manifiestan síntomas, cubriendo una parte crucial de esta pandemia.

    https://www.surrey.ac.uk/news/scientists-developing-point-care-covid-19-test

  8. Camila de Leon

    Estoy de acuerdo con el texto, pero creo que si las autoridades hubiesen dado la información antes, las perosonas estarian mas informadas sobre de que se trata y no creer cualquier cosa es decir (desinformación) asi disminur la epidemia.

  9. mario cabrera

    Qué lindo texto!!! Aclarador, aclarado, ordenado y ordenador.
    Gracias, Guadalupe!
    Espero que pronto puedas volver a Chile a hacernos pensar.

    • Guadalupe Nogués

      Gracias, Mario! Estaba por ir a Chile ahora en marzo, pero claramente se canceló. Si eso se reactiva cuando esto haya pasado, aviso. Saludos!

  10. Andru

    Excelente y esclarecedor artículo.
    Te parece una buena opción compartir por redes sociales solo la información oficial de la OMS o del ministerio de Salud de nuestro país?
    Te consulto porque cuando recibo mensajes,respondo que hay que compartir solo info de sitios oficiales y me gustaría saber que sugerís que respondamos ante info falsa.
    Muchas gracias!

    • Guadalupe Nogués

      Hola! Diría que es lo más prudente. En temas de salud, OMS o ministerios de salud de los países. También sociedades científicas y médicas. Por supuesto, todos podrían estar equivocándose, pero si no confiamos en ellos, ¿cuál es la alternativa? No hay alternativa mejor.
      En cuanto a si nos llega info falsa, si tenemos cierta confianza con quien nos la envió, sugiero decirlo por privado, como para intentar que esa persona no la siga distribuyendo. Y, por supuesto, no distribuirla nosotros! Saludos!

  11. Germán Batalla

    Hola Guadalupe. Gracias por tu artículo. Una consulta en función de una entrevista que escuché al infectólogo Pablo Goldschmidt. ¿Cómo se sabe que este virus es “nuevo”? ¿Qué comprobación científica hay que confirme que no está circulando hace 1, 2 o más años? Gracias

    • Guadalupe Nogués

      Es nuevo en el sentido de que se identificó a fines del año pasado. Por supuesto, puede haber existido desde antes. De cualquier manera, se está “viendo” epidemiológicamente que es nuevo, al colapsar sistemas de salud como pasó en Italia. Saludos

  12. Rodolfo

    Muy interesante y didáctica tu publicación. Lo importante es que la disposición que tuviste vos de difundir tu opinión y conocimientos respecto al tema, la asuma la autoridad pública mediante una difusión masiva de esas explicaciones y consejos. De lo contrario,más allá de lo loable y alentador de tu iniciativa, ésta llegará a muy poca gente. Un indicio de ello es la poca cantidad de comentarios que tiene tu nota. Yo, agradecido por haberte recibido.

  13. Martin Behrens

    Muy interesante artículo. En la era de la web site; donde todo información corre en mismo niveles uno debe ser muy criterioso en seleccionar las fuentes si son fidedignas. Hay tanto estímulo contínuo de información; debemos tomar conciencia y aprender a tener criterio para informarnos. Mi costumbre es cortar las fake news cuando veo que muchos simplemente reenvían sin analizar el caso. Todospodemos aportar un grano de arena para informarnos de la mejor manera.
    Saludos!

  14. Fede

    Comparto lo que se intenta transmitir y año lo que, en mi experiencia profsional también implica comunicar en salud. Es elaborar un discurso que suscite la atención (por nuevo, diferente, original) y que sea empático en el sentido de reconocer al otro. No intentar imponer en el otro los criterios de uno sino relacionar los conocimientos/experiencias que ya trae la persona para acercarle un nuevo sentido que le sea útil. En ese sentido, no se puede hablar de emisor y receptor, son conceptos totalmente superados por la semiótica. Saludos!

  15. Fer

    Hola! me encanto el articulo! Quisiera comprar el libro version ebook, pero la pagina se queda cargando.

    Por amazon no aparece tampoco. ME sugeris otra pagina? Gracias!

  16. Pablo

    Excelente Guadalupe !!! Gracias por darnos un poco de todo tu conocimiento y ayudarnos a entender que depende de nosotros el cuidado de no contagiarnos de este nuevo germen aunque no olvidemos que ya tenemos más de 5.ooo infectados de DENGUE y no se toma conciencia para prevenir esta enfermedad y sigue ganando infectados.

