Mundo en llamas

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Nadia Luna

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Belén Kakefuku

¿Cuál es el impacto ambiental de los incendios en la Patagonia? ¿Cuánto tarda un ecosistema en recuperarse?

Mundo en llamas

En las últimas semanas, se originaron nuevos focos de incendio en la Patagonia que causaron graves destrozos ambientales y materiales. Algunos pudieron ser controlados y otros aún continúan activos. En lo que va de 2021, ya fueron afectadas por el fuego más de 60 mil hectáreas en todo el país. 

Hay incendios que son producidos por causas naturales y basta con la simple caída de un rayo para que la tierra empiece a arder. De hecho, para algunos ecosistemas, como los áridos y semiáridos, el fuego desempeña un rol clave en la renovación de la vegetación y la creación de nuevos hábitats para diferentes especies. Sin embargo, la mayor parte de los incendios tienen un origen antrópico. Según el Servicio Nacional de Manejo del Fuego, el 95 % son producidos por intervención humana, ya sea por negligencia (fogatas y colillas de cigarrillo mal apagadas) o de forma intencional. Dentro de este segundo grupo, está el uso del fuego como una herramienta de bajo costo de preparación del terreno para la producción agrícola, ganadera y forestal. También se generan incendios para desmontar zonas naturales con diversos objetivos, entre ellos la plantación de monocultivos, urbanización o instalación de basurales a cielo abierto.

Pero el problema no termina cuando se apaga el incendio: uno de los impactos más preocupantes y prolongados en el tiempo es la degradación del suelo y la pérdida de biodiversidad.

El daño ya está hecho

El impacto de los incendios en un ecosistema depende de varios factores, entre ellos el tipo de suelo y de vegetación, el tiempo de exposición y las condiciones climáticas. Cuando ocurre un calentamiento severo del suelo, la temperatura puede ser cercana a los 700ºC en la superficie y puede exceder los 100ºC a los 20 centímetros de profundidad. Esto genera diversos niveles de degradación en el suelo, que queda sin vegetación que lo proteja, pierde nutrientes y disminuye su capacidad de almacenar y regular los ciclos del agua.

“Los tiempos de recuperación dependen del tipo de ecosistema porque cada uno tiene su dinámica. También, de las políticas que se pongan en marcha para acelerar esa recuperación. Los incendios dejan muy debilitado el suelo y afectan lo que se llama procesos ecosistémicos que, si lo vemos desde la perspectiva humana, son los beneficios que nosotros aprovechamos como el agua y la fertilidad de los suelos. Son impactos a largo plazo que en muchos casos, lamentablemente, son irreversibles”, explica la bióloga Luciana Peirone Cappri, especialista en ecología y becaria doctoral del CONICET en el Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV).

Uno de esos impactos a largo plazo es la pérdida de biodiversidad. Mientras la destrucción de los hábitats de los animales afecta más a las especies con menor movilidad, las que logran escapar se encuentran con dificultad para sobrevivir en un ambiente adverso, a la vez que provocan desequilibrios al introducirse en otros ecosistemas. A esta reducción de su hábitat se suma la que ya viene teniendo lugar en muchos bosques y montes, vinculada al corrimiento de la frontera agrícola. Además, se produce una pérdida de fauna del suelo, como insectos, lombrices y microorganismos, que representan una parte importante de la estabilidad del ecosistema.

Las recetas para la recuperación varían según las características del ecosistema y la severidad del daño, pero es posible trazar algunos parámetros generales, como indica en este artículo el biólogo e investigador del CONICET Thomas Kitzberger. Primero es necesario realizar un relevamiento de la superficie afectada y de los daños producidos. Si la dimensión es muy grande, impulsar un proceso de reforestación es complejo y costoso, por lo que es preferible optar por una restauración pasiva, que consiste en darle al ecosistema condiciones que aceleren sus procesos de restauración natural. Un ejemplo de esto es impedir que el ganado paste en zonas incendiadas. Por otra parte, en la Patagonia hay zonas en las que el rebrote de pastizal se produce rápidamente, pero también hay bosques de cipreses, lengas y coihues donde eso no sucede. De esta manera, los procesos de restauración pueden llevar años o décadas para recuperar el balance ecosistémico.

Un círculo fogoso

A fines de 2019 y principios de 2020, los incendios en la selva amazónica (Brasil) y en los bosques de Australia acapararon los titulares de todo el mundo por la devastación que causaron. En Argentina, estos eventos también fueron noticia durante el último año en diferentes regiones del país. En Corrientes, por ejemplo, hubo un incendio en el Parque Provincial San Cayetano, que terminó con el 90% de la reserva natural quemada. Luego fueron noticia los incendios en Córdoba y más recientemente, los de la Patagonia. ¿Es posible establecer algunos patrones?

“Buena parte de los incendios responden a un patrón de predación sobre la naturaleza que se da a nivel global. Es cierto que en períodos de sequía es esperable que los incendios sean más frecuentes e intensos. Pero también sucede que las actividades humanas como el monocultivo y la ganadería están ganando terreno en muchos lugares. Entonces se produce un círculo vicioso. Por un lado, el cambio climático hace que los ecosistemas estén más vulnerables a eventos extremos y generan un escenario ideal para que los daños sean catastróficos. Por el otro, los incendios hacen que se libere mucho dióxido de carbono a la atmósfera y esto acelera los procesos de calentamiento global”, indica Peirone.

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Luego de un incendio, es fundamental implementar políticas que ayuden a que el ecosistema se vaya recuperando. En este sentido, existen herramientas como la Ley de Bosques (26.331), que establece presupuestos mínimos de protección ambiental y prohíbe desmontes en zonas de mayor conservación, aunque no siempre se cumple. Además, el año pasado se sancionó en el Congreso Nacional, luego de un ardido debate, la reforma a la Ley de Manejo de Fuego, que prohíbe la modificación del uso de suelo de superficies incendiadas por 60 años en zonas de bosques y áreas protegidas, y por 30 años en matorrales y pastizales, con el objetivo de evitar la especulación inmobiliaria y financiera.

“Es importante que se implementen las herramientas que ya tenemos y también avanzar hacia políticas de prevención del fuego. Hay mucha información disponible sobre el comportamiento del fuego en cada región que puede usarse para elaborar planes estratégicos de prevención. También es necesario que haya un presupuesto acorde para ponerlos en marcha. Y, por supuesto, la educación es una herramienta clave para evitar los incendios negligentes. En cuanto a políticas más profundas, habría que apuntar a generar otro tipo de desarrollo, que no se base en el modelo extractivista. Por eso, no es solo un problema ecológico, sino un problema estructural que hay que abordar desde diversas perspectivas”, finaliza Peirone.

Para más información sobre incendios en Argentina, podés leer esta nota.

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ramiro tordini

19/03/2021

ramiro tordini

Es clave en principio no reducir los fondos que suelen destinarse a éste tipo de cuestiones. En relación a los $ destinados a incendios forestales del 2019 al 2021 si consideramos la progresión inflacionaria es todo barranca abajo.

El Gato y La Caja