Acerca de la imposibilidad de crecer en soledad

~10min

Este fragmento forma parte del proceso abierto de Profano, un proyecto sobre los seres humanos, su biología y su cultura, sus historias, sus múltiples formas de vivir la vida y de lidiar con la muerte. 

Knud Rasmussen nació en 1879, en una colonia del oeste de Groenlandia, en una familia de padre danés y madre de ascendencia inuit. Cuando creció, Knud fue enviado a estudiar a Dinamarca, pero no quiso quedarse para siempre en Europa: su principal intención era volver a Groenlandia y conocer más ese lugar y su gente. En esa búsqueda, fue invitado a unirse a una expedición del etnólogo Ludvig Mylius-Erichsen, la llamada Expedición Literaria a Groenlandia. Con ese nombre ambicioso y unos recursos limitados, comenzó el camino que llevaría a Knud a darse cuenta de que era capaz de lograr que la gente le contara las historias que conocía y guardarlas para que otros y otras las descubrieran. Según dicen, Ludvig, quien encabezaba la expedición, era bastante apático en las entrevistas que les hacía a los inuit, mientras que Knud se llevaba bárbaro y enseguida se hizo de la confianza de muchos. Una vez que terminó la Expedición Literaria, cuando volvieron a Dinamarca, entre Knud y Ludvig ya no había muy buen trato. De hecho, las carreras de ambos se separaron: Ludvig murió en su siguiente expedición a Groenlandia y Knud siguió por varios años más intentando conocer nuevas personas y más historias inuit. Una de las hazañas más increíbles de su carrera fue cruzar en un trineo tirado con perros desde Alaska hasta Siberia y contactar con pueblos inuit de los que los europeos no tenían ni noticias. En todos esos viajes, siguió pidiéndole a los inuit que le contaran sus historias.

Entre las leyendas inuit que escuchó Knud, hay una que le contaron en un poblado groenlandés llamado Ilimanaq. En su libro, este relato lleva el título de “La niña perdida que se encontró con un zorro con forma humana”. Cuenta la historia de una niña inuit que un día, junto con un grupo de amigos, se alejaron de sus casas para jugar a las escondidas. Cuando le tocó a la niña el turno de esconderse, comenzó a caminar hasta irse muy lejos de donde estaban sus compañeros de juego. En ese camino, encontró unas casas y se escondió hasta que anocheció. Por la noche, cuando todos dormían, se acercó a una casa y robó algo de comida. Al otro día, en lugar de emprender el regreso, se quedó en su escondite y volvió por la noche a buscar algo que comer. Así siguió por mucho tiempo, escondida lejos de su casa. Pasaron los meses y los años. La niña no solo no volvía, sino que tampoco crecía. Mientras estuvo escondida, robando comida para sobrevivir, no creció ni un centímetro de altura. Cuando el tiempo fue demasiado y empezó a extrañar mucho a su pueblo y su familia, tomó fuerzas y decidió volver. El camino, sin embargo, era largo. Casi llegando a destino, se encontró a una mujer bastante extraña que la invitó a su casa a comer algo, lo que a ella le pareció una buena idea porque estaba realmente muerta de hambre. La mujer la condujo hasta un refugio con una entrada estrecha y cuando terminaron de entrar, una piedra cayó sobre la apertura por la que habían entrado, y bloqueó la salida. La niña había caído en una trampa para cazar animales. Entonces, la mujer mostró su verdadera identidad: era un zorro. La niña luchó y evitó que el zorro la atacara. Al tiempo, llegó el cazador que había preparado la trampa y quedó atónito al ver que allí había, además de un zorro, una niña. El hombre avisó a las personas de por ahí, que llegaron pronto, curiosas por ver quién era. Algunos se preguntaban si sería aquella niña que se había perdido hacía tantos años. Y efectivamente era ella. Cuando la llevaron de vuelta a su casa, su padre no podía creerlo: había vuelto y seguía siendo tan pequeña como antes. Todos estaban muy felices por el regreso. La niña se quedó allí el resto de su vida, pero nunca más volvió a crecer.

El título del relato pone la luz sobre ese personaje sobrenatural, el zorro con forma humana. Hay muchas historias inuit que toman ese camino, personas que se casan con otros animales, mujeres que amamantan larvas, piojos que se convierten en hombres. Pero hay otro aspecto llamativo que no quedó plasmado en el título: la protagonista de la historia no puede crecer sola. Escondida y alejada de su pueblo, y en general de otras personas, su vida se detiene mágicamente como si el tiempo no pasara. Al alejarse, no experimenta más cambios y su historia se frena. Lo sorpresivo no es que haya transformaciones, sino que todo permanezca estático. Llama la atención justamente porque se espera que a lo largo de la vida haya muchos cambios, que no seamos iguales según pasan los años. Pero hay algo más en el relato y queda por saber si Knud le prestó atención a este aspecto tan singular: la vida, más precisamente el derrotero de cambios que se esperaban para ella, no puede continuar si no es en compañía, si no es con otros y otras.

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Adriana Farías

03/10/2021

Adriana Farías

Con esto del crecer con otros me hizo pensar que en el caserío dónde se escondió y robaba comida, existían los otros, pero ella decidió no hacerse visible. Tal vez la decisión de no crecer antes y ahora siempre fue de ella

Leandro Torres

03/09/2021

Leandro Torres

Encantado con amgos fragmentos. Espero con ansias la obra completa <3

Alejandra

02/09/2021

Alejandra

Me gusta mucho el nuevo proyecto y disfruté las dos notas. En esta última me parece que, para que la idea de que no crecemos en soledad (que esta muy buena) tenga más fuerza, sería bueno sumar una lectura de por qué la niña sigue sin crecer luego de retornar con su grupo. Gracias por el hermoso trabajo que hacen!

ramirete

02/09/2021

ramirete

no niego ni afirmo disfrutar de la soledad :D aaaah pero que lindo vivir en comunidad y rodeado de perrites !

Diego Varela

02/09/2021

Diego Varela

Muy bueno. Crecer con otros!
Vamos por más!