    • Guadalupe Nogués

      Hay muchos temas que deberíamos estar atendiendo, por su seriedad y/o urgencia, y no logramos como sociedades tomar conciencia ni actuar de manera acorde. No solo dengue u otras enfermedades. También cambio climático, por ejemplo, que cuesta más que sea considerado preocupante porque sus efectos no son tan bruscos como los de una pandemia. Pero bueno, hagamos lo mejor que podamos.

  17. Jorge Coggiola

    Exelente,la descripcion de lo que nos esta pasando creo sea de las mas
    ” exactas”
    La desinformacion o la ” mala informacion ” ,al menos segun mi forma de pensar, parecerian ser el verdadero objetivo de lo que se quiere comunicar.
    En esta nota leo un analisis super objetivo de una realidad que hoy busca concentrar la atencion sobre una problematica real pero presentandola como ” el fin del mundo”
    No miramos otras realidades que desde tanto tiempo vienen sucediendo en todo el mundo que pareceria no son importantes ,gente que muere de frio,de hambre,de hiv,guerras,asesinatos ,comportamiento bestial del ser humano ect ect…me da la sensacion de que todo esto al ser tan repetitivo pierda interes y entonces se tenga que hablar de alguna ” catastrofe nueva”
    Gracias del espacio y felicitaciones por la.nota

    • Anónimo

      Excelente Guadalupe !!! Gracias por darnos un poco de todo tu conocimiento y ayudarnos a entender que depende de nosotros el cuidado de no contagiarnos de este nuevo germen aunque no olvidemos que ya tenemos más de 5.ooo infectados de DENGUE y no se toma conciencia para prevenir esta enfermedad y sigue ganando infectados.

  18. Manuel

    Gracias por el artículo. Me gustaría colaborar con esta noticia del otro lado del charco:

    «El paciente de Sevilla, de alta tras recibir un tratamiento experimental»

    https://www.canalsur.es/noticias/un-tratamiento-experimental-elimina-el-coronavirus-de-un-paciente/1557717.html?utm_source=twitter&utm_medium=canalsurradio&utm_term=34caad3a-cb14-48e5-8d1c-4370987bc33a&utm_content=&utm_campaign=

    Parece del tipo de información que sí deberíamos compartir.

    ¡Un saludo!

    • Guadalupe Nogués

      Gracias, pero al ser un tratamiento experimental, realmente es muy pronto para saber si eso fue lo que lo curó o sencillamente se curó solo. Es temprano para sacar conclusiones. Cuando haya un tratamiento validado científicamente, lo sabremos. ¡Saludos!

  19. Anónimo

    muy buen artículo igual lo veo un poco “naive” en la sección Prevención y hasta usando la propia retórica de este artículo lo veo desinformado…utópicamente el personal de la salud esta informado y se toman medidas pero en la realidad creo que sin caer en la siembra de un miedo extremista habría que detenerse en este punto y analizar si es que se toman “medidas de seguridad para prevenir” o lo que probablemente estemos tomando en un futuro sean medidas de seguridad para cuando el caso 1 ya este entre nosotros.

    • Javi

      El caso 1 ya está entre nosotros, y se han tomado medidas, y se venían tomando medidas de bastante antes de que ocurra.
      Nuestro sistema de salud público -sobre todo en estos temas- es bastante mas robusto de lo que se cree en la “calle” día a día. Por alguna razón la gente confia muy poco en él (posiblemente porque tiene muchas falencias, pero mas que nada en otros temas).

      Saludos señor anónimo.

      Javier

      • Anónimo

        Como se puede confiar en un sistema de salud público tan pobre que necesitó de trasladar el único caso de coronavirus que apareció en el país hacía otro hospital mejor preparado? Como podes creer vos y el resto de la población que estamos preparado? Cuando el hospital evita al que acuden muchisimas personas de bajos recursos esta colapsado constantemente, en la inminente llegada de mas casos al país de que manera va a ser capaz el sistema de salud publico robusto del que crees, hacerse cargo de una situación que sobrepasó a países de primer mundo?

  20. Ralph Bravo

    Clarísimo, como lo es tu libro. Todos los días cuando leo las múltiples formas de esta epidemia de desinformación qué me llegan por los diferentes medios, debo decirte que tus consejos inmediatamente aparecen en mis razonamientos. De cualquier manera, a pesar que lo charlamos en tu visita a San Luis, me es tan difícil entender como gente que es educada y confiable en otros campos, inclusive profesionales reconocidos, caen en estas trampas de desinformación, luego me doy cuenta que más de una vez, aunque sea por unos instantes, o no, yo he sido víctima también. Un cálido saludo desde San Luis
    Ralph Bravo

    • Guadalupe Nogués

      ¡Gracias por tu mensaje! Es que nos pasa a todos. No hay manera de que no nos pase, en mayor o menor medida. Por eso es importante, creo yo, trabajar bastante en “mirarnos” a nosotros mismos para tratar de identificar los problemas, y también aceptar que cuando le pasa a otros no hay necesariamente mala intención o descuido. Es incómodo, pero no sé cómo se hace si no. ¡Saludos! ¡Y fue hermosa esa visita a San Luis! Gracias.

      • Anónimo

        Hola Guadalupe, muy claro y directo tu artículo. Tengo una sola pregunta a partir de una nota que escuché hoy al especialista en enfermedades infecciosas Pablo Goldschmidt :¿esta científicamente demostrado que el virus en cuestión es nuevo? Y en caso que la respuesta sea afirmativa ¿Cómo se realizó esa comprobación? Gracias y saludos

      • Anónimo

        (Escribí un mensaje anteriormente y confundí anticuerpos con inmunidad celular)

        En realidad Goldschmidt decía que esta era una variante nueva de coronavirus, pero que podemos tener inmunidad celular (producida con otras variantes) que nos defiendan de esta variante porque hemos estado en contacto con coronavirus desde tiempos inmemoriales. Esto ha debido pasar con la H1N1, ya que vacunas del año 1984 fueron efectivas en cerdos (ninguno vacunado y expuesto al H1N1 enfermó, sin embargo el grupo control sí).

      • Anónimo

        Evidentemente que un laboratorio describiera un nuevo virus de tipo coronavirus no significa que no existiera antes. Ha podido estar circulando mucho más tiempo del que se piensa y hasta que no se ha diseñado el test que lo detecta simplemente ha sido invisible para nosotros.

        Además, aunque esta fuese una variante nueva de coronavirus, podemos tener inmunidad celular (producida por otras variantes) que nos defienda de esta variante porque hemos estado en contacto con coronavirus desde tiempos inmemoriales. Esto ha debido pasar con la H1N1, ya que vacunas del año 1984 para la gripe fueron efectivas en cerdos (ninguno vacunado y expuesto a la H1N1 enfermó, sin embargo el grupo control sí).

        La evolución del número de diagnosticados puede ser debida simplemente al número de pruebas que se deciden realizar en cada momento.
        En Alemania se ha optado por hacer pruebas a los que presentaban síntomas leves. En España, donde yo vivo, se ha optado por no hacer pruebas a no ser que seas población de riesgo o estes con un pie en el otro mundo. La madre de la mujer de mi padre, de 90 años, ha sido diagnosticada de coronavirus. Sin embargo mi padre, que lleva una semana con fiebre y tos y que tenía un contacto diario con la mujer, está encerrado en casa, pero no ha sido diagnosticado. Es decir, en Alemania el número de diagnosticados se acerca más a la realidad aunque los casos en realidad sean muchos más que los detectados.

        Por otro lado, el número de muertes se está exagerando, porque casi todo el que se muera en estos días que corren “con” coronavirus, es contado como muerto “por” coornavirus, aunque en realidad haya sido otra la causa de la muerte.

        Así pues, si los diagnósticados (infradimensionados) y las muertes (sobredimensionadas) son ficticios, el porcentaje de mortandad está determinado por los caprichos de nuestras autoridades.

        También hay que tener en cuenta, como dice Goldschmidt, las diferencias de calidad de los sistemas sanitarios entre los distintos países. Aunque yo me inclino por pensar que este factor tiene menos peso que lo anterior, ya que en países con una sanidad bastante buena como la de España, lo que trastoca las cifras totalmente es que no se consideren la inmensa mayoría de los casos.

        Dicho lo anterior, uno se sorprende de que casi todos los años aparezca una nueva pandemia que amenaza la especie humana y finalmente no es ni mucho menos para tanto.

        Como dice Goldschmidt, para hablar de pandemia hay que tener una línea base, que nos indique que nos estamos alejando de lo que es normal. ¿Cuántos murieron por coronavirus el año pasado? No se sabe.

        Me parece poco probable que como algunos dicen el virus haya sido creado en un laboratorio intencionadamente. Además sería muy estúpido este tipo de guerra biológica, ya que aunque los que lo soltasen dispusiesen de la vacuna, el virus podría mutar, haciendo la vacuna inútil, y volverse en su contra.

        Sin embargo, no descarto que los más poderosos estuviesen esperando un evento de este tipo, porque sí hay problemas que suponen una amenaza real para la humanidad en este momento, y simplemente son inconfesables. El más inmediato posiblemente sea el comienzo del declive terminal de la principal fuente de energía de la humanidad, el petróleo, al que le seguirá el resto de combustibles fósiles. La mayoría de expertos un poco serios ya saben que hemos pasado el “pico del petróleo” desde el punto de vista de energía neta (aunque oficialmente todavía se considera que aumenta levemente la producción de petróleo, pero esa producción tiene en cuenta el volumen en vez de la energía neta que es lo que nos interesa, y los petróleos no convencionales son menos densos energéticamente, el biocombustible tiene una tasa de retorno energético muy baja (hace falta casi un barril de petróleo convencional para obtener el equivalente a un barril de petróleo en forma de biocombustible, contabilizándose dos barriles, cuando en realidad solo llega uno a la economía), la tasa de retorno energético del petróleo cada vez es más baja, lo que significa que hace falta utilizar cada vez más petróleo en la propia extracción (que también contabiliza en la producción aunque no llegue a la economía) de petróleo, el fracking está en declive terminal también. Los combustibles fósiles han hecho que una población humana que se mantenía bastante estable durante mucho tiempo haya crecido exponencialmente y se haya sixtuplicado en muy poco tiempo. Esto ha sido gracias a, o por culpa de, la revolución verde, que ha aumentado exponencialmente la producción de alimentos. La maquinaria agrícola, el transporte, la conservación de alimentos, fitosanitarios, fitonutrientes (el nitrógeno asimilable por las plantas se obtiene principalmente con gas natural mediante la reacción Haber-Bosch), etc. dependen totalmente de los combustibles fósiles. Utilizamos 10 calorías de combustible fósil para producir una caloría de alimento. Es un problema complejo para explicarlo en unas pocas líneas, pero puede suponer que la capacidad de carga del planeta sea mucho menor que la población actual. Los más poderosos y sus representantes políticos no pueden salir y decir que la mayoría de la humanidad sobra. Por otro lado, tienen que tomar una serie de medidas que minimicen los estragos que va a provocar este problema (por otro lado el calentamiento global puede ser una amenaza mayor en el medio-largo plazo, otros recursos críticos empiezan a escasear,…) porque ya tenemos el problema encima y la situación actual petrolera ya proyecta una supercrisis sobre nuestras cabezas. Estas medidas son medidas de economía planificada, de economía de guerra, de desglobalización, iros olvidando del transporte privado como lo hemos conocido, de misería, etc. Simplemente son medidas que van en contra del cuento neoliberal que nos han contado, que van en contra de todo lo que nos han contado, que la gente no va a aceptar fácilmente. Necesitan algo que les permita implementarlas. ¿Es ese algo el coronavirus?

      • Anónimo

        Gracias,Guadalupe muy completa y presisa tu info, verdad si cada personas somos concientes y nos cuidamos ,de esa manera también colaboramos con el otro.

  21. Francisco

    Estoy de acuerdo con ser cuidadosxs con la información que reproducimos. Por eso, creo que debemos ser criticxs a la hora de escribir, hablar y discutir sobre las diferentes temáticas. Por ejemplo, con respecto a las vacunas, es un error caer en las posturas: vacunas sí o vacunas no. La vacuna antigripal tiene indicaciones muy puntuales, no es una vacuna para toda la población. Y aún sus indicaciones no tienen evidencia de calidad que las avalen. Por lo tanto, me parece incorrecto interpelar al lector acerca de si se aplicó, o no, la vacuna antigripal. Saludos.

      • Gastón

        Estoy totalmente de acuerdo con francisco y me parece un muy descuidado culpar a las personas de ponerse o no la vacuna es parte de la solución. Estamos diciendo que el sarampión, una “enfermedad” titulada por el hombre va a dejar de existir porque nosotros nos inyectemos el antídoto? En serio pensamos que la naturaleza tiene menos poder que el hombre?
        Los datos son formas que nosotros tenemos de entender el mundo, pero no es la certeza.

      • Anónimo

        Por gente como vos murio esta persona. Asi como paras en un semasforo en rojo, cumpli tambien con la ley de vacunacion. Gracias.

      • Anónimo

        Imaginate:
        Vos esta vacunado etc… y estas protegiendote.

        quiere decir que alguien que no se vacuno NO puede contagiarte.

        No podrias enfermarte porque vos estas “protegido”.

        ¿Entonces porque tanto miedo a los que se vacunan?

        No es que sea antivacunas, pero estoy en contra de la obligacion.

    • Anónimo

      Francisco,tenes alguna calcification, para discutir acerca De Las vacunas? Cuando tengamos la vacuna,Te la daras,o seguiras”analizando”,si sera para vos??

      • Enrique

        Como es vacuna de tercera generación (basa en vector de adenovirus, genéticamente modificada), sería prudente que no sea obligatoria para todos y que aquellos que quieran aplicársela los hagan, de esa manera ver sus efectos y que el Sr. Francisco luego pueda elegir.


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